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Epístolas a Séneca IX. Pan y circo


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20/10/2018

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Cada vez que una disputa se haga larga y virulenta, detengámonos en sus inicios, antes de que suba de tono. La controversia se nutre de sí misma; y a quienes se han sumergido en ella todavía los retiene más en lo profundo. Es más fácil abstenerse de la contienda que abstraerse1.






La lectura de estas palabras de tu libro, querido Séneca, ha coincidido con otra bronca, una más, en el Parlamento de esta triste Hispania por la que, como decía don Miguel de Unamuno, no pasan los años. Ha coincidido, también, con el inicio de la lectura de una biografía sobre tu figura, que ha tenido la virtud de enfadarme. En ella se dedican páginas y páginas a exaltar la fundamental importancia que tuvo la ciudad de Córdoba en tu formación y en tu vida toda (?). Que yo sepa en ninguna de tus obras mencionas a dicha ciudad, ni a ninguno de sus literatos o filósofos. Los nacionalismos están haciendo estragos. Antes, en la Enciclopedia que yo manejé de niño, en la Escuela Nacional, eras español y cristiano. Ahora eres cordobés de Córdoba. No sabemos el día de mañana lo que nos deparará el destino, y algún que otro estudioso. Que los dioses se apiaden de nosotros.

Hay libros tuyos, querido Séneca, como el citado más arriba, que creo que deberíamos leer los humanos un par de veces al mes, por lo menos. Ya sé que esto es pedir peras al olmo, aquam a pumice postulare, máxime cuando la filosofía ya no es una asignatura en los más elementales estudios de nuestras escuelas e institutos2. Y quieras que no esta ausencia se está notando. No quiero decir con ello que sólo la filosofía, o tus normas para la vida, para ser feliz, sean las únicas válidas o capaces de infundir un poco de sentido común en las personas. No son las únicas, evidentemente; pero ayudan. Ayudan porque cada día que pasa, el sentido común, como el barco que se dirige a alta mar, parece más y más lejos de quienes habitamos en el interior. Es propio, tal alejamiento, de una sociedad vacua, vacía y necia, el razonamiento de la cual cuando escribe, y ya es mucho, queda reducido a catorce o quince caracteres o a algún que otro emoticón. La inteligencia no da para más; y, por otra parte, la mitad de estos caracteres son amenazas, descalificaciones o insultos. Y cuando habla y no murmura, no hay más que oír cualquier sesión en el Parlamento español. De pena. Está llegando a unas cotas inalcanzables.

Por otra parte llevamos ya una temporada en la que, un día sí y otro también, se cuestionan los títulos universitarios, que no de nobleza, obtenidos por algunos políticos de este patrio solar. Estos políticos, imagino, algunos, imagino, deben de estar acomplejadísimos ya que el número de universitarios, tanto en la Hispania Citerior como en la Ulterior, es elevado, no así su nivel de vida. Y, claro está, no puede ponerse al frente de una sociedad, con tanto universitario, quien carece de títulos o de estudios por mucha cara, y dura, que tenga. Ahora bien, como los políticos, en contra de lo demandado por Platón en su República, se pasan el día en la carretera, como los viejos rockeros, en demanda de votos, no les llega el tiempo para asistir clase. Menos para estudiar, acción esta que no proporciona votos. Para paliar estos pequeños inconvenientes, se han inventado, con la anuencia de algún profesor, ya sabes que hay gente para todo, y la voluntaria ceguera de muchos otros, un departamento que concede títulos a cambio de honores y de sustanciosas prebendas. Sin necesidad de ir a clase, por supuesto, ni de examinarse ni de realizar tan siquiera el esfuerzo de matricularse en el cursillo. Eso queda para el pueblo bajo. El político tiene su partido, o sus valedores, que corren con el gasto y con la justificación de la más elemental falta de ética. Todo un ejemplo a seguir. ¡Bendita tu época, querido Séneca, en la que no hacía falta fingir ningún título para ser senador, censor, tribuno o simple pregonero!

Cosa muy curiosa: a la primera señora, con un cargo político de relevancia, que denunciaron por estas irregularidades universitarias, no se la hizo dimitir por ellas si no por el robo de unos botes de crema. Hasta este punto de necedad, miseria y estupidez, hemos llegado. Las mismas irregularidades, que no el robo, se han detectado en una ministra; y esta sí, aunque a regañadientes, ha presentado su dimisión, cosa un tanto inédita en este corralón lleno de sol. Por lo mismo estaba imputado el presidente del principal partido de la oposición. Este, sin embargo, se ha revestido de Agustina de Aragón, o de numantino frente a Escipión, y está dispuesto antes a morir que a claudicar. El día de mañana igual lo exaltan en alguna Enciclopedia escolar, donde aparecerá, seguro, como un erizo, lleno de lanzas y de flechas, y con los ojos en blanco dirigidos al cielo. Es muy posible. Y con su título de español.

Particularmente me ha hecho gracia, me lo está haciendo, esta burda resistencia, que no va a preservar a Numancia ni a nada, salvo los intereses del interesado, por cuanto veo y observo que todo sigue igual y como ayer y como antes de ayer. Este líder, con títulos y notas falsificadas, se vendía, no ha mucho, como la renovación de los políticos de viejo cuño, de los de su partido, corrompidos hasta más allá de la coronilla y de la medula. Con sus notas y sus títulos de limpieza de sangre ha venido a demostrar, una vez más, aquello tan famoso de vulpes mutat pilum, sed non mores. La zorra cambia de pelo pero no de costumbres. Así que continua el baile, como era de esperar. Y con una música no muy distinta. Jueces y tribunales forman parte de la comparsa. Como siempre.

Curioso también, muy curioso, lo que dices tú, y que, cómo no, también se puede aplicar a los casos, o el caso, que nos ocupa: “Entre los demás inconvenientes está también este, la ceguera de la mente, y no sólo la imperiosa necesidad del error sino el amor a los errores”3.

Viene esto a cuento, querido Séneca, de que como vivimos en un mundo falto de ideas, vacuo, vacío, y lleno, por el contrario, de soflamas, se recurre a estas, por parte de los políticos porque, al parecer, no tienen más programa político que seguir siendo políticos. Lo cual no deja de ser una enorme desgracia. No ha mucho me contaba un amigo algo similar. Conoció este la dramática historia de una monja que había perdido la fe y la vocación. Esta mujer tenía ya una cierta edad, y ninguna preparación ni imaginación, así que, contra viento y marea, contra sus apetencias y sus instintos, aguantó en el convento hasta su muerte corporal. Eso sí, amargando la vida a las novicias y toda aquella persona, inferior, que se ponía a su alcance.

Es posible que alguno de estos políticos se haya percatado, ya, de que jamás va a alcanzar el poder. Y ha dedicado tantos esfuerzos y tantas mentiras a ello que, seguramente, ya no sabe qué hacer en la vida civil por así decirlo. Como la monja. Así que aguantan, soportan lo que sea, y todo lo dan por bueno con tal de seguir soñando con su inalcanzable sueño en su inamovible butaca. Por eso mismo amargan la vida a cualquiera, insultan y difunden bulos. Algo similar a lo que sucedía en tu época. Si no me equivoco tampoco los candidatos, en la vieja Roma, tenían programa político, o todo el programa de todos los candidatos era uno y el mismo. De ahí que para lograr el poder se tuviera que recurrir al insulto, a la descalificación, a la infamia, y a lo que hiciera falta con tal de desacreditar al rival. Sin olvidar, por supuesto, la magnificencia de los juegos, que unos y otros podían ofrecer y mantener. Y las luchas de gladiadores. Hoy, querido Séneca, estos senadores, sin toga ni corbata, no se atreven a tanto: no ofrecen combates en el circo no ya de gladiadores sino de boxeo, ni corridas de toros, ni nada que suponga un poco de sangre. Tampoco se insultan entre ellos de una forma tan descarnada como se hacía en tu época, o como el bueno de Cicerón lo hizo con el rijoso de Marco Antonio. Pese a todo, el circo son todos ellos: faltos de filosofía, y de sentido común, que no de títulos universitarios, raro es el día que no sueltan alguna estupidez y muchas tonterías, algunas dignas de ser reídas, y casi todas de ser lloradas. Todo sea por alcanzar el poder. Hay quien los aplaude. Y no son pocos.

Hijos de su tiempo, ahora, es la moda, uno calla y no habla porque al buen callar llamaron Sancho, o por aquello de no le mientes la madre al cocodrilo mientras cruzas en barca el Nilo; el otro cuestiona tesis doctorales y hasta, si necesario es, el paso por la guardería y el jardín de infancia de su oponente, que lo ha dejado un tanto fuera de juego. Y así ponen en evidencia su vaciedad, el prestigio de la universidad, y cuanto haga falta, todo por mor de la poltrona, por hacerse con el poder. Y cada vez, con unos y otros, nos hundimos más y más en este lodazal del que no hay forma de escapar. Ni consiguiendo la independencia ayuntamiento por ayuntamiento. Qué bien harían en serenarse un poco, y en leer alguno de tus libros, aunque en ellos no nombres a Córdoba ni por asomo. No obstante, dudo que les sirviera para algo. Ya sabes: quod natura non dat, Salamantica non praestat. Vale.

1Quotiens disputatio longior et pugnacior erit, in prima resistamus, antequam robur accipiat: alit se ipsa contentio et demissos altius tenet; facilius est se a certamine abstinere quam abducere. Séneca, De ira, libro III, 8



2Se acaba de aprobar en el Senado que la Filosofía vuelva a ser una asignatura en los dos cursos del bachillerato. Algo es algo.



3Inter cetera mortalitatis incommoda et hoc est, caligo mentium nec tantum necessitas errandi sed errorum amor. Séneca, De ira, libro II, 10



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Etiquetas:   Nacionalismo   ·   Filología

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