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Reseña "El país escondido" de Martín Abrisketa


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10/01/2019


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Tierna aventura literaria la de Martín Abrisketa en la que apuesta fuerte por el particular mundo de la pequeña Maggie. Incapaz de asumir la cara fea de la realidad se refugia en el país escondido de su imaginación. Si el lector se sube a la alfombra voladora tendida por el autor, sin duda disfrutará porque es una especie de cuento para mayores marcado por las metáforas que sin querer urden los pequeños en su vida diaria.


Su madre–sirena la abandonó de pequeña y su abuelo empieza a mostrar los síntomas de la enfermedad del olvido. Imposible aceptarlo. No tiene a nadie más yse atrincherará en la vida con uñas y dientes de guerrera para evitar la separación.

Su casa será “el castillo”, el abuelo “el capitán” del “chinchorro”, o sea, su barco y por las páginas aparecerán… “yanquis”, los arrasados por la droga en las calles de un Bilbao gris y oscuro donde las pistolas asesinan. Se comunicará mejor con un fantasma en la pared que con su vecino de carne y hueso. Completando este universo maggigiano la novela muestra los dibujos que la niña desea para el futuro de su realidad. La mano que mece estas creaciones contribuye a aumentar la belleza de lo contado.

La autora es Isabel Holgueras, tiene 51 años y síndrome de Down. Como Maggie, habla y explica el mundo con rotuladores. Abrisketa nunca pierde la ocasión de explicar en sus presentaciones y entrevistas quién es ella. Cómo no. Es un complemento vital de “El país escondido”, aunque la gran protagonista sea Maggie.

La conoceremos en tercera persona y desde la primera línea, como residente en la luna. Parece trascender del relato una auténtica conexión entre autor y la protagonista. Es evidente la comodidad con la que Abrisketa se mueve en el mundo de las las emociones, donde los locos bajitos son verdaderas estrellas.

He sonreído con la inocencia de estos seres puros y limpios que no pueden con los malos tragos y tiran por la calle del medio con la venda puesta. Aunque no sepan que la llevan. Me ha disgustado ese fantasma que solo puedes aceptar si aparcas el adulto que nos gana a diario.

Después saltó –muchas veces– la ternura pero sobre todo, la tristeza, como esos cuentos de Disney de trasfondo serio con envoltura confortable para poder sobrellevar la carga. Para demostrar también que querer es poder. Y si el objetivo no se cumple, existirá el intento, la renuncia a la resignación de los brazos cruzados.

“El país escondido” es una lección de valores básicos y fundamentales y un tarro lleno de valentía ejecutado por los “débiles”, por mucho que repitamos aquello de «los niños son más fuertes de lo que parecen». Deben aprender a defenderse. Desde luego. Es parte de su crecimiento, pero… rompe el alma que sufran la parte agria que debería corresponder a los adultos. Ains.

Terminé 2018 con este libro en mis manos. Ha sido mi Olentzero (como Los Reyes Magos o el Papá Noel en el País Vasco). Fue unalectura rápida, ágil, de bellas frases y lenguaje sencillo. Y debo confesar que al cerrarlo no pensé. Sentí. Guste o no esta fórmula; llámese cuento, novela, relato…, es una historia de emociones.

LA CIUDAD ESCONDIDA

No es un detalle menor. El librito que acompaña la novela con este título (el país es el de Maggie, la ciudad es Bilbao) es un regalo maravilloso. Lógicamente, no será lo mismo para el lector que no ha coincidido en el lugar en los tiempos descritos. El escenario y la cronología es la mía personal (el autor y yo somos de la misma quinta): un Bilbao feo por tantas cosas y sin embargo tan bello por su capacidad de superación del pasado.

Este pequeño librito me ha llegado al alma. Recorre lo que fueron mis ambientes, representa la perplejidad de odiar lo que amabas y sigues amando, casi una renovación del disco duro personal, son las pisadas de la ciudad industrial, cenicienta, peleona, combativa a todas horas con razones de peso y desgraciadamente temida en su momento por quienes solo la conocían por los telediarios en los años de plomo, donde lógicamente no podían caber todas las personas que la habitamos. Por eso todos sufrimos la generalización, la no distinción, la opinión a distancia…

Pero no me quedo con eso. Para nada. Las movidas y la sangre no lo fueron todo, aunque hubiera mala fe por parte de quienes publicitaran la uniformidad (ojo, me refiero a la generalización) de esa etiqueta. De hecho, a veces es preciso machacar en clavos que ya –ingenuamente- entendíamos superados. El pasado existe. Quién va a negarlo. Pero las cruces aunque quieran grabarse como tatuajes, no son inamovibles cuando se quiere escuchar.

Como decía, es inevitable –aunque este último apartado se salga del lado literario de la reseña– que los países propios como el de Maggie, nos ericen el vello de una manera especial. Cómo no, también ese clásico bilbaíno de la lluvia resbalando en la portada…











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