No avergüenza a los hombres, la estirpe más dulce, regodearse con la sangre recíproca vertida, hacer la guerra y encomendar a sus hijos que la hagan, cuando hasta entre los animales y las fieras hay paz.1
No avergüenza a los hombres, la estirpe más dulce, regodearse con la sangre recíproca vertida, hacer la guerra y encomendar a sus hijos que la hagan, cuando hasta entre los animales y las fieras hay paz.1
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