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La Venganza Consumada


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03/01/2019

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La noche se hizo más larga, desde aquel momento que la reunión se silenció con la noticia, ¡aplastaron a Salomón! se escuchó desde el pasillo, el noble espécimen que significaba la esperanza en la extensión de la raza, aquella esperanza,  que surge con una nueva camada cuando el tiempo hace su trabajo de desaparecer en este plano, a quienes algunas vez, les toco jugar el mismo rol.


Humberto, Zacarías, Leobaldo y Patroño eran algunos de los se encontraban en la reunión, embargados por la nostalgia, sus mentes solo podían asumir una interrogante ¿Y ahora?

Ø  Nubia rompe el silencio y exclama; alguien debe avisarle a Raíza, ella debe saber lo que pasó!

Zacarías, apuesta al silencio como estrategia y que sea la misma conmoción la que haga conocer a Raíza la noticia, no imagina decirle a su amada, que su cría ha muerto, no es de Blatodeos andar haciendo leña de los árboles caídos.

Leobaldo  dice que es necesario ir al sitio, Salomón era el escudo más fuerte que he visto, estoy seguro que los engaño con los latidos de su corazón, él es un bueno en esas cosas de engañar, así lo hacía en la escuela, allá cuando estudiamos nuestra supervivencia.

Ø  Olvídalo Leobaldo, increpa Patroño, ha sido una víctima de esa bestia punta de hierro como la llaman, lo dije, derramaremos lágrimas sino destruimos esa amenaza,

Ø  ¡Cuida tus palabras Patroño! no es nuestra naturaleza vengarnos, -sentenció Humberto-, ahogado en lágrimas por el recuerdo de su gran amigo de noches de farra.

Patroño golpea la mesa y dirige su mirada a los presentes que han callado también al escuchar la noticia, no pienso quedarme aquí y ver como sigue esa plaga punta de hierro, destruyendo a  los míos, no les pido venganza, les pido unirse en una misma lucha; sobrevivir.

Ø  ¿Que sugieres entonces que hagamos? Pregunta Zacarías desde el asiento en tono desafiante,

Ø  Hablemos con Lucas, -responde Patroño- él es un sobreviviente de una guerra, puede decirnos que hacer en estos momentos, dejemos a un lado, esa animadversión hacia Lucas,

Ø  No podemos salir ahora mismo, podemos correr la misma suerte de Salomón, debemos escondernos y mañana podremos salir, dice Humberto.

Ø  Escondernos en la noche y huir en este momento es un deshonor a lo que somos Humberto, le replica Patroño, ahora es el momento, yo voy con Lucas, los que quieran venir, lo dejo a su consciencia.

El camino del bar a la casa de Lucas, parecía una travesía de siglos con el miedo a que punta de hierro apareciera nuevamente y terminara con esta revuelta que buscaba consumar venganza, el andar de los machos era motivo de admiración de las hembras que observaban desde sus ventanas la marcha valiente de una treintena de vengadores en camino a su encuentro con Lucas.

Cerca de la casa de Lucas, Patroño detiene a su ejército improvisado y les pide esperarlo allí, sus frases para describir a Lucas fueron implacables: Muchachos espérenme aquí, yo hablaré con Lucas, nuestra indiferencia no solo lo ha hecho resistente a los químicos, él por sí solo, es un químico para nosotros, además de genes de desintoxicación, tiene genes de exterminación.

El ejército calló y afianzó la admiración por el sobreviviente a una guerra, aquella fama que crecía desde las casas. Era el momento que muchos esperaban, ver a Lucas aunque fuese en la caída de Salomón.

Ø  ¡Lucas!, ¡Lucas! Gritaba Patroño frente a la casa,

Ø  cállate pequeño bribón, escucho decirse desde el interior de la cueva, ¿quién osa molestarme en mi cena?

Ø  Soy yo Patroño, queremos hablar contigo Lucas,

Ø  ¿Eres Patroño, el hijo de Octavio y hermano de Semeleo? Parece que la impresión y la duda invadió a Patroño antes de responder un pírrico sí que apenas podía escucharse.

Ø  ¿Cómo sabes quién soy Lucas?

Ø  Una carcajada por respuesta se escucha, un grito que envuelve una sentencia retumba, ¡ustedes los jóvenes siempre sin memoria, desde que se descubrió que podían utilizar sus espiráculos, ya no piensan!

Ø  ¿No viniste a que te dijera tu árbol genealógico, verdad? Pregunto Lucas ya en la puerta frente a Patroño,

Ø  No, no, vine con mis amigos para que nos ayudes a vengarnos de punta de hierro, aplastó a Salomón.

Ø  Ay Patroño, ustedes los noveles, los recién acumuladores de horas, no entienden la regla básica de la vida, no estamos hechos para el Sol, somos hijos de la Luna, no deben estar buscando a plena luz del día lo que nos pertenece en la sombra, la naturaleza es sabía, además, ustedes siempre llevados por la materia y sus impulsos de hambre, tienen esa enfermedad humana de comer por comer sin parar, mis ojos (que si los uso) han visto como la gula los extermina.

Ø  Lucas, queremos que nos ayudes, basta ya que punta de hierro, cause más muertes a nuestro pueblo, yo sé tú crees que podemos hacerlo, solo debes ayudarnos, guíanos, dinos como hacerlo por favor. Ellos, los que me siguen, también creen en ti, el héroe que sobrevivió a la guerra. Ayúdanos.

Ø  Quizás lo que les diga Patroño, no les agrade, debemos aliarnos, solos no podemos por mucho alérgeno que tengamos, no le llegaríamos a hacer daño a nadie.

Ø  ¿Aliarnos con quién Lucas? Replica Patroño extrañado por sus palabras.

Ø  Los Mus y aquella vieja encantadora con sus sonidos, que no quiero recordar serían entonces nuestra única esperanza de acabar con punta de hierro, dice Lucas mirando fijamente a Patroño.

Ø  ¿Nuestros enemigos los Mus? ¿ese viejo amor platónico Lucas es al que te refieres? Pregunto en su duda, Patroño.

El asombro en el ejercito llegó con el viento desde el oeste, nunca antes unas palabras habían sido tan delapidantes y aterradoras, se estaba aprendiendo que enfrentar la vida no era juego de la naturaleza.

Ø  ¡Aceptamos Lucas! Exclamaron desde la retaguardia Humberto, Leobaldo y Zacarías, nosotros estamos aquí con ustedes y en particular con nuestro amigo Patroño, hoy le ponemos fin a punta de hierro, palabra de blatodeo.

Ø  Vamos a hablar con los Mus y la otra señora que dices Lucas, exclamó Patroño.

Lucas, dirigiéndose al ejercito les dijo con firmeza, síganlo por su valentía, no por su inteligencia, a esa repartición llegó tarde, -todos ríen al mismo son que Lucas-.

Ø  No podemos hablar con ellos, seriamos un verdugo pidiendo clemencia, haremos un plan y ellos nos ayudaran sin saberlo, es hora de enseñarles que también tenemos memoria y planificamos.

Entrada la noche, vísperas a la aurora, el plan toma fuerza, han llegado al hogar de punta de hierro, es territorio Mus y solo falta que la vieja enemiga Mapanare haga su llegada, hay que prepararle el escenario, decía Lucas ahora como jefe del ejército.

Ø  Hagan una columna de 10 valientes, deben ser 2 para rodear a punta de hierro, alzarlo es nuestra meta, su peso no debe ser mella ante el dolor que nos ha causado, vamos valientes, tráiganlo afuera, a nuestro terreno.

La euforia es el alimento del ejército que irrumpe en los espacios y logra su cometido, mientras Lucas, Zacarías, Humberto y Leobaldo cargan con restos de comida que han dejado la fiesta derrochadora de los dueños de punta de hierro.

Ya afuera, llenan la boca de punta de hierro de esas sobras, la gula hace la imagen de una figura saciada por la comida, es el escenario perfecto para los Mus quienes se acercan para ser actores sin saberlo del plan de Lucas, desde una trinchera improvisada observan como los Mus devoran y causan daño a Punta de hierro, algunos han entrado en su boca, es el momento de la vieja Mapanare que observó como prepararon su mesa.

Al salir el sol Ernesto el joven trabajador después de degustar su café, sale al patio y desde allí le grita a Mercedes, su fiel compañera,

Ø  ¡Coño vieja, los ratones me comieron las botas, ahora, ¿Cómo voy para el terreno a cortar el monte con esas botas con huecos? ¡Se van a meter las culebras! llama a Reynaldo y dile que no voy por falta de botas o si no tiene otras punta  de hierro que me preste.

Fin.

 



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