Las drogas, un problema individual y colectivo



A menudo, la publicidad ha actuado como formato prescriptor y difusor de campañas de prevención sobre el consumo de drogas. Los eslóganes, desde siempre, se han centrado en consejos para dejar las drogas y en ofrecimiento de información gratuita para personas y familias afectadas. Sin embargo, no todas las campañas de publicidad son buenas y efectivas y, no necesariamente, una campaña impactante es adecuada. En ocasiones, somos muy poco conscientes de cómo puede afectar una campaña publicitaria dura e intensa sobre el uso de drogas a personas aquejadas con algún trastorno de ansiedad o depresión. Personas que, tal vez, consuman drogas porque su salud mental no les ha dejado numerosas alternativas en sus vidas.

 


¿Es importante concienciar sobre las consecuencias negativas de consumir drogas, ya sean blandas o duras? Sí. ¿Es completamente necesario hacerlo con un tono de ultimátum y carteles publicitarios violentos? No, o depende mucho del contexto. Del mismo modo, es ingenuo presuponer que la mera tarea de concienciación es suficiente. Es importante empatizar con el contexto social de las personas con problemas de adicción. Si no se entiende que el sistema capitalista y la sociedad desenfrenada y deshumanizadora en la que vivimos es, en parte, culpable del porcentaje actual de drogadicción, poco podremos hacer.

En otras palabras, si no se aborda el problema en las clínicas de rehabilitación de drogas desde una perspectiva colectiva y, no solo individual, posiblemente no consigamos que la persona afectada experimente una mejoría considerable o, no seremos capaces de ofrecerle herramientas de rehabilitación más allá de un parche momentáneo. El tratamiento de cocaína es fundamental, es necesario, hay que comunicarse con pacientes potenciales y familiares para que lo conozcan. Sin embargo, también tenemos que trabajar para hacer que nuestra sociedad sea un poco mejor cada año que pasa. Un poco más segura para todos los individuos, un poco menos estresante, un poco menos asesina.

Porque, al fin y al cabo, el discurso sobre que todos tenemos las mismas oportunidades, es una falacia. La depresión y, con ella, el consumo de drogas, no aparecen porque sí. Analizar las raíces del problema es fundamental.



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A menudo, la publicidad ha actuado como formato prescriptor y difusor de campañas de prevención sobre el consumo de drogas. Los eslóganes, desde siempre, se han centrado en consejos para dejar las drogas y en ofrecimiento de información gratuita para personas y familias afectadas. Sin embargo, no todas las campañas de publicidad son buenas y efectivas y, no necesariamente, una campaña impactante es adecuada. En ocasiones, somos muy poco conscientes de cómo puede afectar una campaña publicitaria dura e intensa sobre el uso de drogas a personas aquejadas con algún trastorno de ansiedad o depresión. Personas que, tal vez, consuman drogas porque su salud mental no les ha dejado numerosas alternativas en sus vidas.

 


¿Es importante concienciar sobre las consecuencias negativas de consumir drogas, ya sean blandas o duras? Sí. ¿Es completamente necesario hacerlo con un tono de ultimátum y carteles publicitarios violentos? No, o depende mucho del contexto. Del mismo modo, es ingenuo presuponer que la mera tarea de concienciación es suficiente. Es importante empatizar con el contexto social de las personas con problemas de adicción. Si no se entiende que el sistema capitalista y la sociedad desenfrenada y deshumanizadora en la que vivimos es, en parte, culpable del porcentaje actual de drogadicción, poco podremos hacer.

En otras palabras, si no se aborda el problema en las clínicas de rehabilitación de drogas desde una perspectiva colectiva y, no solo individual, posiblemente no consigamos que la persona afectada experimente una mejoría considerable o, no seremos capaces de ofrecerle herramientas de rehabilitación más allá de un parche momentáneo. El tratamiento de cocaína es fundamental, es necesario, hay que comunicarse con pacientes potenciales y familiares para que lo conozcan. Sin embargo, también tenemos que trabajar para hacer que nuestra sociedad sea un poco mejor cada año que pasa. Un poco más segura para todos los individuos, un poco menos estresante, un poco menos asesina.

Porque, al fin y al cabo, el discurso sobre que todos tenemos las mismas oportunidades, es una falacia. La depresión y, con ella, el consumo de drogas, no aparecen porque sí. Analizar las raíces del problema es fundamental.




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