El Centralismo que nos ahoga

Es lamentable constatar que todas las tragedias de Chile son de manera directa o indirecta provocadas por un mal parasitario: el centralismo. Opción política de la clase dirigente en el siglo XIX como una forma de apagar los piquetes revolucionarios de las provincias, el Estado se organizó de manera unitaria y concentrada en el Valle del Mapocho para poder cimentar la administración del poder de forma eficiente.

 

. Opción política de la clase dirigente en el siglo XIX como una forma de apagar los piquetes revolucionarios de las provincias, el Estado se organizó de manera unitaria y concentrada en el Valle del Mapocho para poder cimentar la administración del poder de forma eficiente.
No obstante, como todo en la Historia de las naciones, las condiciones materiales han cambiado diametralmente. A pesar que la mayor cantidad de población y de producción de riqueza yace en el centro del país, este hecho no es un argumento para seguir justificando la concentración geográfica de la actividad total de Chile, sino que todo lo contrario, un aliciente para provocar una regionalización verdadera que provoque cambios estructurales.

La tragedia aérea del Archipiélago Juan Fernández, es una bofetada inmensa a que como Estado y Sociedad estamos haciendo mal las cosas. Producto de esto hemos podido divisar algo en los medios de prensa. Decenas de pistas de aterrizaje tienen condiciones peores y son cientas las localidades de nuestro país que yacen aisladas por una avaricia estatal deleznable. La erupción del volcán Chaitén, el terremoto de 2010, los 33 mineros,  la pobreza extrema de pueblos indígenas del norte, la situación estancada de Rapa Nui, una Patagonia pisoteada por los intereses de los grupos económicos, y así sumamos y sumamos en un territorio nacional donde viven distintos países y realidades.

Realmente esta situación nos tiene ahogados al borde de la asfixia. No quiero graficar un chivo expiatorio, pero el centralismo explica una serie de males de nuestra sociedad. Una democracia limitada en el poder de los ciudadanos combinado con un exceso peso de la capital, construye falsos muros en torno a la innovación productiva, el dinamismo en la creación de riqueza y empleos, además de una serie de asimetrías en torno a la estructura económica, agregando la generación de una economía injusta y con poco sentido de la solidaridad.

Necesitamos dar un salto cualitativo como país. Caminemos hacia una profunda revolución regionalista que implique la modernización del Estado en su concepción global. Nuevas formas de entender la descentralización real de los territorios, apostando a un renovado dinamismo económico y político que puede llevarnos directo al desarrollo. 

Avancemos hacia Regiones que recauden impuestos de forma directa, los administre y distribuya sus beneficios atendiendo a las características particulares de cada zona. Además de la creación de zonas metropolitanas de grandes ciudades con gobierno de Ciudad autónoma (Santiago, Valparaíso, Concepción, La Serena); como asimismo un régimen especial de administración de zonas extremas (Arica, Punta Arenas, Rapa Nui). Requerimos de autoridades políticas que piensen políticas públicas desde el sitio geográfico, escuchando a la gente, imbuidos de sus problemas y dificultades. Regiones fuertes, acompañados de un gobierno central que articule y ejecute políticas generales nacionales.

No provoquemos los cambios a partir de las tragedias, porque es escribir el destino de nuestra patria con el espíritu del fracaso, sino que todo lo contrario, tracemos el país del futuro con audacia.

UNETE



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