. Pienso que ya es una decisión tomada y que hace falta solo un "aval ciudadano".
A
diferencia de los otros proyectos que López Obrador propone, el Nuevo
Aeropuerto de la Ciudad de México es una obra a la que en campaña le dedicó
tiempo valioso, al tiempo que le funcionó de distracción para mantener a sus
contrarios ocupados en responderle. Por si fuera poco, además, le dejó varios
escenarios posibles: “cancelarlo”, “revisar viabilidad técnica”, “revisar
contratos” y hasta “concesionarlo”. Así que no extraña que ahora pretenda
someter a “consulta o encuesta” el proyecto. Para analizar el tema anoto los
siguientes puntos:
1.
Entre consulta y encuesta la decisión es importante y los resultados pueden ser
distintos: la consulta moverá solamente a población interesada en el tema, con
algún conocimiento o movilizada por grupos de activistas; la encuesta representaría
a todos. Si López Obrador dice que la economía es cosa de todos, lo lógico
sería hacer encuesta.
2.
En caso de hacerse por encuesta el tamaño será muy grande (no las 1,000 con las
que técnicamente se obtiene representatividad nacional) para satisfacer a los
que sin saber estadística creen que hay que pensar prácticamente; la pregunta
debe ser una pregunta dicotómica muy clara o apoyándose en material adicional;
podría hacerse con algún filtro como “estar interesado” y se debe definir la
población a medir: ¿ciudadanos en todo el país?, ¿sólo valle de México?, ¿sólo
a usuarios de aeropuerto?, etcétera.
3.
El “quién organiza la consulta” (que sería más costosa) o “quién hace la
encuesta” es importante. Parece que la solución es hacer encuesta, pero en ese
caso debe optarse por que un grupo de encuestadores haga el proyecto y presente
una decisión, así como ocurrió en el 2001 con el bando 13 (regulación de
marchas) en el DF y con la encuesta que definió su candidatura en el 2012.
También hubo un momento parecido cuando planteó el plebiscito sobre el segundo
piso que le organizó el IEDF.
4.
Antes de la consulta o encuesta debe haber una “campaña” que consistirá en
muchos debates de medios e información en redes, pero esos debates que
seguramente tendrán voceros de las dos posibles opciones serán seguramente muy
técnicos, poco digeribles para el ciudadano normal y hasta aburridos por
repetitivos. Al final, el ciudadano elegirá la opción que defiendan las
personas o los partidos a los que más les crea.
Y,
en todo caso, ¿Qué prefiere López Obrador? Al parecer prefiere que se continúe
con el proyecto actual. Si hubiera querido cancelarlo, no requería hacer
consulta y tiene la legitimidad popular para hacerlo, sus seguidores lo
hubieran tomado como un cumplimiento de promesa y más si destapaba con ello
alguna cloaca de corrupción; mandarlo a consulta sabiendo que hoy la opinión
está inclinada a favor del proyecto actual, le permite por un lado justificar la
“no cancelación” y si por alguna razón ése es el resultado final, vendría la
siguiente etapa donde revisará contratos, costos, licitará concesiones y le
pondrá su sello a esta obra.
Lo
anterior plantea para mí el principal problema: una decisión que debe ser
eminentemente técnica pensando en el futuro se podría volver una decisión
“partidista”. Si se identifica a los defensores del actual proyecto como
“priistas” y a los detractores como “morenistas”, se abona aún más a la
polarización.
Por
otra parte, el precedente que se sienta, la decisión técnica que se toma con un
criterio político, implica el riesgo de que el ciudadano más partidizado que
informado, tome una decisión incorrecta con un costo que va más allá del
dinero.
Recordemos
que “ser más no es tener la razón” y que los electores damos un mandato al
gobernante para que tome las mejores decisiones, no para que nos consulte todo,
para ello tiene que consultar a los que saben de cada tema. Ni el presidente ni
el ciudadano tienen por qué ser expertos en todo.
@leon_alvarez