La locura diplomática de Chile y latinoamérica con los palestinos



  La mayoría de los países latinoamericanos, han concurrido con su adhesión a la ofensiva diplomática emprendida por la Autoridad Nacional Palestina para lograr el reconocimiento como Estado. Esto, ninguna particularidad de gravedad tendría, toda vez que Israel, la otra parte en este incordio, no niega ni ha negado jamás que palestinos puedan convertirse en un Estado y desde luego puedan hacerlo con estructuras sólidas que les permitan organizarce y desarrollarse en el concierto de las naciones y propendan como es obvio a desarrollar a su pueblo.Sin embargo y no obstante eso, persiste una problemática fundamental en esa búsqueda de los palestinos que no han resuelto y que con la determinación de esquivar vía ONU la negociación directa con Israel, no quieren enfrentar para no resolverla. Les guste o no a los palestinos,  Israel es la otra parte de este conflicto, no es ni la ONU ni menos por cierto los países latinomericanos, o aquellos que han apoyado a la ANP en esta incursión diplomática ante ese Organismo Internacional.Para ejemplificar lo grave que raya en la locura o deshacierto de lo que están haciendo los países latinoamericano, tomaré como ejemplo a mi país, Chile.Chile ha decidido apoyar esa petición de la Autoridad Palestina, con una especial connotación de ambigüedad. Tal ambigüedad, está circunscrita a que "no se ha referido de manera expresa y definitiva, si el apoyo que está brindando a los palestinos, es o no dentro de las "líneas de 1967" ya que sería partir de ahí donde palestinos actuarán con soberanía si consiguieren se les reconozca en plenitud como Estado (cuestión que ya no parece posible por el anunciado veto de los EE. UU.) o si por el contrario, sólo consiguen ser considerados como Estado Observador, al igual que el Vaticano o Kosovo por ejemplo.Al no precisar Chile cual es su posición,  ha dado paso a una ambigüedad inentendible  como peligrosa, se ignora la decisión final, pero sin embargo, ha dejado en evidencia una alarmante circunstancia que debería hacer meditar no sólo a los chilenos, si no que a sus autoridades gubernamentales.Chile tiene la mayor población palestina existente fuera de los territorios de West Bank y Gaza. La población de ascendencia árabe (libanesa, siria y por supuesto "palestina") es superior a las 300.000 personas y literalmente se han convertido en un mecanismo de presión interno con poder de decisión importante, toda vez que cuentan con legisladores y personalidad influyentes en la sociedad chilena. Cierto es también, que la inmensa mayoría de ellos son cristianos y no musulmanes y cierto es también que tradicionalmente han convivido con la Comunidad Judía chilena (cuyo número no pasa de los 25 mil) sin refriega de ninguna naturaleza, al menos hasta hace algunos meses, curiosamente coincidente con la embestida diplomática de la ANP.Lo importante en esto es, que precisamente ese mecanismo de presión en que se han convertido, disimuladamente los han usado para accionar de manera efectiva, logrando sustituir la "voluntad popular" de los chilenos (cerca de 17 millones) imponiéndole a los gobernantes chilenos prácticamente una aspiración de intereses particulares (sus relaciones afectivas palestinas) por sobre el interés general del Estado de Chile y que ha llevado a enturbiar las relaciones con quien ha sido amigo durante décadas, Israel. Chile al igual que otros países latinoamericanos, como Argentina, Brasil y Uruguay entre otros, donde ha operado la misma lógica con algunos matices importantes de ideologías de izquierda en sus gobernantes, que no aparece en Chile, aún miran con resentimiento -con una gran cuota de injusticia-, a los EE. UU. y por ende a Israel y se han embarcado en esta aventura de adhesión a los palestinos, sin imaginar o definitivamente, obviar el interés de sus nacionales.Es cuestión de establecer argumentaciones históricas fundamentales con los ciudadanos de latinoamérica, para que resulte fácil que aparezca una paupérrima noción de lo que significa y los alcances de las determinaciones que han asumido sus gobernantes. Los gobernantes de latinoamérica, más allá de la fuerza de los argumentos históricos y culturales indisoluble que unen al pueblo judio con su tierra, por encima de la pretensiones prefabricadas de los palestinos de un "supuesto mejor derecho", deberían haber a lo menos considerado el interés de sus propios países, antes de aventurarse a prestar apoyos basados en una simple simpatía de victimización que han explotado eficientemente los palestinos desde siempre y donde no necesitan explicar nada, sólo victimizarce..Parece insólito que Chile, al igual que todos, absolutamente todos los países latinoamericanos no tengan o hayn perdido la memoria histórica por esa victimización palestina. Todos tienen en sus historial conquistas mediante el expediente de la guerra y en donde igualmente todos, tienen querellas territoriales entre sí (Ecuador/Colombia; Colombia/Venezuela; Perú/Ecuador; Chile/Boliviar, etc., etc.) Entonces, ¿El interes de los Estados Latinoamericanos es que de aquí en más, de aceptarse la tésis palestina y convertirse en Estado (Pleno u Observador) deberán aceptar devoluciones de territorios conquistado a los otros mediante las guerras?No va a faltar el que lo pretenda hacer, y recién entonces comprenderán el verdadero error y locura diplomática que emprendieron en su momento gobernantes irresponsables con los intereses de Estado dejando cabida a intereses que enfáticamente no les conciernen y lamentablemente menos conocen.Y vuelvo a Chile, ¿serán acaso esos 300 mil pro palestinos de ascendencia árabe que torcieron la voluntad popular de 17 millones y que lograron imponer sus intereses afectando el interes del Estado de Chile, a quienes habrá que perseguir por delitos de traición y sedición a la patria cuando ello ocurra?. ¿No era más simple tomar cabal conocimiento de lo hechos historicos que avalan a Israel y haber permanecido en una neutralidad diplomática ante esa embestida mentirosa palestina de querer cambiar la historia y borrar a Israel como lo sugieren?Ningún latinoamericano puede o podrá sentirse satisfecho de lo actuado por sus gobernantes, cuando las consecuencias lleguen a sus puertas.Pero lo que es más importante, ningún latinoamericano podría sentirse orgulloso de haber obrado de manera tan irresponsable, dejando o permitiéndo que algunos pocos en sus países les torcieran la voluntad popular, y posibilitando así que esos pocos convirtieran en política de Estado de sus países, uno de los más grandes engaños de este siglo, los palestinos.La locura de latinoamérica, recién está comenzando a escribirse...

 




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La locura diplomática de Chile y latinoamérica con los palestinos


  La mayoría de los países latinoamericanos, han concurrido con su adhesión a la ofensiva diplomática emprendida por la Autoridad Nacional Palestina para lograr el reconocimiento como Estado. Esto, ninguna particularidad de gravedad tendría, toda vez que Israel, la otra parte en este incordio, no niega ni ha negado jamás que palestinos puedan convertirse en un Estado y desde luego puedan hacerlo con estructuras sólidas que les permitan organizarce y desarrollarse en el concierto de las naciones y propendan como es obvio a desarrollar a su pueblo.Sin embargo y no obstante eso, persiste una problemática fundamental en esa búsqueda de los palestinos que no han resuelto y que con la determinación de esquivar vía ONU la negociación directa con Israel, no quieren enfrentar para no resolverla. Les guste o no a los palestinos,  Israel es la otra parte de este conflicto, no es ni la ONU ni menos por cierto los países latinomericanos, o aquellos que han apoyado a la ANP en esta incursión diplomática ante ese Organismo Internacional.Para ejemplificar lo grave que raya en la locura o deshacierto de lo que están haciendo los países latinoamericano, tomaré como ejemplo a mi país, Chile.Chile ha decidido apoyar esa petición de la Autoridad Palestina, con una especial connotación de ambigüedad. Tal ambigüedad, está circunscrita a que "no se ha referido de manera expresa y definitiva, si el apoyo que está brindando a los palestinos, es o no dentro de las "líneas de 1967" ya que sería partir de ahí donde palestinos actuarán con soberanía si consiguieren se les reconozca en plenitud como Estado (cuestión que ya no parece posible por el anunciado veto de los EE. UU.) o si por el contrario, sólo consiguen ser considerados como Estado Observador, al igual que el Vaticano o Kosovo por ejemplo.Al no precisar Chile cual es su posición,  ha dado paso a una ambigüedad inentendible  como peligrosa, se ignora la decisión final, pero sin embargo, ha dejado en evidencia una alarmante circunstancia que debería hacer meditar no sólo a los chilenos, si no que a sus autoridades gubernamentales.Chile tiene la mayor población palestina existente fuera de los territorios de West Bank y Gaza. La población de ascendencia árabe (libanesa, siria y por supuesto "palestina") es superior a las 300.000 personas y literalmente se han convertido en un mecanismo de presión interno con poder de decisión importante, toda vez que cuentan con legisladores y personalidad influyentes en la sociedad chilena. Cierto es también, que la inmensa mayoría de ellos son cristianos y no musulmanes y cierto es también que tradicionalmente han convivido con la Comunidad Judía chilena (cuyo número no pasa de los 25 mil) sin refriega de ninguna naturaleza, al menos hasta hace algunos meses, curiosamente coincidente con la embestida diplomática de la ANP.Lo importante en esto es, que precisamente ese mecanismo de presión en que se han convertido, disimuladamente los han usado para accionar de manera efectiva, logrando sustituir la "voluntad popular" de los chilenos (cerca de 17 millones) imponiéndole a los gobernantes chilenos prácticamente una aspiración de intereses particulares (sus relaciones afectivas palestinas) por sobre el interés general del Estado de Chile y que ha llevado a enturbiar las relaciones con quien ha sido amigo durante décadas, Israel. Chile al igual que otros países latinoamericanos, como Argentina, Brasil y Uruguay entre otros, donde ha operado la misma lógica con algunos matices importantes de ideologías de izquierda en sus gobernantes, que no aparece en Chile, aún miran con resentimiento -con una gran cuota de injusticia-, a los EE. UU. y por ende a Israel y se han embarcado en esta aventura de adhesión a los palestinos, sin imaginar o definitivamente, obviar el interés de sus nacionales.Es cuestión de establecer argumentaciones históricas fundamentales con los ciudadanos de latinoamérica, para que resulte fácil que aparezca una paupérrima noción de lo que significa y los alcances de las determinaciones que han asumido sus gobernantes. Los gobernantes de latinoamérica, más allá de la fuerza de los argumentos históricos y culturales indisoluble que unen al pueblo judio con su tierra, por encima de la pretensiones prefabricadas de los palestinos de un "supuesto mejor derecho", deberían haber a lo menos considerado el interés de sus propios países, antes de aventurarse a prestar apoyos basados en una simple simpatía de victimización que han explotado eficientemente los palestinos desde siempre y donde no necesitan explicar nada, sólo victimizarce..Parece insólito que Chile, al igual que todos, absolutamente todos los países latinoamericanos no tengan o hayn perdido la memoria histórica por esa victimización palestina. Todos tienen en sus historial conquistas mediante el expediente de la guerra y en donde igualmente todos, tienen querellas territoriales entre sí (Ecuador/Colombia; Colombia/Venezuela; Perú/Ecuador; Chile/Boliviar, etc., etc.) Entonces, ¿El interes de los Estados Latinoamericanos es que de aquí en más, de aceptarse la tésis palestina y convertirse en Estado (Pleno u Observador) deberán aceptar devoluciones de territorios conquistado a los otros mediante las guerras?No va a faltar el que lo pretenda hacer, y recién entonces comprenderán el verdadero error y locura diplomática que emprendieron en su momento gobernantes irresponsables con los intereses de Estado dejando cabida a intereses que enfáticamente no les conciernen y lamentablemente menos conocen.Y vuelvo a Chile, ¿serán acaso esos 300 mil pro palestinos de ascendencia árabe que torcieron la voluntad popular de 17 millones y que lograron imponer sus intereses afectando el interes del Estado de Chile, a quienes habrá que perseguir por delitos de traición y sedición a la patria cuando ello ocurra?. ¿No era más simple tomar cabal conocimiento de lo hechos historicos que avalan a Israel y haber permanecido en una neutralidad diplomática ante esa embestida mentirosa palestina de querer cambiar la historia y borrar a Israel como lo sugieren?Ningún latinoamericano puede o podrá sentirse satisfecho de lo actuado por sus gobernantes, cuando las consecuencias lleguen a sus puertas.Pero lo que es más importante, ningún latinoamericano podría sentirse orgulloso de haber obrado de manera tan irresponsable, dejando o permitiéndo que algunos pocos en sus países les torcieran la voluntad popular, y posibilitando así que esos pocos convirtieran en política de Estado de sus países, uno de los más grandes engaños de este siglo, los palestinos.La locura de latinoamérica, recién está comenzando a escribirse...

 




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