. Séneca,
Sobre
la firmeza del sabio, 4,
3
Ayer por la tarde, querido Séneca,
buscando descanso en el cambio de ocupaciones, me fui con un amigo al
cine. Estuvimos solos en la sala desde que entramos hasta que
salimos. En un principio, tanta soledad, inusitada, nos hizo temer
que nos hubiéramos equivocado de local. Pero no, estábamos en el
correcto, en el que se proyectaba la película que queríamos ver.
Con el cine y el teatro me sucede lo
mismo que le sucedía a don Jacinto Grau: debido a mi dureza de oído,
en el teatro, salvo que esté en las primeras filas, no entiendo
nada. En el cine, por el contrario, y más con los sistemas actuales
de sonido, raramente pierdo detalle, a menos que los actores sean
españoles: salvo contadas excepciones no saben vocalizar; siempre
hablan como si estuvieran comiendo sopas. Me imagino que lo hacen así
por mor de no sé qué absurdo realismo. Sea como fuere, no los
entiendo. Pero las películas tienen, además, la ventaja de que se
pueden subtitular. Y leer, todavía leo con bastante agilidad. Hay
cines donde se proyectan las películas en versión original con
subtítulos. Una maravilla para los duros de oído, como yo.
La
película de la que te hablo, Kings,
de
Deniz
Gamze Ergüven.
no estuvo mal, pero tampoco bien del todo, ni mucho menos. Viéndola
no pude por menos que acordarme de ti; y, sobre todo, de aquella
famosa frase creo que de Platón, cito de memoria: “doy gracias a
los dioses por haber nacido griego y no bárbaro; por haber nacido
hombre y no mujer...” En este caso, ante los hechos que se estaban
desarrollando en la pantalla, daba gracias por haber nacido donde he
nacido, y no en el lugar donde se desarrollaba la acción de la
película.
La
película gira alrededor de una supuesta familia monoparental, en la
que las relaciones no quedan nada claras. ¿Son todos hijos de la
misma madre? Imposible. ¿Cómo puede tener y mantener a tantos hijos
en la misma casa? Semejante focalización te hará ver,
inmediatamente, que la cinta carece de rigor, de una visión crítica
sobre lo que interesa en realidad, que es la violencia racial. En
lugar de indagar qué sucedió para llegar a tal violencia, de tipo
racista, la atención se desvía hacia dicha familia, en la que,
insisto, no se sabe cómo se mantiene, ni a qué se dedica la madre
para saciar a tantas bocas. Es lo de menos en esta historia. Toda
ella tiene como excusa los disturbios que se produjeron en Los
Ángeles en 1992 a raíz de la brutal paliza que cuatro policías
blancos le propinaron a un negro, Rodney King. No se cuestiona la
brutalidad de la policía, a la que responden con no menos brutalidad
los negros. No se cuestiona nada en la pantalla. Y uno, horrorizado
por lo que está viendo, da gracias por no verse inmerso en una
situación parecida o similar.
La justicia y la ley han delegado en
los violentos, en la policía. Y así va.
Inaceptable, además, la secuencia
en la que se muestra a la madre esposada a una farola junto, cómo
no, con un hombre. Ha sido detenida durante los disturbios. Los
supuestos hijos, mientras tanto, tienen que comer; y sin nada que
llevarse a la boca, corren a robar a un supermercado. El robo se
convierte en algo divertido, gracioso, sin apenas importancia. Ambas
secuencias, la de la madre esposada y la de los hijos corriendo por
el supermercado, son absurdas de puro necias.
Es
inevitable, pese a todo, la pregunta, ante el desorden y la
brutalidad, de cómo se ha llegado a semejante situación. Y me fue
inevitable no acordarme de tu época y de la esclavitud en Roma,
junto con los juicios amañados. Los policías que propinaron la
brutal paliza a Rodney King quedaron absueltos con argumentos tan
peregrinos como que el policía le había pateado la cara con la
pierna izquierda, que es la pierna mala...Pero la cosa ya venía de
lejos:
“Te
equivocas, Lucio querido, si juzgas que la lujuria, el abandono de
las buenas costumbres y de las demás flaquezas que cada uno atribuye
a su tiempo son vicios de nuestra generación. Son vicios de los
hombres, no de los tiempos; ninguna época ha estado libre de culpa;
y si te pones a enjuiciar el desenfreno a lo largo de los siglos
avergüenza decir que jamás se ha pecado con más descaro que en
presencia de Catón.”
La pregunta ahora sería por qué
han sucedido estas cosas, y, lo más importante, por qué siguen
sucediendo.
La película no da ninguna solución,
no es crítica. Juega, por el contrario, a esa necia objetividad,
propia de las mentes perezosas, que consiste en repartir culpas por
igual. Según dichas mentes, tan criminal sería Calígula como quien
lo asesinó; tan malvado él como los senadores, y tan culpable Nerón
como los hechos que lo empujaron al suicidio. Disiento de tal
parecer. A mí, más que repartir culpas, me preocupa saber cómo se
puede llegar a una situación tal; y así, de esa forma, poder
evitarla, si ello es posible. Desde luego no es comparable la
situación de los senadores romanos con la de los negros de EEUU. Ni
de lejos. Estos jamás han disfrutado del poder, ni de tierras, que
yo sepa. Y ahí es donde echo en falta un análisis en profundidad,
cosa que, como te he dicho, la película no ofrece.
Sí
que es comparable, por el contrario, ciertas situaciones de estas
personas con los esclavos de tu época, anteriores y posteriores. En
un momento determinado, viendo la película, me acordé de aquel
famoso banquete dado por un amigo de Augusto, Vedio Polión.
Un joven esclavo tuvo la desgracia, en dicho banquete, de romper un
valioso vaso, Polión los coleccionaba; y montó en cólera ante el
estropicio. O se airó, como tú prefieres decir. Airado dio la
orden, y no era la primera vez que hacía semejante cosa, de que el
joven esclavo fuera arrojado a las morenas para que estas lo
devoraran. El joven esclavo se refugió en los pies de Augusto a
quien reclamó una muerte menos cruel. Augusto le perdonó la vida y
destrozó todos los vasos de su amigo. Aquello no estuvo nada mal
como gesto
Es
más valiosa una vida humana, incluso la de un esclavo, que toda una
colección de vasos, sobre todo cuando dicha colección es ajena.
Quiero decir con esto que es impactante, vuelvo a la película, el
asesinato de una niña negra en una tienda, regentada por una china o
japonesa, porque esta entiende que la niña le ha robado un refresco.
Ni de lejos se puede comparar el refresco con un vaso de Polión.
Pero en el fondo es lo mismo. No hay motivo para matar a una persona
por un líquido que apenas si vale dos flacas monedas. Ahora bien, en
un clima tal de violencia, cabría preguntarse cuántas veces ha sido
robada y asaltada la tendera china o japonesa. Y vuelvo a la
pregunta: ¿cómo se llega a ese estado de violencia? ¿Dejadez del
gobierno o de los gobiernos? ¿Considerarse unos superiores a los
otros por unos pigmentos de más o de menos en el piel? No me cabe
duda que algo, mucho de esto, hay. Y es lamentable.
Recuerdo que siendo estudiante, un
día, un profesor, que sin duda deseaba convencernos de la bondad de
la historia, nos dijo que el hombre, indudablemente, avanza, y que
cada vez es mejor. Para ello ponía como ejemplo que, en las antiguas
guerras, al enemigo se lo masacraba. Luego en lugar de matarlo lo
hicieron esclavo, lo cual, sin duda, para él, era un avance. Lo
malo, y de eso no dijo nada, es cuando sociedades enteras se han
montado y enriquecido sobre la esclavitud. Y desprecian y humillan
aquello mismo que los está enriqueciendo. ¿Cómo quieren que
contesten los esclavos? ¿No estaba más que justificada la revuelta
de Espartaco? ¿No se planteó nadie que un esclavo también es una
persona? ¿Y no lo es un negro? ¿De dónde sale tanto odio a unos y
a otros? Creo que hay demasiados intereses por el medio.
A
menudo me pregunto, querido Séneca, si es posible ser sabio,
virtuoso, en una situación como esta, de abusos permanentes, de
desprecios y de constante humillación cuando no de asesinatos. ¿Qué
esperas obtener si a una persona la tratas como una bestia? ¿Qué
decir del abandono cuando no de la risa de la justicia del débil y
desprotegido? Sin duda la justificación para seguir tratándola como
tal.
Tengo
unos lejanos conocidos en EEUU. Tienen un rancho y trabajadores
negros. El nieto de la dueña no quiere ir a visitar a sus abuelos
por no respirar el mismo aire que respiran los negros. Me quedé a
cuadros cuando me lo contaron. La criatura tiene diecisiete años.
Qué difícil, por no decir imposible, ser sabio y virtuoso en
semejantes circunstancias. Tenemos la violencia asegurada con
semejantes energúmenos. Vale.
Rem
difficilem optas humano generi, innocentiam.
Erras,
mi Lucili, si existimas nostri saeculi esse vitium luxuriam et
neglegentiam boni moris et alia quae obiecit suis quisque
temporibus: hominum sunt ista, non temporum. Nulla aetas vacavit a
culpa; et si aestimare licentiam cuiusque saeculi incipias, pudet
dicere, numquam apertius quam coram Catone peccatum est. Séneca,
Ep. 97, 1
Véase
Sobre la ira, libro III, 2 y
ss.
p.sdfootnote-western { margin-left: 0.6cm; text-indent: -0.6cm; margin-bottom: 0cm; font-family: "Liberation Serif", "Times New Roman", serif; font-size: 10pt; line-height: 100%; }p.sdfootnote-cjk { margin-left: 0.6cm; text-indent: -0.6cm; margin-bottom: 0cm; font-family: "Droid Sans Fallback"; font-size: 10pt; line-height: 100%; }p.sdfootnote-ctl { margin-left: 0.6cm; text-indent: -0.6cm; margin-bottom: 0cm; font-family: "FreeSans"; font-size: 10pt; line-height: 100%; }p { margin-bottom: 0.25cm; direction: ltr; color: rgb(0, 0, 0); line-height: 120%; }p.western { font-family: "Liberation Serif", "Times New Roman", serif; font-size: 12pt; }p.cjk { font-family: "Droid Sans Fallback"; font-size: 12pt; }p.ctl { font-family: "FreeSans"; font-size: 12pt; }a:link { }a.sdfootnoteanc { font-size: 57%; }