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Crisis en la Iglesia y el Estado Laico


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12/10/2018


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En la Asamblea de la Iglesia Católica, Apostólica y Romana, la comunidad de fieles que concurre en la fe vive una crisis aguda, consecuencia del destape mundial de casos de abusos sexuales a menores por parte de sacerdotes, pastores consagrados para administrar los sacramentos. Redes de pedofilia y redes de protección y encubrimiento a curas delincuentes que han practicado estos vicios con niños.


En Estados Unidos, Irlanda, Alemania, Chile, España, entre muchos otros países, se han conocido escándalos. Por décadas o siglos la Iglesia Católica ha caído en la peor corrupción, pecados carnales contra los más débiles, los niños. Abusos de poder, manipulación, cinismo, hipocresía, hechos diabólicos y pecados capitales, que han afectado a infantes, púberes y adolescentes, cohortes de estudiantes en las redes prestigiosas de colegios de congregaciones, elitistas, solemnes en su historia, influyentes. Ligadas siempre al poder terrenal, hasta que se ha conocido de las redes de pedófilos coordinados y blindados por la impunidad, que han practicado metódicamente estos vicios, los Hermanos Maristas, los Salesianos, el entorno de Karadima, los Legionarios de Cristo, el Opus Dei, suma y sigue. Manteniendo el secretismo, con abusos a religiosas y en los claustros las monjas superiores alcahueteando los abusos de los curas sobre las internas. Macabros descubrimientos de cementerios de nonatos abortados en los túneles de los conventos y todo tapado por el silencio y el sometimiento a las jerarquías corruptas.

Es la misma Iglesia inquisidora que acompañó la invasión española para disfrazar de encomienda la esclavitud y dominar desde el púlpito las tradiciones y cultura de los pueblos originarios. Es la Iglesia que aprobó el celibato para impedir que la riqueza se diluyera, exigiendo a los curas una condición anti natura, que obviamente no cumplieron, a la luz de lo que hoy se ha conocido.

Los abusos extendidos en los conventos, en los colegios, no eran sólo en la Iglesia del Bosque con el “Santo” Karadima. También llegó a la respetada Vicaría de la Solidaridad y el encubrimiento actuó con traslados que no impedían que el depravado repitiera las conductas en otras parroquias. Hoy la Iglesia busca evitar el costo económico de juicios civiles, para preservar su patrimonio incalculable, manejado por el engendro político que significó crear y manejar el Estado Vaticano, negociando con los nazis, ocultando el Holocausto con el objetivo de que le permitieran continuar con sus privilegios.

Al interior de la propia Iglesia ha habido corrientes que han criticado la deformación de la fe, el materialismo, los vicios ocultos y la ligazón con la mafia, como se conoció en la película El Padrino, que daba cuenta del tlavado de activos para la mafia siciliana, que realizaba el Banco Ambrosiano del Vaticano. Contra el materialismo y estos vicios callados y aceptados por la jerarquía vaticana, se levantó en los 60 una organización clerical marginal que llega al Papado con el Concilio Vaticano II y el Papa Bueno, Juan XXIII, que propició la Teología de la Liberación. Las fuerzas reaccionarias y conservadoras borrarían la posición progresista con retiros de los sacerdotes obreros o curas populares, en una acción metódica del Papa Juan Pablo II.

Y fue precisamente en ese papado de Juan Pablo II en que el delito de pedofilia y encubrimiento cundió en la Iglesia. La degeneración se tomó las jerarquías y se pactó con dictadores asesinos sin el menor escrúpulo, mientras eso sirviera para mantener la impunidad. La Iglesia estuvo demasiado absorta e involucrada en el poder terrenal, con corrientes de degeneración criminal y de conservadurismo en cuanto a defensa del poder político y restricciones a los fieles en materia de su libre albedrío y sexualidad.

Dentro de la Iglesia siempre ha habido sectores contestatarios, que han criticado a la curia abusadora, que ha motivado la generación de un catolicismo liberal y que impulsó importantes reformas, como lo fuera la Doctrina Social de la Iglesia y el concilio Vaticano II. Sin embargo, de la lectura de los planteamientos de la actual jerarquía de la Iglesia Católica aparece la preeminencia de una posición ortodoxa conservadora, que busca intervenir en la sociedad globalizada con un importante peso relativo, violentando las posiciones que buscan el libre albedrío en cuanto a conductas en las relaciones que construyan las personas en materia de sexualidad.

Hoy la Iglesia Católica está desprestigiada, se han vendido Iglesias para torres de inmobiliarias, la Iglesia se concentra en cuanto le saldría una demanda civil de todas las víctimas y quiere impedir esas demandas. Con una credibilidad que la ubica entre las instituciones peor evaluadas por la opinión pública, el Papa Francisco no ha logrado imponer la Verdad y derrotar a la mafia vaticana.

La separación de la Iglesia del Estado es un reclamo generalizado porque hay otras expresiones religiosas y el poder de la Iglesia Católica está cuestionado y deslegitimado por su conducta delictual. Seguir favoreciendo a la religión católica es discriminatorio y falta a la definición de Estado Laico- En tal sentido, ha evolucionado vía ideas racionalistas liberales y ciudadanas , un catolicismo liberal, que quiere separar la Iglesia del Estado, para partir de cero echando fuera a las jerarquías corruptas, enviando a la Justicia a los delincuentes, indemnizando a las víctimas.

Un sistema más maduro, como Estados Unidos, ha logrado definir una relación de respeto e independencia mutuos entre la religión y el Estado. El hecho de que sean las personas las que ejercen su libertad de practicar una religión, aleja la amenaza de un Estado Ateo o Agnóstico. Países como México han evolucionado hacia una mayor tolerancia de la religiosidad, entendiendo que es parte cultural de la nación y la tolerancia aparece hoy como la tónica entre ambas instituciones.

En Chile, pese a la separación formal de la Iglesia del Estado, se mantiene una injerencia de la Iglesia Católica en las decisiones públicas, principalmente en los llamados temas valóricos, que tienen que ver con férreas posiciones del Papado en materia de Aborto, Divorcio, prevención del SIDA y homosexualidad. Sin embargo, como dicen los evangelios “por sus obras los conoceréis”

Los ortodoxos católicos representados por el Opus Dei y los Legionarios de Cristo, corresponden a una concepción medieval de la religiosidad, sometiendo a la persona a una jerarquía vertical incuestionable en su infalibilidad, mientras que las corrientes del catolicismo liberal están abiertas a asumir la tarea redentora del hombre desde la realidad temporal en que éste se desenvuelve, privilegiando su libertad innata como punto de partida para su sanidad espiritual.

Las ideas racionalistas liberales mantienen líneas de diálogo con las corrientes social cristianas, que a su vez han derivado de la evolución del catolicismo liberal. Pero en términos de mayor polarización están presentes las corrientes religiosas más ortodoxas que caen en la intolerancia religiosa y tienden al autoritarismo. La Iglesia Católica aparece en el presente dominada por una jerarquía fundamentalista que dificulta el diálogo con otras religiones, conflictuando con el Estado y con las corrientes sociales que buscan mayores libertades públicas y personales. Reconocer estos vectores dentro de la institución católica favorece en los agnósticos la capacidad de comprensión de las posiciones que toma dicha institución a nivel global.

El Papa Francisco está en una encrucijada: o recuperar la Doctrina cristiana de principios, indemnizando a las víctimas de abusos y abandonando las riquezas de este mundo, o bien mantener poder político como Estado Vaticano para influir en el mundo y defender el patrimonio material de la Iglesia de pompa y oro. Esta definición es crucial y definirá si la religiosidad vuelve a las catacumbas de los primeros cristianos o se pervierte en el cinismo y la manipulación de jerarquías degeneradas y corruptas. El poder vuelve a la Asamblea, porque la Iglesia es la comunidad y no la curia que es hoy servil al demonio. Se podría concluir que los cristianos no necesitan de estos intermediarios que han traicionado al Verbo, carcomidos como sepulcros blanqueados por la lujuria y la codicia.

Periodismo Independiente Hernan Narbona Veliz @hnarbona en Twitter.



Etiquetas:   Religión   ·   Anticorrupción   ·   Sociedad Civil   ·   Laicismo

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