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¿Habrá 2020?


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29/10/2018


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Las 18 horas de debate en el Congreso por el presupuesto 2019, tuvieron cruces, frases hechas, culpas mutuas y hasta violencia, pero en definitiva nada.




Nada adentro en el debate, donde se habló del pasado y la violencia del momento, pero del presupuesto nada.

Nada afuera donde la vigilia previa fue para nada, la manifestación fue para nada, la violencia y el caos provocado fue para nada y no se cambió nada.

Porque el presupuesto en sí mismo es la nada. Es lo que ajusta, recorta, destina para deudas, pero que es de imposible cumplimiento. Y es de imposible cumplimiento, porque en sus valores básicos ya no se cumple.

Fue un presupuesto para el FMI dicen algunos, otros dicen que es el de FMI y el gobierno dice que es el rumbo correcto.

En realidad no parece ser ninguna de las tres cosas, si no solo una hoja de ruta, que por momentos como la ruta de Báez en Sant Cruz, nos lleva a ninguna parte.

En verdad es solo un formalismo para seguir, a donde ni gobierno ni oposición, saben a dónde es, pero hay que seguir. Nadie puede dar certeza a 2020 momento en el que finaliza esta hoja de ruta del presupuesto, a dónde podemos estar.

Quizá sea por la educación que tuvimos todos incluida nuestra dirigencia, que ciencias humanas (política, sociología, derecho...) nada tienen que ver en el modo de aprenderlas con las ciencias exactas (matemática, física, química, economía...) Y por esa misma educación o modo de educar que recibimos, tampoco tienen que ver las personas que estudian humanidades o exactas. Parece que son distintos tipos de personas y que es imposible que los de un grupo,  analicen la realidad con los conocimientos del otro grupo.

Si los políticos que debatieron el presupuesto 2019 en el Congreso (entre los que había economistas que olvidaron que son economistas) hubieran evaluado desde la matemática esa hoja de ruta y el resto del camino que nos espera desde 2020 con un nuevo presupuesto, hubieran advertido que los números no dan. Nada cierra y discutieron la nada misma.

No cierra semejante ajuste en 2019 para bajar el déficit fiscal y con eso --se supone-- la inflación en ese año, a costa de congelar la actividad y a la vez aterrizar en 2020 para enfrentar pagos de deuda por más de 35.000 millones de dólares, que se replican además en 2021, bajan apenas en 2022 y 23 a unos 30.000 millones de dólares.

Qué Argentina pueda pagar más de 130.000 millones de dólares en esos cuatro años, empezando el primero 2020 después de dos años de la más profunda recesión de las últimas décadas, sería un milagro. Sería muy poco probable que la economía nacional pueda enfrentar pagos del orden de los 30.000 millones de dólares al año, cuando desde el arranque en 2020 casi no tendrá reservas disponibles, seguirá habiendo una enorme cantidad de pesos en la economía pese a la restricción monetaria unos 5 billones de pesos (por los ahorros que hay hoy en pesos con tasas de más de 45% y encajes bancarios al más del 70% en Leliq) y este escenario seguirá provocando desconfianza inversora, al menos para volcar dólares al sistema.

Si lo que debemos son dólares --y muchos-- y no hay la suficiente confianza para ingresar nuevos dólares al sistema, pagar será imposible.

Muchos van a responder que se arregla con "cosechas récord" que más allá de rezar para que no llueva ni mucho ni poco, es una total falacia. Los únicos que van a rendir dólares o al menos los van a ingresar en la economía formal, serán los pequeños y medianos productores que los necesitan para seguir invirtiendo y vivir, pero ellos apenas significan algo más del 8% de la exportación total. Las grandes concentradoras de cereales que no son más de 6 o 7 multinacionales, ni siquiera operan todos sus negocios en el país, la mayoría lo hacen a través de offshore y sus casas matrices, por lo que solo van a ingresar dólares si el tipo de cambio es real y estable.

Con respecto a la gran esperanza energética: Vaca Muerta, solo alcanza con recordar el Contrato con Chevron que nunca vimos, pero sabemos de qué se trata. Más allá de su contenido que les da derecho a seguir cobrando utilidades por 50 años, sigan explotando o no los yacimientos por ejemplo, hay temas económicos en el contrato mucho más complejos. Si bien no se hizo público hasta New York Times publicó partes del acuerdo en donde indican que su flujo de divisas también se administra a través de offshore.  Todavía la exportación de hidrocarburos es más futuro que presente y recién comienzan las de gas a Chile, pero a medida que estas crezcan, nada indica que automáticamente le van a generar dólares que entren en la economía local.  Por algo YPF en base a ese contrato y a sus accionistas internacionales, debió abrir cuatro offshore en Delaware Nevada (donde también abrió Báez y buena parte de la política corrupta nacional) con el fin de administrar la rentabilidad de esos contratos.

Sumado  a esto,  hay una idea en general equivocada con respecto a nuestras exportaciones, que todos repiten y nadie se preocupa en mirar aunque sea un informe de INDEC para verificar si es así. Si solo analizamos el primer trimestre de 2017, el último con exportaciones creciendo y antes de la sequía, podemos notar que el principal rubro exportador son las manufacturas agrícolas, luego recién vienen los granos y casi en línea con ellos, las manufacturas industriales. Los granos solos sin valor y sin industrializar son solo un tercio de las exportaciones, los otros dos los componen actividades, a las que se les subió la presión impositiva, los costos de logística, los salarios y los costos energéticos con tarifazos.

Se ve muy mal que las principales exportaciones--manufacturas agroindustriales e industriales-- tengan una mayor presión sobre sus costos y que las demás, como son granos, energía o hidrocarburos, se administren con offshore y puedan no ingresar sus dólares al sistema. Como también las mineras, que de paso rinden bajo declaración jurada barro mineral, ni siquiera exportan metales separados como oro, plata, cinc, cobre u otros (rinden lo que quieren) y sus exportaciones están lejos de las antes mencionadas.

No hay hoy ninguna certeza de poder pagar a 2020.

Y quiero remarcar el hoy.

Por eso las preguntas más coherentes serían 

¿Si no hay hoy certeza de poder pagar, por qué no se resuelve hoy?

¿Por qué no nos anticipamos a los hechos, por qué esperar un año incierto por el ajuste que va a implicar el déficit cero, la presión monetaria y la caída en la actividad, para llegar a 2020 y reconocer que no podemos pagar?

¿Por qué ante la casi segura imposibilidad de poder pagar en 2020 unos 35.000 mil millones, otro tanto en 2021 y unos 30.000 millones en 2022 y 23 respectivamente, no se analiza ahora y se establece alguna estrategia?

Una reestructuración de deuda en pesos y sobre todo en dólares que es lo que más cuesta conseguir, sería lo más coherente.

Es verdad que no ayudaría a la confianza en este momento, que en medio de un acuerdo con el FMI se sume una reestructuración de deuda futura. Seguro sería espantar aún más capitales, pero no hacerlo ahora (que ya estamos embarrados) y esperar a que llegue el 2020 para empezar a analizar e implementarlo de emergencia, sería estirar lo peor de la crisis hasta ese momento y a la vez seguir en el tiempo espantando capitales (volvernos a embarrar más).

Los problemas se reconocen y se les busca solución o se espera y quizá nos pasen por encima.

Es real que buena parte de esos 130.000 millones que se deberán pagar en esos cuatro años es nueva deuda, pero también hay deuda anterior y de la herencia K. Para ser más o menos justos, unos 40 a 50.000 millones son K y unos 80 a 90.000 millones son M.

Lo paradójico de los problemas económicos sociales en los que estamos, es que los dos gobiernos que llevaron a este endeudamiento imposible de enfrentar, al menos sin un alto crecimiento o un ajuste con fuerte impacto social, siguen siendo los preferidos en intención de voto  en las encuestas para 2019.

No sé si son los preferidos por su propia voluntad o porque queriendo o no son parte de la grieta,  que armaron para disputarse el poder. 

Pero lo cierto es que si son mínimamente coherentes, deberían comenzar a analizar ahora y tomar medidas ahora, de lo que se viene  para el que gane en 2019.

Salvo que ni K ni PRO, en realidad quieran ganar.

Aunque también habrá que ver, si la gente quiere seguir perdiendo...







Etiquetas:   Cristina Fernandez de Kirchner   ·   Devaluación   ·   Dólar   ·   Mauricio Macri   ·   Inflación

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