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La Civilidad frente a las tendencias de ultraderecha


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10/09/2018


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En la década de los noventa, después de la desaparición de la URSS, en la izquierda se vive una orfandad ideológica. El marxismo que había levantado por 70 años la lucha de clases para imponer el socialismo, o el social cristianismo generado en el Concilio Vaticano II, dejan de iluminar las utopías de izquierda y se vive la apostasía en los partidos marxistas, los que se declaran en reflexión para pasar a redefinir sus estrategias. 


La decadencia de la centro izquierda proviene principalmente de la corrupción de la que ha sido protagonista por décadas. Chomsky ha señalado que crisis de gobiernos de izquierda en América Latina fue causada por la corrupción y por haber abandonado la industrialización, resignándose al modelo neoliberal, con exportación de materias primas

Si se revisa las causas profundas de esta decadencia, tendríamos que remontarnos a los años 80, con la social democracia europea siguiendo la perestroika y adhiriendo a las reformas que impulsaban personajes como Lech Valesa o Mijail Gorbachov; de suyo ingresaron a los noventa sin sus clásicos catecismos, con un mundo que avanzaba en la dispersión del poder mundial y en un nuevo orden económico global, liderado por las grandes corporaciones supranacionales.

En Europa las fuerzas de centro izquierda encontraron en la integración regional europea un espacio de poder político, que se basó en el Estado de Bienestar, que aseguraba derechos sociales, con una economía social de mercado. Pero, en el derrotero de los 90, esas fuerzas se ven encandiladas por la globalización y pasan a ser impulsores de un nuevo orden , en donde se convierten en aliados de un modelo supranacional, el que lamentablemente fue minando la industria europea, por la migración de las multinacionales al Asia.

Al iniciarse los 90, las élites de políticos de centro o ultra izquierda que se habían asilado en Europa, vuelven con una nueva impronta y no tienen escrúpulos en negociar la transición sin tocar ni con el pétalo de una rosa los pilares del modelo construido en dictadura. Esto podría explicar, en parte, el fenómeno de la transición chilena, en donde los tecnócratas de la centro izquierda, salvo excepciones, adhieren al modelo neoliberal instaurado en dictadura mediante la Constitución de 1980, a la que se reconoce así plena legitimidad y se compromete su continuidad por 4 décadas. Más que tratar de reformar esa Constitución, en la administración de Aylwin, Frei, Lagos y Bachelet se profundizó el modelo extractivo de materias primas, se abrió la economía a los servicios, se debilitaron las normas ambientales. Entre los gobiernos de derecha que se alternaron hasta el segundo período actual de Sebastián Piñera, prácticamente no hay diferencias entre la aún llamada “centro izquierda” y la “centro derecha”, ya que son socios de un modelo que administran con similar convicción, sirviendo a los mismos intereses.

El fenómeno de corrupción que se ha vivido a diestra y siniestra, con operadores internacionales asociados con las élites de centro izquierda, llámese PRI en México, Partido de los Trabajadores en Brasil, el Kichnerismo en la Argentina, la Concertación en Chile. Todos han estado imbricados con los mismos grupos internacionales, con una falta de fiscalización de parte del Estado, la extracción depredadora de recursos naturales. y una concentración vergonzosa de la riqueza, todo lo cual deja a la sociedad en un alto riesgo de caer en un nuevo régimen militar, más despiadado que el ya vivido.

La realidad reciente de corrupción en Carabineros y FFAA con Fondos Reservados derivados de las exportaciones de Codelco, así como todos los hechos de financiamiento irregular de la política con uso de facturas ideológicamente falsas, hablan de un deterioro ético profundo de nuestra sociedad. Es imposible no inventariar en el análisis la gran cantidad de casos de malversaciones, nepotismo, prevaricaciones y delitos tributarios,  cubiertos todos con un manto de impunidad, que se ha vivido a ojos vista de la opinión pública o de la Contraloría General de la República. 

Chile ha caído en el mismo fenómeno político de corrupción que la región. Un alerta tardío ya que a nivel de política mundial aparecen las consecuencias del repudio a la corrupción de los partidos oficiales, de centro izquierda o de centro derecha. Y ello ha generado la emergencia de nuevos grupos, como el Frente Amplio, Evópolis o Grupos Liberales en Chile, que, sin un ideario o programas acabados, son expresión visceral del descontento social. Es así como aparece también  la reacción de la derecha dura, que reivindica la era pinochetista, que ofrece un orden militarizado, límites a la migración y seguridad frente a la delincuencia callejera, sin comprometer nada para combatir los ilícitos económicos.

La abstención de un 60% del electorado potencial es otro hecho de la causa y muestra que frente al fracaso de las experiencias vividas y la corrupción evidenciada, la reacción de la ciudadanía ha sido de apatía, irresponsabilidad, abulia. Hay otros que descartan el sufragio para echar a los que se han convertido en obsecuentes servidores del modelo y que han traicionado los principios de la izquierda republicana, ésa que aspira a recuperar soberanía.. La aspiración  máxima es poder volver a relaciones cívicas republicanas que estuvieron en la Constitución de 1925, que permitía un rol del Estado conductor y empresario, que permitía promover o gestionar industrialización interna. Si esa utopía acotada fuese el mínimo común denominador por el que luchen las fuerzas democráticas de izquierda, sin apellidos mayores, se podría integrar un proyecto cívico extendido, que signifique negociar con soberanía las alianzas con inversionistas externos, bajo reglas que no sean leoninas ni depredadoras del patrimonio natural e intangible de nuestro país.

La ultraderecha es nostálgica de la dictadura y quiere reimplantar un Estado policial. El Frente Amplio, de la vereda intermedia, podría, a partir del fracaso del libertinaje imperante, que estruja el negocio en donde sea, proponer una economía de colaboración, a escala humana y ecológica. El encarar la dominación de los grupos es herir sus intereses profundos y la reacción puede ser simplemente un Estado policial, en el cual las FFAA y Carabineros estén al servicio del poder, sin ética pública y con denegación de justicia para las víctimas de abusos y represión del Estado. La fuerza de la civilidad vuelve a ser el voto masivo y un sentido común que deje fuera los dogmas y plantee un camino republicano de soberanía y decencia.

La amenaza de la derecha dura está orbitando y la respuesta ciudadana debiera ser inteligente, el voto que no se ha ejercido debe ser canalizado a candidatos que puedan asegurar ese estándar ético para recuperar república, con controles equilibrados y desmantelamiento de los grupos de poder, sus pretorianos y sus lobistas, que hoy nos dominan.





Hernán Narbona – Periodismo Independiente @hnarbona @forovalposible

10 de septiembre de 2018.



Etiquetas:   Política   ·   Anticorrupción   ·   Sociedad Civil

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