. ¿Qué garra? ¿Qué empeño? ¿Qué esfuerzo? Son tres cuestionamientos que me inundan
cuando el equipo universitario salta a la cancha. Es cierto, no niego las
campañas regulares que se han demostrado en el olímpico y en otros estadios.
Sin embargo, no sirve de nada seguir caracterizando a un equipo por los
elementos ya citados, si termina siendo humillado, pisoteado o eliminado de
forma sencilla en liguilla.
No es algo nuevo que los felinos acaben por
ser un equipo dócil, pasivo y que se muere de absolutamente nada. Lo repito,
vencer a Pumas es algo que se consigue a la vuelta de la esquina con un fútbol medianamente
bueno. Hace rato que los de sangre azul y oro no gozan de contundencia o personalidad
distinguible. Memo Vázquez fue quién puso las riendas para comandar un
verdadero estilo concreto. Desde esa final contra tigres, los de la UNAM no han
tenido una decadencia apocalíptica, pero si han sufrido una transformación a lo
insípido.
No pongo en duda el nivel medio que
sobresale en los jugadores, pero Pumas es mucho mas que eso. Los del Pedregal
son un grande, son esfuerzo colectivo en los momentos mas abrumadores, son
capacidad excelsa de jugar hasta el final, son defensa y ataque solidos. Lo que
se ve hoy es lo contrario, es un equipo que se conforma, que reprime ese deseo aguerrido,
que se dosifica en exceso, que cae en picada cuando ve la situación no
favorable. Los pumas necesitan una buena dosis de garra, cosa que muchos
aficionados piensan que aun tiene. Llegar a semifinales no es poca cosa, pero todos
sabemos que la liga MX no es una competencia abrumadora. Además, lo mostrado en el campo es
simplemente normal, es decir, te lo encuentras en un juego de fecha 6. Que el
América se haya aprovechado de ese auto sometimiento por parte de los felinos
es otro asunto.