Vivimos en la era del activismo social. Por todas partes y, sobre todo en boca de la gente joven, escuchamos palabras que antes no eran muy conocidas pero que ahora resuenan señalando nuevas realidades. Una de esas realidades y, sin duda, una de las más importantes de todas desde el punto de vista de los derechos sociales, es la neurodivergencia. Si definimos a una persona neurodivergente o neuroatípica, decimos, en primer lugar, que es alguien que presenta trastornos del especto autista. Sin embargo, hoy en día está empezando a ganar una nueva acepción y, también es utilizada, en contraposición a la neuronorma o al grueso de población neurotípica, como un término paraguas que designa a cualquier persona con un trastorno mental, sea ansiedad social o depresión.




