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EL Hoy como esperanza del mañana


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07/09/2018

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“…basta de hipotecar, el sudor de mi pueblo, pueblo sufrido sin culpa y tan bueno, tierra patria nuestra y ajena…” Alí Primera. 1973


 

Una mezcla de incertidumbre, esperanza, intriga y corazón es la forma de describir a una sociedad que apuesta en el día a día a que ocurran cambios estructurales en la economía que lejos de la complejidad de la materia, se traduzcan en mejoras en la calidad de vida de los habitantes de estas tierras marcadas por el Orinoco.

Los alcances de las medidas económicas son tangibles en la misma medida que los habitantes sientan que las cosas a su alrededor comienzan a cambiar, que progresivamente se llega al estado de satisfacción o confort que se perdió en alguna parte de este recorrido tormentoso para los padres y madres de familia, aquellos que vieron a sus hijos partir bajo la conclusión que en este país no podían tener futuro.

Algunas frases depiladoras como aquellas en las cuales los padres se preguntaban ¿Cómo sus hijos podrían comprarse un apartamento y hacer su vida en medio de esta crisis? Son uno de los tantos problemas que estamos obligados a revertir como nación, en el entendido que el problema no lo tiene el Ejecutivo Nacional, se trata de un problema de Estado, puesto que los profesionales que se marcharon fuera de nuestras fronteras no deben verse como aliados del Presidente que perdió, deben verse en su cruda realidad, mano de obra calificada que pasa a ser el “Útil” para otros Estados que no invierten en su preparación y les aprovechan para su desarrollo.

Si  el maestro Rodríguez nos pidió reformar la escuela, inferimos en que su solicitud no se circunscribía solo a la Escuela como estructura, sino a quienes forman y son formados, en general, la propia sociedad debía evolucionar y desarrollarse  en el mismo ritmo que lo hacia su proceso de formación educativa, de ser así, ¿por qué insistimos con nuestra indiferencia en que lo que ocurre en la economía y la sociedad es un problema del gobierno y no de una población que pasa por naturaleza a ser el primer afectado de la crisis? Seguimos en nuestro comportamiento aceptando que no somos los llamados a transformar la realidad que nos golpea, dejamos en otros la tarea que nosotros debemos asumir en el histórico-concreto.

El cambio de un país que poco a poco fue deteriorando sus instituciones, sus activos, su gente no se realiza como muchos creen, no se darán cambios de la noche a la mañana y no pasaremos a una mejor economía al amanecer sin haber realizado sacrificio alguno, los cambios pasan por un proceso gradual, incluso cotidiano, en el día a día, con las acciones que hicimos ayer y que hoy deben erradicarse definitivamente. ¿O seguiremos insistiendo en colas en las entidades bancarias para hacernos de efectivo? algunos en su intención de adquirir bienes y servicios en la vieja escuela del comercio en cash, o en negocios para otros, que han encontrado en la venta del efectivo, una forma aberrada de enriquecerse en detrimento de una economía que ha sido noble, para todos los ataques que ha tenido.

Debemos seguir recorriendo comercios para conocer los precios del día o ya es hora de debatir sobre los costos reales en la producción de bienes y servicios, aquellos costos que no tienen nada que ver con los precios en los que se comercializan los productos en el país, basta con escuchar de un conductor, quejarse con que el pasaje tasado en Bs. S. 0,20 no alcanza para comprarse nada, como que su lógica le dijera que con un pasaje podrá comprar un caucho, ¿un ejemplo de ignorancia o de no entender que el trabajo es sinónimo de sacrificio? Lo cierto de la realidad económico-social, (porque no pueden verse esos elementos por separado), es que nuestro trabajo debe ser el verdadero soporte de nuestra economía, no los recursos naturales como ha sido el tratamiento desde el gobierno, una economía sólida, implica una mano de obra preparada, una academia abocada a la investigación de los procesos sociales - económicos y la solución a sus problemas estructurales, una sociedad creyente de la producción local con tecnología nuestra y no en una ciudad de plástico donde en vez de un sol amanece un dólar como entre blancas y negras transmitió el poeta Rubén Blades.

Revertir la diáspora Venezolana, recuperar el poder adquisitivo en nuestra economía, volver a generar en los trabajadores la confianza en lo que hacen, así como, volver a ser competitivos en los mercados internacionales son aspiraciones concretas de un país que se niega a retirarse del espacio que debe tener en el escenario internacional, cuando muchos de estos elementos se hayan conquistado, será el momento propicio para sentarnos como pueblo y discutir las nuevas reglas del juego, aquellas reglas que nos dicen que no podemos seguir viviendo del Estado y que la economía no debe ser para comerciantes, que la Universidad no debe ser solo  para formar Profesionales, que el fin último o la que se beneficie de todos los procesos productivos, sea una señora que llamamos Venezuela.

 



(*) Profesor Universitario

Etiquetas:   Venezuela

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