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La improvisación como falso dilema moral


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13/01/2019


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La improvisación como falso dilema moral


 

Marcos David Silva Castañeda

 

Lawrence Kohlberg, psicólogo investigador de la Universidad de Harvard, dedicó su vida al estudio del desarrollo moral de las personas. 

La obra de Kohlberg es vigente, especialmente cuando pensamos la discusión de los asuntos públicos en una democracia porque nos ayuda a entender cuándo asistimos a un falso dilema moral e incluso cómo éste puede ser utilizado para mentir y manipular.

Un político puede hacer uso de falsos dilemas morales para conservar o incrementar su poder.

 Los falsos dilemas morales aluden a la emoción y no a la razón; un falso dilema moral no requiere de datos ni evidencia, como de emociones y situaciones falsamente críticas. 

Los falsos dilemas morales sirven, además, para ocultar una moralidad baja y revestirla con altos estándares de probidad; incluso pueden ayudar a justificar atroces engaños, con base en disyuntivas auto excluyentes, que dilapida cualquier tipo de crítica. 

A través de falsos dilemas morales, un político, puede engañar y manipular a una sociedad.

Se requiere de una sociedad con incipientes pilares democráticos o con un orden jurídico frágil o situaciones de desesperación colectiva para que un líder, con esas características, arribe al poder porque, entre otras cosas, una sociedad democrática, con sólido régimen jurídico, y una sociedad enterada de los asuntos públicos, puede distinguir la manipulación de la realidad y canalizarla a través de la discusión pública documentada.

En la última semana el gobierno federal ha planteado un aparente dilema moral a la sociedad mexicana: o dejamos que los “huachicoleros sigan robando a la nación” y que “unos pocos se sigan enriqueciendo” … o cerramos los ductos aún… si esto implica desabasto de gasolina: ¿es realmente cierto este dilema?

Veamos: no se ha presentado ninguna evidencia, que no sea la del sentido común del jefe del Ejecutivo, que confirme que cerrar los ductos sea la solución  al problema. De hecho en Colombia o Inglaterra, países que implementaron políticas de Estado exitosas para evitar el robo de combustible, no incluyeron el cierre de ductos.  En el caso colombiano e inglés, esta decisión, fue descartada por todos los inconvenientes que, lamentablemente, estamos confirmando en nuestro país. 

Cerrar los ductos no es un dilema, mucho menos uno de orden moral. 

Tampoco se ha documentado la responsabilidad de expresidentes y su relación con los huachicoleros. Se planteó, incluso, como “hipótesis”, que los “huachicoles eran una pantalla”, que el 80% del robo era "de los de arriba”, todo sin mostrar pruebas, sin respetar la presunción de inocencia ni ingresar una denuncia, y, sobre todo, sin responsables. El  número de personas sentenciadas por robo de gasolina es cero; presentadas ante un Juez no son más de 5 personas; parece ser haber, más bien, una intención electoral en el asunto que apunta a las elecciones de 2019 y 2021 en la que el ejecutivo estará, desde ya, en permanente campaña electoral,  no a un dilema moral por lo que la “hipótesis” pude ser descartada también.

Tampoco ha quedado claro por qué razón los “sabotajes a los ductos de Tuxpan”, tres en una semana, afectan a la Ciudad de México si, como sabemos, los ductos están cerrados y están siendo custodiados por el ejército; si la gasolina está siendo transportada por pipas una afectación a un ducto no sería un problema.

Será el tiempo, las próximas semanas, incluso los próximos años, lo que permitirá ir decantando la verdadera razón por la cual el jefe del ejecutivo ha planteado un falso dilema a la sociedad mexicana. Probablemente, entenderemos por qué se ocultó una decisión claramente errada para convertirla en un mérito moral. También veremos si de este falso dilema se desprenderá, y en qué grado, una asociación discursiva que permita al ejecutivo estar en campaña durante todo su sexenio y crear así una emoción colectiva en la sociedad mexicana de lucha “contra los corruptos”.

A 45 días de iniciado el gobierno de AMLO lo que sí podemos descartar es que cerrar los ductos forme parte de una estrategia pensada y organizada para resolver un problema: el robo de combustible. 

Más bien asistimos a una estrategia para hacer oculto lo evidente: un gobierno de una sola persona caracterizado, aún si son irracionales y anticonstitucional, por el centralismo de sus decisiones.  Un gobierno que busca hacer de la improvisación un mérito y del error una apología de la moral con una sola finalidad: incrementar su aprobación popular y, sobre todo, su poder.

 

 







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