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Vuelta a Venezuela en 15 días - Segunda parte


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18/09/2011


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Crónica de la primera Vuelta a Venezuela


con Larga Distancia Expediciones Fotográficas

Por @Joaquin_Pereira

Actualizada al jueves 23 de abril de 2009

 



Segunda Parte

Recogiendo latas en la Gran Sabana

 

Joaquín Pereira lleva más de media hora que no pronuncia palabra alguna. Acaban de llegar a la Gran Sabana. No se explica como todavía algunas de sus compañeras de viaje se siguen quejando por la falta o exceso del aire acondicionado. Él sólo desea estar callado, no hacer ruido. Sabe que está entrando a un lugar sagrado y no desea que el Dios que lo habita se despierte y abandone la tierra para siempre.

 

Roberto le pregunta apenas se detienen en los rápidos de Kamoirán que qué le parece, como quien le muestra una “bolondrona” a un amigo. Y Joaquín “no sabe-no contesta”, más bien sí sabe pero es tal el impacto que ha sufrido que le es imposible expresarse. No está feliz, no se siente alegre; se siente abrumado, sobrecogido, pequeñito ante tanta inmensidad.

 

Aún no ha podido asimilar la profusión de imágenes, sensaciones y experiencias que ha vivido desde que abordó uno de los carros de Larga Distancia Expediciones Fotográficas en la madrugada del sábado 7 de marzo en las inmediaciones del centro comercial San Ignacio:

 

La primera parada a fotografiar no fue uno de los atardeceres del estado Lara, no – ¡que si quieres postales tío mejor que te compres una! Que para llegar al cielo pareciera que primero hay que conocer el infierno: Lo primero que el grupo se detuvo a fotografiar fue a un grupo de “pichacheros” o personas que subsisten de la basura.

 

En cada pueblo al que llegaban Joaquín asumía la forma de hablar de los lugareños, como la mejor forma de acercarse a sus retratados. Y fue en ese continuo transmutarse que los lastres de su vida fueron cediendo:

 

No sabe muy bien si fue cuando colgó un trozo de madera de Guadalupe en su cuello o guardó una cruz de azabache del Capanaparo en su bolsillo; no sabe si fue por el brebaje de chuchuguaza que le brindaron antes de conocer La Hundición –ese Sodoma y Gomorra criollo, con estatua de sal bíblica incluida-, o por el ponche andino que se tomó frente a la iglesia de Juan Félix Sánchez en Mucuchíes.

 

La verdad es que pasados los días ocurrió en Joaquín un cambio que sólo la visión aguda de un fotógrafo avisado podía haber captado: Una ligera sonrisa se había instalado en el rostro del hasta ahora esquivo periodista.

 

Algunos de los miembros del grupo notaron el cambio cuando se dieron cuenta que desde La Azulita en Mérida, Joaquín ya no fumaba. De guardar cierta distancia del grupo al iniciar la travesía, pasó a confiar más, a entregarse, hasta el punto que en una piscina imaginaria –uno de los juegos de Roberto- se lanzó de espalda a los brazos de sus compañeros.

 

Y el Damasco personal de Joaquín llegó cuando el grupo iba de salida de Paraitepui rumbo a Santa Elena de Uairén, la línea fronteriza con Brasil y de allí de nuevo a casa, Caracas: Algo sucede, los carros se detienen, Roberto se baja del vehículo líder y comienza a recoger latas de la Gran Sabana. El resto de la comitiva lo imita y se van llenando varias bolsas con la basura de aluminio que cientos de turistas olvidan tras su paso por este Edén que se negó a despertar desde que el Creador decidió recostar su cabeza al séptimo día.

 

Fue cargando esa bolsa de latas en la Gran Sabana, que Joaquín por fin fue asimilando el encuentro con el niño sin brazos que soñaba con ser ingeniero en el poblado de La Florida de Falcón; el accidente que auxiliaron en la carretera rumbo a Ciudad Bolívar en la que una niña lloraba más por su padre herido que por la sangre de su mano; la nefasta franela que vestía una de las adolescentes del poblado indígena de Santa Ana que decía “No hago milagros pero soy virgen”; mil y una imágenes imborrables como esa estampida de estrellas que lo abrazaron en el Capanaparo.

 

Y sí. El periodista Joaquín Pereira asumió la Vuelta a Venezuela como su particular Camino de Santiago. Su alma dio un vuelco y se deshizo del equipaje extra que le estorbaba: Apenas llegó a Caracas decidió renunciar a ese empleo mediocre que lo agobiaba; dio por acabada la espera de ese amor que nunca voltio a verlo; y retomó la redacción de su primer libro.  

 

No es que sea más feliz pero definitivamente la paz se instaló a vivir en su mirada.

Etiquetas:   Comunicación   ·   Periodismo

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