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Ciudadanos forzado a enseñar la patita


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30/12/2018

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Hasta hace un tiempo Ciudadanos ha vivido en un limbo político muy conveniente para su progresión como formación política, lo que le ha permitido pasar en pocos años de la nada a ser una fuerza decisiva en nuestro panorama político.


Con el beneplácito de buena parte de los medios de comunicación, se han pasado por alto sus vaivenes de la socialdemocracia al liberalismo, sus movimientos pendulares de pactar con Sánchez a pactar con Rajoy. Cuando han apoyado gobiernos lo han hecho desde la barrera, como en Andalucía la pasada legislatura, o desde la traición a distancia, como en Madrid, pero siempre sin mancharse las manos.

Para su desgracia esos tiempos han terminado. Ya no basta sentarse a esperar a ver cómo los demás pierden los votos. A partir de ahora toca mojarse. Y digo para su desgracia porque uno empieza a tener la sensación de que cada vez que Ciudadanos tiene que tomar una decisión importante la acaba cagando de forma estrepitosa.

Primero fue la imposición de aquellas precipitadas elecciones catalanas que acabó en gatillazo, con Arrimadas a las puertas pero con Torra en la Generalitat. Luego fue la decisión feliz de romper con el PP para forzar elecciones anticipadas, que acabó son Sanchez en La Moncloa vía moción de censura. 

Pero lo vivido después de las elecciones autonómicas andaluzas merece un capítulo aparte. No sé si les aconsejan desde el IBEX, desde algún periódico, o es estulticia propia, pero es difícil encadenar una sucesión de esperpentos como los protagonizados por Ciudadanos desde la noche electoral. Empezaron marcándose un Revilla, con la fantasmada de pretender la presidencia de la Junta siendo la tercera fuerza en votos. Luego vino lo de buscar no se sabe bien qué tipo de acuerdo con el PSOE andaluz para la investidura, después de haberse pasado toda la campaña anunciando que no habría ningún acuerdo con los socialistas.

Después llegó Girauta con lo de que no descartaban llegar a pactos de gobierno con el PSOE en 2019, con una nada velada alusión a la posibilidad de pactar con el socialista manchego García Page, al que se definía como “socialista no sanchista”. Alguien debería recordarle al señor Girauta que antes de que a Sánchez se le hubiera ocurrido siquiera plantearle a su ejecutiva un pacto con Podemos, García Page ya había llegado a un acuerdo con Pablo Iglesias en aquella famosa cena en Olías urdida por Zapatero y José Bono, el hombre que toca la música que Page baila.

Pero lo mejor estaba por llegar en forma de pillada monumental: la cutrefoto de Marín en el bar de una estación ofreciéndole a Podemos el oro y el moro para no depender de Vox en la elección de la mesa del Parlamento Andaluz. El ridículo fue tan espantoso que parece ser que provocó una airada bronca de Inés Arrimadas al intrépido Marín. Rivera no sabemos si le felicitó o no, pero el caso es que a poco de conocerse la filtración de la foto, a Ciudadanos le faltó tiempo para llamar a Vox, que era justo lo que parecían querer evitar por todos los medios.

Y es que le guste o no a Rivera y los suyos, los resultados de las elecciones andaluzas obligan a PP y Cs a contar con Vox. Y no sólo tendrán que hacerlo en la investidura, lo tendrán que hacer cada vez que quieran sacar adelante una ley en el Parlamento andaluz. Y esto es algo que Ciudadanos parece olvidar cuando se entrega en cuerpo y alma a menospreciar a Vox.

Ciudadanos vive a partir de la noche electoral andaluza obsesionado con los de Abascal. Desde El Mundo, cabecera del aparato propagandista naranja, con el naranjísimo Bustos a la cabeza, se nos exhorta a diario sobre las maldades de la ultraderecha (se ve que a la ultraizquierda no la han visto venir), sobre lo intolerable que es proponer la reforma del estado autonómico (no como cuando Ciudadanos proponía que desaparecieran las Diputaciones).

La obsesión es tal que incluso en Barcelona, donde las perspectivas electorales de Vox no llegan a la obtención de un concejal, el candidato Valls parece que le va a disputar la alcaldía a Abascal en vez de a Colau,

Lo de que Manuel Valls, el que proponía expulsar a todos los gitanos de Francia, se permita llamar a alguien xenófobo no deja de ser un chiste. Pero lo que no tiene ni un pase es que se permita comparar a Abascal con Otegi. Eso sí que no, señor Valls. Con Santiago Abascal se puede estar de acuerdo o no, pero fue uno de esos concejales y diputados vascos que defendió democráticamente sus ideas mientras vivía con escolta bajo la amenaza de ETA. Usted no puede venir aquí a equiparar a los que amenazaban de muerte y mataban, con los que sufrían las amenazas y, en el peor de los casos, perdían la vida a manos de gente como Otegi.

Comentaba hace poco José María Domínguez que la reciente obsesión de Ciudadanos con Vox venía del convencimiento de que únicamente pueden ganar la alcaldía de Barcelona desde la izquierda, es decir, heredando los votos del PSC, y cualquier acercamiento a la formación de Abascal puede estorbarles el intento. Pero esto no justifica comparar a Vox con los golpistas catalanes contra los que está ejerciendo la acusación particular en los tribunales.

Enrique IV consideró que la conversión al catolicismo era un precio asumible para ganar Paris. No sabemos qué precio considera Rivera asumible para ganar Barcelona, pero cada voto que gane en la ciudad condal puede costarle perder tres en el resto de España. Y lo que puede beneficiar a Valls en Barcelona puede perjudicar seriamente a Villacís en Madrid, por poner un ejemplo.

Cs tendrá que decidir dónde quiere perder y ganar votos, ya no vale jugar a ser centroderecha en Madrid y centroizquierda en Cataluña. Si se prefiere pactar con el PSOE que está rebajando a España al ridículo frente a Torra, que lo digan claro, y que lo digan ya. Si prefieren acuerdos como el que ha alcanzado Ciudadanos con ERC, PSC y Podemos para repartirse los sillones del consejo de TV3, que se explique. Y si se prefiere llegar a acuerdos como el de Andalucía que se diga también. Los votantes quieren saber para qué va a servir su voto.

Se acabó lo de nadar y guardar la ropa. Toca enseñar la patita



Etiquetas:   Política   ·   Partidos Políticos

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