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Libia Siria, Dos Pesos Dos Medidas


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14/09/2011

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En las Relaciones Internacionales la frase aludida, hace referencia al doble estándar internacional, es decir, que ante situaciones iguales o similares, los  gobiernos actúan de diferente manera, porque los actores involucrados, tienen distinto peso o porque los  intereses son disímiles. Para el observador menos avezado,  es  evidente  el doble rasero  que  se aplica al   actuar frente a las  revueltas en Túnez , Egipto  y Libia  y  la  anémica reacción internacional, respecto a   las  que se desarrollan  en Arabia  Saudita,  Bahréin,  Yemen   y  ahora Siria. Comoquiera que el ojo de la  tormenta  se traslada por el momento  a Siria, trataré de presentar las  causas  del  porque si contra Libia y  no  contra  Siria, a pesar   de que  las razones humanitarias que justificaron la defenestración de  Gadafi,  son tanto o más validas en el caso de Bashar Al Assad. Inicio ponderando el  factor  geoestratégico. Sobre el  particular, Siria contrario al “ejercito” libio, cuenta con una de las Fuerzas Armadas más numerosas, mejor equipadas y entrenadas de Oriente Próximo, además, aparte de la especulación sobre posesión  de  armas químicas y biológicas; lo  cierto  es que sus fuerzas paramilitares están entre las 13 más grandes del mundo. Otro elemento divergente, es que a discrepancia  de  África  del norte y del Magreb, donde no  existe   comercio intraregional y la interdependencia política de los regímenes es casi nula, en Oriente Próximo los intereses y las dinámicas fronterizas crean un vínculo, cuya alteración tiene un efecto dominó en toda la subregión. Siria, contrario a Libia,  obtiene gran parte de su valor político agregado,  de su situación geoestratégica en  una zona volátil  ya que limita con   Irak, el Líbano, Israel,  Jordania y Turquía, de allí  que,  la  hipótesis de que  una intervención  extranjera, podría suponer,  una guerra regional, inclusive, con posibilidad  de  escalar a lo nuclear; no  es ficticia. En virtud de ello, no es de extrañar que si Siria  es  atacada, reaccione tratando de  desestabilizar a Iraq. Por  otra parte, si  se convulsiona Siria, existe el temor de que  Israel se  aproveche de la situación  y la utilice  como  excusa,  para de  una  vez  por  todas, intentar defenestrar militarmente  el programa nuclear iraní, acción  con la cual, podría  obligar   a   Washington a  involucrarse directamente en el conflicto.  Al revés, Teherán y Damasco  ante  una inminente caída de  Al Assad,  podrían abrir un  frente de guerra contra Israel desde  Siria, apoyados por  el  Hezbolá en el Líbano y  Hamás en Gaza, lo que  presionaría  al nuevo gobierno egipcio a  tomar  partido en la vorágine  militar. En   la  misma categoría  de hechos, otro argumento de la “extraña” reacción occidental sobre  Siria, quizás  se justifique, porque aunque parezca paradójico, Israel, se debate entre la tesitura de apostar por  un enemigo con el que mantiene más de cuatro décadas de paz fría o decantarse por el caos; o  sea que,  tal como le  ocurrió con Mubarak , apueste  ahora  por la permanencia de Al-Assad,  bajo la premisa de que  el actual gobierno sirio  es más proclive  a  alcanzar  un acuerdo negociado sobre el territorio en disputa de  los Altos del Golán,  que  resguarde  los intereses judíos   de  garantizarle  el  abastecimiento acuífero de la zona;  a  la incertidumbre  de  que   Damasco  termine  dirigido  por un gobierno  bajo   influencia de la Hermandad Musulmana,  que reivindicaría  sin ambages,  la  meseta  capturada y ocupada  por  Israel en las guerras de los  Seis  Días  (1967  )  y  Yom Kipur (1973).


 

Otro  elemento  que  atiende al problema  sirio, es el económico. Si bien su principal recurso  es el petróleo, la producción no alcanza un volumen comparable al libio. Para comercializarlo, Siria necesita tener en los bancos occidentales garantías para sus  transacciones. Basta con congelar tales garantías, para  cortarle  la yugular  a Damasco. Para materializar ese  objetivo, Washington  ha decidido tomar medidas tales como: bloquear las propiedades del gobierno sirio; prohibir a personas y corporaciones estadounidenses hacer nuevas exportaciones o inversiones en Siria; prohibir todas las importaciones a Estados Unidos; y todas aquellas que tengan que ver con el petróleo sirio o sus derivados; congelar activos sirios en Estados Unidos y prohibir a personas y corporaciones hacer negocios con varias empresas o personas. Mas, aun el 29 de    abril de 2011,  dictó la Ley  13572, en la cual menciona, incluyendo al presidente, los nombres de personas involucradas en violaciones de derechos humanos. Se  adiciona  a ello, la firma por  Obama de la  Orden Ejecutiva 13573 del 18 de mayo de 2011  en la que se identifica al gobierno sirio y varios de sus principales funcionarios, incluyendo al presidente al-Assad, como responsables de la escalada de violencia en su país, además de imponer el 22 de julio de 2011 restricciones de viaje al personal diplomático sirio acreditado en Estados Unidos. A las  medidas norteamericanas se suman  las adoptadas  por la Unión Europea, la cual ha introducido   un   embargo de hidrocarburos,  vetando  así la importación de petróleo desde Siria. Si  convenimos que, ya la economía siria  estaba seriamente debilitada,  pues su  sector turístico, que constituye el 12% de la economía, está  paralizado; es  evidente que las  medidas estadounidenses  y europeas  terminaran por asestarle un golpe  demoledor a   este país, que  vende el 95% de todo el crudo que extrae a Europa, lo que   constituye   el  30% del presupuesto estatal. En resumen,  estamos hablando de que en estos momentos, con casi un 50%  de la economía lisiada, si Siria, no  es  asistida inmediatamente  por algunos  de sus aliados, el desbarajuste económico, la  encaminará indefectiblemente  hacia una guerra  civil.

 

Otro   asunto  que haría  esta  síntesis  incompleta, lo constituye  la  cuestión  política  del problema, esta, que  se combina con lo  religioso, tiene  dos caras,  la interna caracterizada por que  la población de Siria pertenece a diferentes confesiones. Los musulmanes son los más numerosos y constituyen el 90% de los habitantes, una cantidad que se reparte entre los suníes (entre el 67% y el 74%), los chiíes (12-13%), los alauíes (8-9%) y los drusos (rama del chiísmo ismailita, con alrededor del 3%). El 10% restante pertenece a otras  corrientes. Para mantenerse, en el  poder, el régimen permite  que  el 90% del gobierno formal sea suní y cristiano. Sin embargo, el poder  real, lo detenta  el  presidente    alauí, Bashar al-Assad, que es  el  comandante en jefe de las Fuerzas Armadas,   donde su minoría religiosa y su  clan familiar, controlan el Ejército, el cual está integrado  por el subgrupo minoritario chií Alawiyin (seguidores de Alí o alauíes), en contraposición a la inmensa mayoría de la  población   siria  que  profesa la fe  sunnita. En razón de tan  execrable distribución del poder, (símil  de lo que ocurre  en Bahrein, pero a la inversa, donde  una minoría sunnita,  subyuga  a la inmensa mayoría  shiita ), desde 1978  existió una campaña terrorista de asesinatos contra miembros del partido gobernante Ba´ath por parte de los Hermanos Musulmanes, que posteriormente,  se extendió  hacia la comunidad gobernante  alawita  y contra los drusos, a  quienes  se  les  acusaba de colaborar con el régimen. La situación interna se mantuvo  inestable, hasta alcanzar  su  cenit en 1982 con el levantamiento de Hama. En  esta oportunidad, los Hermanos Musulmanes tomaron la ciudad y masacraron a todos los representantes en ella del gobierno ba´athista “infiel” y  a  sus  “colaboradores”  drusos.   La respuesta de Damasco  fue tan  violenta,  que con  un saldo de 20 mil  muertos, aplastó la revuelta. En cuanto a la parte política externa  del problema,  es evidente que  a desemejanza  de Libia, en el rompecabezas   sirio,  la  oposición  apenas empieza  a  articular  una alternativa creíble, lo que le  dificulta  apoyo internacional.

 

Finalmente, por lo que atiende al tratamiento  iusinternacional  que  se le  ha dado  al  asunto  libio  y  su contraste  con el sirio, está claro que   la Resolución que aprobó el Consejo de Seguridad de la ONU,  se  apoyó en el principio de  la responsabilidad de proteger (RdP), dirigido a socorrer  los civiles. La  misma  fue apoyada por la Liga Árabe y   habilitada por  las  abstenciones  de la Republica Popular de China (RPCh) y de la Federación de Rusia. Sin embargo,  en  el abordaje   que  el tema  sirio pueda tener en el seno del Consejo de Seguridad, la conducta  respecto a  la  propuesta de una Resolución semejante a  la Libia, sea quizás  diferente. En efecto, si bien  es  posible  que China   repita  el  pasaje  anterior,  donde  se  vio compelida     a renunciar a su derecho de veto, so pena de perder todo acceso al petróleo  saudita, diferente  será la postura de Rusia, que sin duda   recurriría  al veto.  No  obstante, si la situación  entra en un callejón sin salida  y  el carnicero de Damasco logra columpiarse  en el poder, basado en  la presunción, de que  la salida militar en su contra, siempre   será bloqueada en la ONU; a nuestro juicio,  estaríamos ante los  siguientes   escenarios: Uno, que prospere el   Plan  de paz de la Liga  Árabe, que  consta de 13 pun­tos entre los que destaca el cese in­mediato de todos los actos de vio­lencia contra los civiles, la retirada del ejército de las ciudades, la for­mación de un gobierno de unidad nacional y el anuncio de elecciones libres en 2014. Dos, que Rusia logre la implementación de su  Iniciativa  de paz, sin excluir a   Bashar al Assad del proceso,  Tres, que las potencias occidentales y Turquía suministren armamento a través de las porosas fronteras sirias  alentando con ello,  una guerra  civil en el país  y  Cuatro, que  la  OTAN, usando el precedente de Kosovo,  patee nuevamente el tablero  del orden jurídico internacional  y proceda manu militari, a apoyar la parte más débil  del conflicto aplicando   una solución, con o sin el aval de la ONU.

 

Por  Euclides  E. Tapia C. Profesor Titular de Relaciones Internacionales de la  Universidad  de Panamá.





Etiquetas:   Medio Oriente   ·    Muammar Gaddafi

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