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"Poetas y Poesías" Carmen Conde


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30/10/2018


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Carmen Conde (Cartagena, 15 de agosto de 1907-Madrid, 8 de enero de 1996)


Voy y vengo. Iré y vendré,

Soy la pasajera inmóvil de tus ríos.

Si no supieses nada de esta colina blanca crecida de mí, no podrías tomar impulso y saltarla.

He ahí que tú naufragarías.

(Círculo Máximo, Brocal, 1.929, Carmen Conde)

“Poetas y poesías” por Mª Ángeles Álvarez.

Los versos transcritos corresponden a Círculo Máximo, del libro Brocal, primer poemario publicado de Carmen Conde, poeta y narradora nacida en Cartagena en 1907 y primera mujer en acceder a la Real Academia de la Lengua Española, de la que fue nombrada académica en 1.978, pasando a ocupar el sillón de la letra “k”.

Autodidacta y con una amplia obra tanto en narrativa, como en ensayo y literatura infantil, además de poesía, Carmen Conde suele ser incluida en la llamada “Generación del 36” como una de las autoras femeninas más destacadas de la poesía de posguerra.

Con este poema nos asomamos a su primera época en el mundo de la lírica, una época marcada por la luz, las imágenes y la poesía en prosa. Una realidad luminosa, acogedora, de mar y sol, de ambiente mediterráneo impregna sus primeras obras, que denotan una evidente influencia de Juan Ramón Jiménez.

En Júbilos (1934), subtitulado Poemas de niños, rosas, animales, máquinas y vientoslibro cuyo prólogo escribió Gabriela Mistral y con ilustraciones de Norah Borges, hermana del escritor Jorge Luís Borges, la autora dedica las primeras secciones a los niños, las rosas y los animales con poemas que recuerdan a los de Brocal. Sin embargo, en Júbilos ya se observa una progresión respecto del anterior por la mayor complejidad de su estructura y temáticas. Pero la luz continúa brillando y siendo protagonista.

No obstante, tras la Guerra Civil, la poesía de Carmen se vuelve más áspera, más sincera y descarnada, propia del momento que se vivía en España, una poesía de tintes neorrománticos escrito desde su condición de mujer, por y para la mujer.

De esa época es Ansia de la gracia (1945) o Mujer sin Edén (1947), poemarios de especial intensidad en los que el amor, la pasión por la vida, el deseo de la belleza eterna y la reafirmación de su condición de mujer y poeta frente al mundo, son los temas principales.

Carmen Conde no deja nunca de componer, por lo que encontramos libros como Iluminada tierra (1951), En la Tierra de nadie(1960), con el tema de la soledad como telón de fondo, o Derribado arcángel (1960) en la que las fuerzas del bien y del mal se enfrentan, siendo nuestra poeta testigo de ello y denunciante de sus consecuencias; A este lado de la eternidad (1970), en el que hallamos algunos poemas compuestos tras la muerte de su marido, el poeta Antonio Oliver Belmás; La noche oscura del tiempo(1980) o Hermosos días en China (1987), último de sus libros publicados.

Pese a ser una autora tan prolífica, con obras de la más variada temática, algo que se repite en ellas y que ha persistido desde sus inicios hasta sus últimas composiciones, es la lección de humanidad que todos sus versos contienen, de un modo y otro, con mayor o menor sutilidad, sin olvidarnos, pues no sería posible, de la riqueza verbal de todos ellos.

Esta mujer, a la que hemos de reconocer una inagotable creatividad, dijo algo con lo que cualquier amante de la poesía, sea lector, escritor o ambas cosas, se debe sentir plenamente identificado. La frase, que no podemos dejar de transcribir, es que “la poesía es el sentimiento que le sobra al corazón y te sale por la mano”.

Para despedir este post, hemos escogido un evocador poema de su obra Los poemas del Mar Menor (1962), en el que la luz se vuelve a hacer patente y la referencia al mar en sus versos, pero no a cualquier mar sino a uno concreto, el Mar Menor, un mar de su tierra, bañado por el sol del Mediterráneo y hermanado con los campos lindantes, la huerta y los molinos, tan característicos del lugar, nos transporta como en un ensueño hasta allí, hasta ese pequeño, tranquilo y cálido mar.

Horizonte doble

Campo y mar tan unidos en un cántico

pocas veces halló el hombre en el mundo.

Marinero y labriego, juntamente;

con la tierra y la red, oficio unísono.

Los sembrados del mar y de los campos

a una misma familia se le ofrecen.

Las praderas azules de las aguas,

y la tierra mollar que el sol embebe.

Una sola mirada abarca el todo:

el milagro del pan y de los peces.

Andando está el pastor sobre las aguas,

y el árbol de su cruz muy cerca crece.

Palmeras en bandadas, algarrobos,

olivos y almendrales, los granados

amparan al que come de las aguas,

mezclando sal del mar a oscuro aceite.

¡Oh tierra de este mar, roja y profunda,

floreciendo molinos y salinas!

Transciendo la perenne arquitectura

de tu ser y no hacer, tu fuerza viva!







Etiquetas:   Escritores   ·   Poesía   ·   Periodismo   ·   Cultura   ·   Lectores

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