. El propio doctor Sánchez hizo ver que
había muchos indicios de que algo se escondía.
La ministra de educación del actual gobierno ha dado por
cerrado el asunto del plagio, como si tuviera autoridad para abrir y cerrar
temas a su antojo. Pero la cuestión está y estará de actualidad durante mucho
tiempo. Ante esas declaraciones, tras el “Consejo de Ministros y Ministras”, Isabel
Celaá ha vuelto a hacer el ridículo. Y van…
El plagio es “imitar una obra o idea sin declarar su origen”.
Y el doctor Sánchez es lo que ha hecho repetidamente en su “tesis sin tesis”,
al decir de Camacho, cuya calificación
fue de sobresaliente ‘cum fraude’. Incluso voy más allá: bien podría hablarse
de cómo se miente sobre esa, con fraude añadido, lo que podría servirnos como
explicación del título de este artículo.
“Sánchez está molesto, y es comprensible, porque el escándalo
le ha estropeado el paso. Y más en su previsto día grande, el del decreto para
desenterrar a Franco”, dice Ignacio Camacho en su artículo de ABC. Ha dado en
la diana con una precisión milimétrica. Sin duda, yo no lo hubiera dicho mejor,
pero sí podía haberme callado el autor y las comillas, incluso jugar a
reinterpretar la idea, como si hubiera sido de cosecha propia: “el presidente
–podría haber escrito—entiendo que no esté conforme dado que el plagio le ha
pillado en bragas; máxime, si tenemos en cuenta que el decreto de la exhumación
del dictador auguraba una gran fiesta para el Ejecutivo y para todos sus apoyos
parlamentarios”.
Ese último entrecomillado hubiera sido mi refrito y, a la
vez, fusilamiento de idea. Es una técnica que dominamos bien –o eso
creo—quienes llevamos muchos años escribiendo a diario, pero existe lo que se
conoce como ética periodística, la disciplina personal, fidelidad a la verdad,
además de honradez didáctica y de pensamiento.
Déjense de porcentajes para dilucidar si hay plagio o no lo
hay. El propio doctor Sánchez hizo ver que había muchos indicios de que algo se
escondía. Y de esos indicios, que no son delito, tiraron los “plumillas” a
sabiendas de que algo se ocultaba. Y así fue. Tras la publicación de la tesis
en internet, y después de mentir premeditadamente el doctor Sánchez en el
Parlamento, se ha podido comprobar que el plagio es aún mayor de lo que
demostraron El Mundo, ABC, OkDiario, así como decenas de expertos, muchos de
ellos profesores universitarios de reconocido prestigio; por cierto, sin contar
el fraude que supone la propia composición del tribunal de tesis. Los propios
tuiteros han aumentado el número de puntos donde existe plagio. Personalmente
-- y sin utilizar los imperfectos programas antiplagio—he detectado dieciséis
párrafos completos y parte de otros que se han volcado textualmente; es decir,
el típico y burdo copio-pego, refrío, ajusto e igualo.
Precisamente, en una de mis clases de la próxima semana,
sobre “ortografía práctica y redacción periodística aplicada” tengo programado explicar al alumnado cómo se
hace un plagio y cómo detectar plagios en la “tesis sin tesis” (Camacho) del “Sobresamiente cum fraude” del todavía
doctor Sánchez. Evidentemente, todo ello se hará en la práctica y con técnicas
sencillas, alejadas de Turnitin o plagScan, entre otros.
Como ya se ha hablado mucho sobre el hábito de la mentira en
el doctor Sánchez y de las distintas formas y modalidades de plagio que ha
cometido, no me extenderé en ello. Pero sí quiero dejar constancia de que “Sus
socios, (…) le van a echar un cable vergonzante para que el Congreso no lo
ponga colorado. Pero en sus adoradas redes sociales, en la prensa internacional
y hasta en los bares del barrio, su ya poco brillante mandato aparece deslucido
por un debate sobre la palabra innombrable: plagio”, tal y como leo en “La
tesis sin tesis”, del antes mencionado Ignacio Camacho. Y, sin duda, no puedo
estar más de acuerdo. Doy.
Jesús Salamanca Alonso