Con alguna frecuencia asistimos a un cierto tipo de polémica, que se suscita cada vez que alguien (generalmente un político) utiliza un palabro (la RAE lo define como “término utilizado para definir una palabra mal dicha”) a la hora de expresarse en un acto público. Ocurrió, hace algunos meses, con el palabro portavoza, que se convirtió, en pocos días, en un sustantivo de moda que, por otra parte, me ayudó a inspirarme a la hora de escribir esta crónica.




