De Larrazabal a Moreira, de Gamboa a Beltrones. El circo del pragmatismo a ultranza
Confesiones.
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La política por sus peculiares
características es una de las muy pocas actividades del ser humano, en la que
quien la desarrolla y participa de ella, puede hacer que las derrotas se
transformen si no en victorias al menos en beneficios, en contra parte no todos
los triunfos son absolutos ni completos, el ejercicio de hacer de lo imposible
un acto de credibilidad, aunque esta sea temporal y parcial, un juego de
actitudes mezcladas entre la fidelidad de los criterios y la congruencia con la
conveniencia del momento, la lucha entre principios y la utilidad pragmática de
los actos.
La reflexión proviene de los
acontecimientos, del análisis de los mismos y sus efectos, porque sin duda lo
que hoy sucede en México y con los protagonistas de su quehacer público, son
argumentos sólidos que sustentan el hecho que confirma que la praxis del
ejercicio político, se sobrepone a su función primordial, para volverse solo
una herramienta para el uso indiscriminado de una clase política que privilegia
el beneficio personal por encima de cualquier cosa.
No puede existir mejor ejemplo que el de
Fernando Larrazábal, presidente municipal de extracción panista de Monterrey,
que hasta hace unas semanas se erigía como el principal rival del priismo
neoleonés, una cuña para el gobernador del estado Rodrigo Medina.
Hasta que derivado del trágico incendio de
un casino de esa ciudad en el que perdieron la vida cincuenta y dos personas,
sobrevino el escándalo de corrupción que cobro carácter nacional, en
el que se les involucra al alcalde y a su hermano Jonás, en relación a la
presunción, según la presentación de varios videos, de que pudiera haber
recibido dinero de algunos casinos en esa ciudad, producto de la extorsión.
Situación que derivo en la precipitada y
mal calculada exigencia del comité ejecutivo nacional del PAN para que
Larrazábal se separara del cargo, llamado que este rechazo contundentemente,
toda vez que se asume inocente de las acusaciones y culpa directamente a su
hermano Jonás, de cualquier eventualidad que signifique tratos fuera de la ley
sin su participación.
Sin embargo la coyuntura de Larrazábal, se
convirtió en un bálsamo para el presidente nacional del PRI, Humberto Moreira,
que hasta ese momento era el foco de los cañonazos mediáticos que exhibían la
situación del inexplicable y mayúsculo endeudamiento en que dejo a Coahuila,
estado que gobernaba antes de arribar a la presidencia de su partido y dejar en
simultaneo a su hermano Rubén como su sucesor en la gubernatura.
Los señalamientos en contra de Moreira,
son tan graves que han alcanzado un nivel que incluso han hecho que se especule
su eventual salida del cargo, hasta que la situación de Larrazábal, le valió
para que su propio escándalo pasara a segundo plano y se abandonara
momentáneamente.
Por tanto en el juego de estrategias,
Larrazábal se convirtió sin quererlo en su mejor aliado, de tal
suerte que de enemigo pasó a ser un activo y para que esa tendencia se
mantuviera el alcalde Monterrey ha recibido el respaldo absoluto de sus otrora
rivales.
Mientras en su partido se exige su
renuncia, Larrazábal ha recibido todo el apoyo posible del PRI, porque mientras
siga siendo el foco de atención nadie retomara la situación crediticia de
Coahuila y el gobierno federal no insistirá en ello, porque para el PRI es muy
rentable políticamente que se dirima un conflicto entre el presidente municipal
y la dirigencia nacional blanquiazul y este sea el tema de discusión y atención
de la agenda pública, precisamente por eso en el PAN se intenta a toda costa
terminar con este asunto cuanto antes, para evitar el daño y retomar la batalla
contra Moreira.
Por eso no puede omitirse que Larrazábal
manifieste constantemente que confía ciegamente en las averiguaciones que
realiza la procuraduría de justicia del estado, que lo señalan como probable
responsable de los delitos de corrupción y tráfico de influencias, aun
tratándose de una dependencia que se rige bajo el mandato de un partido
político diferente al suyo, perspectiva inimaginable en otras circunstancias.
La seguridad de Larrazábal proviene de la
promesa y compromiso del gobernador Medina en el sentido de que será exonerado
y liberado de cualquier responsabilidad en la investigación que se sigue por
los presuntos delitos mencionados, incluso ha trascendido que ante la inminente
expulsión de Larrazábal del PAN, este ha recibido ya una invitación para
incorporarse al revolucionario institucional. Utilidad pragmática por encima de
principios y convicciones.
Entretanto y mientras Humberto Moreira
aprovecha el respiro que gratuitamente le otorgo el alcalde panista de
Monterrey, un tiempo que pudiera servirle para renegociar su propia permanencia
en el comité nacional priista, el fuego en su contra seguía atizándose
precisamente entre los suyos.
La nueva andanada en contra de Moreira
proviene en esta ocasión desde la intención oportunista de Emilio Gamboa
Patrón, que ante la debilidad de su actual dirigente nacional, ha enfilado
todas las baterías en su contra para promover su salida y estar en posición de
quedarse él con el cargo.
Gamboa Patrón quien ha sido legislador en
diversas ocasiones, jamás ha participado en ningún tipo de contienda electoral,
arropado siempre en el sistema plurinominal es consciente de que nunca podría
ser presidente de su partido mediante una elección, por ello la probable salida
de Moreira le permitiría aspirar a un interinato precisamente en el momento
crucial, el de la designación de su candidato a la presidencia de la república
y en consecuencia durante la campaña política, lo cual le otorgaría suficiente
margen de maniobra para seguir incrustado en el primer círculo del poder en el
nuevo gobierno federal. Por ello es Gamboa y no los panistas, quien encabeza
ahora el ataque para descarrilar a Moreira.
Sobre todo considerando que Manlio Fabio
Beltrones, el segundo hombre en importancia de ese instituto político, ha
cerrado ya filas con el virtual candidato, Enrique Peña Nieto y ha negociado ya
su propio y personal esquema al futuro, por lo que Beltrones no estaría en
principio interesado en sustituir a Moreira, a menos que fuera estrictamente
necesario, Beltrones busca un equilibrio en el cual su participación se
comprenda mas allá de una simple alianza, un escenario que le reconozca la
fuerza e influencia que asume tener.
Beltrones será en caso de que Peña Nieto
gane la presidencia el año próximo, el secretario de gobernación y lo será con
todo el poder que eso puede significar, en principio porque se desaparecerá la
secretaría de seguridad pública, no solo por el fracaso de Genaro García Luna
al frente de la misma, sino porque esta dependencia se incorporara de nuevo a
gobernación, como en los tiempos de su mentor don Fernando Gutiérrez Barrios y
se convertirá en la dependencia más influyente y poderosa del gobierno. El
antecedente más cercano a una vicepresidencia.
A Beltrones no le preocupa encargarse del
PRI en este momento, Gamboa Patrón lo sabe y quiere aprovechar esa coyuntura,
los objetivos de Beltrones están muy por encima de un desgaste de ese tipo, por
ello promueve que una vez que su partido obtuviera la victoria en los comicios
presidenciales y el este ya asentado en la secretaría de gobernación, se envié
una iniciativa a las cámaras para la creación de la figura de jefe de gabinete,
similar a la posición de un primer ministro en los regímenes parlamentarios,
con atribuciones y responsabilidades propias, incluso algunas sin la tutela
presidencial.
Evidentemente en el circulo cercano a Peña
Nieto, la idea camina más hacia la creación de la vicepresidencia, considerando
que nuestro país es uno de los muy pocos en el mundo que no la tienen y que
ante la falta del presidente, podría significar una severa crisis
constitucional y de gobernabilidad.
Una vicepresidencia claro de ornamento,
destinada a la representación del mandatario en eventos oficiales sobre todo en
el extranjero, sin agenda propia ni atribuciones mayores, que sea simplemente
un resguardo legal ante una ausencia temporal o definitiva del presidente, no
un esquema de poder propio que comparta la responsabilidad como una jefatura de
gabinete, que es la idea que fomenta Beltrones.
Un plano de condiciones todas las
anteriormente expuestas, combinadas entre la lealtad de y con las razones y la
coherencia con la ventaja del instante, un pragmatismo a ultranza que es una
involución del fundamento del ejercicio político.
guillermovazquez991@msn.com
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