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Abortando La Infancia


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04/12/2018


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Hoy solo contamos muertos y encerramos en cárceles a los que sobreviven.






Chile está gestando un concepto que lleva madurando más de un siglo, avanzando desde lo básico, como la alta mortalidad infantil, a concederle derechos a los niños, desarrollar nuevo conocimiento en torno a ellos, e incluso, redefiniendo este mismo concepto, la infancia. Por desgracia, este concepto está enfermo, la pobreza y la negligencia fueron heredadas de forma genética, y por más que nos gustase, no hay aspirina que cure esta condición de la infancia. Más de algún “experto” resignado dirá, que si Chile en su conjunto sigue progresando a pesar de estas penas, entonces la infancia también podrá, no obstante,  las creencias dogmáticas tienden a sucumbir ante la evidencia empírica, y al igual que Galileo Galilei ante el tribunal de la santa inquisición diremos: «Eppur si muove» (y, sin embargo, se mueve).

Entender a Chile como un país desigual en el ámbito de la infancia no es redundante, es clave, ya que si parte de la infancia no accede a los mismos beneficios, como salud o educación, en tal caso evidenciaremos síntomas, que se manifestarán con una intensidad que tendrá directa relación con la profundidad de estas diferencias. Para graficar ésta idea no solo cabe destacar que junto con un grupo selecto en la OCDE, del cual nuestro país va liderando y llevando el coeficiente Gini (índice sobre desigualdad en los ingresos) al siguiente nivel, también se evidencia en nuestra nación que los padres o apoderados tienen preferencia en la elección de colegios no relacionados con la dirección pública. Si comparamos este comportamiento de preferencias en Chile con un país de la OCDE que tenga dos veces más estudiantes en cada ciclo, como lo es Alemania,  y otro que tenga la mitad, como Suecia, nos sorprenderíamos. Para contrastar esto, primero un contexto económico en torno al gasto en educación. Según un estudio de la OCDE, Education at a Glance 2018 en el periodo 2015 Alemania dedicó 0,6% del PIB a la educación primaria y Suecia, al igual que Chile, un 1,8%. Las cifras del banco mundial en su Public Data nos muestran que, en el periodo 2014, el gasto público en educación en relación al PIB de Alemania fue muy similar al de Chile, un 4,93% y 4,72% respectivamente. Lo que resulta interesante es la cantidad de matrículas que van a parar a las instituciones no dirigidas por el estado, la tasa de matrículas privadas sobre el total de matrículas en la educación primaria en Alemania es del orden del 4,88%, para Suecia del 10,1% y para Chile un inquietante 62,71%, según la Public Data del banco mundial este escenario no cambia en la educación secundaria, y lo que es peor, esta tasa en Chile iría en alza. El 2014 el ministerio de educación entregó distintas becas a los alumnos de educación básica y media, solo 12% de los beneficios fueron a parar a alumnos de colegios municipales y solo un 6,7% a colegios subvencionados gratuitos, nuevamente el grueso de los beneficios se los lleva el grupo que está inscrito en un colegio particular con financiamiento compartido y utiliza la beca estatal para cancelar la mensualidad, al cual van dirigidos el 79% de las becas. Esto no solo nos indica el rol subsidiario que tiene el gobierno con la educación, sino que manifiesta serias deficiencias comparativas en su estructura pública.

Sumado a las condiciones de desigualdad cae la pobreza, el 2015 UNICEF da la cifra de un 25,5% de niños sumidos en la pobreza, esto significa que un cuarto de los niños se enfrentan a un sistema sumamente segregador, que los marginará del resto y prácticamente lo único que se hace para suplir esta desigualdad es sistemáticamente inyectar recursos a las instituciones que los contienen. Para el 2016 Chile crece contigo contaba con un presupuesto de 83 millones de dólares y esta cantidad no constituye toda la inversión en primera infancia en el país, esto para que ese mismo año, el 50% de quienes estuvieron en la cárcel hayan sido personas que pasaron por el Sename según reveló la fundación San Carlos de Maipo.

El principal problema no es de recursos, es estructural, corregir en el camino o esperar a que se solucione con el tiempo no es económicamente lógico, y más importante, no es humano. Según el gobierno, para el 2017 un preso le costaba al fisco 724 mil pesos mensuales. Pagamos los platos rotos o evitamos que se rompan la mayor cantidad posible; un niño en el Sename para el 2017 al estado le costaba 294 mil pesos.

Esta es la infancia que se gesta enferma, y es que cuando parte de la infancia no se desea, cuando no resulta conforme lo planeado, cuando esa infancia idealizada carga con el lastre de la pobreza y solitaria baila al son del olvido, entonces las luces de una historia conocida iluminan el triste final, hoy solo contamos muertos y encerramos en cárceles a los que sobreviven.



Etiquetas:   Economía   ·   Educación   ·   Pobreza   ·   Infancia   ·   Desigualdad

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