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De Larrazabal a Moreira, de Gamboa a Beltrones. El circo del pragmatismo a ultranza


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15/09/2011

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Confesiones.


 

 

La política por sus peculiares características es una de las muy pocas actividades del ser humano, en la que quien la desarrolla y participa de ella, puede hacer que las derrotas se transformen si no en victorias al menos en beneficios, en contra parte no todos los triunfos son absolutos ni completos, el ejercicio de hacer de lo imposible un acto de credibilidad, aunque esta sea temporal y parcial, un juego de actitudes mezcladas entre la fidelidad de los criterios y la congruencia con la conveniencia del momento, la lucha entre principios y la utilidad pragmática de los actos.

 

La reflexión proviene de los acontecimientos, del análisis de los mismos y sus efectos, porque sin duda lo que hoy sucede en México y con los protagonistas de su quehacer público, son argumentos sólidos que sustentan el hecho que confirma que la praxis del ejercicio político, se sobrepone a su función primordial, para volverse solo una herramienta para el uso indiscriminado de una clase política que privilegia el beneficio personal por encima de cualquier cosa.

 

No puede existir mejor ejemplo que el de Fernando Larrazábal, presidente municipal de extracción panista de Monterrey, que hasta hace unas semanas se erigía como el principal rival del priismo neoleonés, una cuña para el gobernador del estado Rodrigo Medina.

 

Hasta que derivado del trágico incendio de un casino de esa ciudad en el que perdieron la vida cincuenta y dos personas, sobrevino el escándalo  de corrupción que cobro carácter nacional,  en el que se les involucra al alcalde y a su hermano Jonás, en relación a la presunción, según la presentación de varios videos, de que pudiera haber recibido dinero de algunos casinos en esa ciudad, producto de la extorsión.

 

Situación que derivo en la precipitada y mal calculada exigencia del comité ejecutivo nacional del PAN para que Larrazábal se separara del cargo, llamado que este rechazo contundentemente, toda vez que se asume inocente de las acusaciones y culpa directamente a su hermano Jonás, de cualquier eventualidad que signifique tratos fuera de la ley sin su participación.

 

Sin embargo la coyuntura de Larrazábal, se convirtió en un bálsamo para el presidente nacional del PRI, Humberto Moreira, que hasta ese momento era el foco de los cañonazos mediáticos que exhibían la situación del inexplicable y mayúsculo endeudamiento en que dejo a Coahuila, estado que gobernaba antes de arribar a la presidencia de su partido y dejar en simultaneo a su hermano Rubén como su sucesor en la gubernatura.

 

Los señalamientos en contra de Moreira, son tan graves que han alcanzado un nivel que incluso han hecho que se especule su eventual salida del cargo, hasta que la situación de Larrazábal, le valió para que su propio escándalo pasara a segundo plano y se abandonara momentáneamente.

 

Por tanto en el juego de estrategias, Larrazábal se convirtió sin quererlo en su mejor aliado,  de tal suerte que de enemigo pasó a ser un activo y para que esa tendencia se mantuviera el alcalde Monterrey ha recibido el respaldo absoluto de sus otrora rivales.

 

Mientras en su partido se exige su renuncia, Larrazábal ha recibido todo el apoyo posible del PRI, porque mientras siga siendo el foco de atención nadie retomara la situación crediticia de Coahuila y el gobierno federal no insistirá en ello, porque para el PRI es muy rentable políticamente que se dirima un conflicto entre el presidente municipal y la dirigencia nacional blanquiazul y este sea el tema de discusión y atención de la agenda pública, precisamente por eso en el PAN se intenta a toda costa terminar con este asunto cuanto antes, para evitar el daño y retomar la batalla contra Moreira.

Por eso no puede omitirse que Larrazábal manifieste constantemente que confía ciegamente en las averiguaciones que realiza la procuraduría de justicia del estado, que lo señalan como probable responsable de los delitos de corrupción y tráfico de influencias, aun tratándose de una dependencia que se rige bajo el mandato de un partido político diferente al suyo, perspectiva inimaginable en otras circunstancias.

 

La seguridad de Larrazábal proviene de la promesa y compromiso del gobernador Medina en el sentido de que será exonerado y liberado de cualquier responsabilidad en la investigación que se sigue por los presuntos delitos mencionados, incluso ha trascendido que ante la inminente expulsión de Larrazábal del PAN, este ha recibido ya una invitación para incorporarse al revolucionario institucional. Utilidad pragmática por encima de principios y convicciones.

 

Entretanto y mientras Humberto Moreira aprovecha el respiro que gratuitamente le otorgo el alcalde panista de Monterrey, un tiempo que pudiera servirle para renegociar su propia permanencia en el comité nacional priista, el fuego en su contra seguía atizándose precisamente entre los suyos.

 

La nueva andanada en contra de Moreira proviene en esta ocasión desde la intención oportunista de Emilio Gamboa Patrón, que ante la debilidad de su actual dirigente nacional, ha enfilado todas las baterías en su contra para promover su salida y estar en posición de quedarse él con el cargo.

 

Gamboa Patrón quien ha sido legislador en diversas ocasiones, jamás ha participado en ningún tipo de contienda electoral, arropado siempre en el sistema plurinominal es consciente de que nunca podría ser presidente de su partido mediante una elección, por ello la probable salida de Moreira le permitiría aspirar a un interinato precisamente en el momento crucial, el de la designación de su candidato a la presidencia de la república y en consecuencia durante la campaña política, lo cual le otorgaría suficiente margen de maniobra para seguir incrustado en el primer círculo del poder en el nuevo gobierno federal. Por ello es Gamboa y no los panistas, quien encabeza ahora el ataque para descarrilar a Moreira.

 

Sobre todo considerando que Manlio Fabio Beltrones, el segundo hombre en importancia de ese instituto político, ha cerrado ya filas con el virtual candidato, Enrique Peña Nieto y ha negociado ya su propio y personal esquema al futuro, por lo que Beltrones no estaría en principio interesado en sustituir a Moreira, a menos que fuera estrictamente necesario, Beltrones busca un equilibrio en el cual su participación se comprenda mas allá de una simple alianza, un escenario que le reconozca la fuerza e influencia que asume tener.

 

Beltrones será en caso de que Peña Nieto gane la presidencia el año próximo, el secretario de gobernación y lo será con todo el poder que eso puede significar, en principio porque se desaparecerá la secretaría de seguridad pública, no solo por el fracaso de Genaro García Luna al frente de la misma, sino porque esta dependencia se incorporara de nuevo a gobernación, como en los tiempos de su mentor don Fernando Gutiérrez Barrios y se convertirá en la dependencia más influyente y poderosa del gobierno. El antecedente más cercano a una vicepresidencia.

 

A Beltrones no le preocupa encargarse del PRI en este momento, Gamboa Patrón lo sabe y quiere aprovechar esa coyuntura, los objetivos de Beltrones están muy por encima de un desgaste de ese tipo, por ello promueve que una vez que su partido obtuviera la victoria en los comicios presidenciales y el este ya asentado en la secretaría de gobernación, se envié una iniciativa a las cámaras para la creación de la figura de jefe de gabinete, similar a la posición de un primer ministro en los regímenes parlamentarios, con atribuciones y responsabilidades propias, incluso algunas sin la tutela presidencial.

 

Evidentemente en el circulo cercano a Peña Nieto, la idea camina más hacia la creación de la vicepresidencia, considerando que nuestro país es uno de los muy pocos en el mundo que no la tienen y que ante la falta del presidente, podría significar una severa crisis constitucional y de gobernabilidad.

 

Una vicepresidencia claro de ornamento, destinada a la representación del mandatario en eventos oficiales sobre todo en el extranjero, sin agenda propia ni atribuciones mayores, que sea simplemente un resguardo legal ante una ausencia temporal o definitiva del presidente, no un esquema de poder propio que comparta la responsabilidad como una jefatura de gabinete, que es la idea que fomenta Beltrones.

 

Un plano de condiciones todas las anteriormente expuestas, combinadas entre la lealtad de y con las razones y la coherencia con la ventaja del instante, un pragmatismo a ultranza que es una involución del fundamento del ejercicio político.

 

guillermovazquez991@msn.com

twitter@vazquezhandall

 



Etiquetas:   Política

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