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Sorprende
que Pedro Sánchez tomara el poder con el apoyo de lo menos atractivo para la
sociedad democrática: independentistas, nacionalistas radicales, proetarras, republicanos
de salón y mareas mareadas, etc. Pero
sorprende más que lo hiciera en nombre de la regeneración política, sin darse
cuenta de que con los apoyos obtenidos no se puede regenerar nada aunque sí
degenerarlo del todo. Y efectivamente así ha sido, ha degenerado el panorama
social y el político, ha aventado de odio su mala gestión e incitado al pueblo
a abuchearle allí donde acude; recuerden su visita a Barcelona y su visita a
Doñana con Merkel. Lentamente se está ganando el desprecio y la animadversión
de los españoles. De momento, ya es el hazmerreír de los mentideros políticos
europeos; incluso algunos desearían que acudiese a Bruselas, por aquello de que
esa ciudad se ha convertido en el estercolero de Europa desde que acogió a decenas
de etarras y a Puigdemont y a su tropa mal avenida.
Ha
traicionado a quienes le apoyaron, a toda la ciudadanía (recuerden la
publicación de las listas de defraudadores), a sus votantes, al propio PSOE y a
su Gobierno. Septiembre se le presenta muy duro en la calle y en el Parlamento.
“Suerte” que se murieron de repente los jubilados que llenaban las calles
pidiendo lo que este caprichoso del mediocre postureo ahora les niega.
Pero
lo peor de todo es que se han aliado las televisiones para tapar la mala
gestión de este Gobierno (desgobierno), ocultar la corrupción que atenaza al
PSOE y falsificar hasta los telediarios. Para ello se ha rodeado de afines y
regalado cargos a diestro y siniestro; mejor dicho ha regalado cargos a lo más
siniestro del panorama informativo. Y así nos cubre el pelo. Ayer, estando en
Barcelona, en el homenaje a las víctimas de los atentados, y aprovechando el
momento de montarse en el coche oficial, miles de personas le gritaron
"farsante", "imbécil", "hipócrita",
"cardo", "cerdo",... pero eso no ha salido en las TV como
no salieron los miles de abucheos cuando embarcaba hacia Doñana, donde la
ciudadanía presente en la playa puso a caldo a su compañera y a su persona. A
eso se llama desinformación, degeneración informativa; pero a ello solo se
llega cuando, quienes tienen que informar, ya participan de esa degeneración. Lo
de la falsedad e irregularidad de su tesis doctoral lo dejamos para otro
momento, sobre todo para no añadir más elementos de corrupción y falsedad. Por
cierto, tampoco se ha tratado en las tertulias ni en los telediarios. ¿Ha
sucedido lo mismo con el máster del tal Casado, hoy fuera de toda duda, según a
universidad que lo impartió?
En
fin, visto lo visto, ya vale todo, como en Tabarnia y en Tractoria. Echen una
ojeada a lo sucedido el sábado en Gerona, donde los aficionados del Real
Valladolid fueron amenazados por grupos fascistas del independentismo catalán.
Y todo porque portaban una bandera de España con el escudo de su equipo en el
centro. ¿Cómo hemos de llamar a esa actitud? Acciones así no forman parte de la
libertad de expresión. La afición castellana no hizo nada que no hagan otras
aficiones futbolísticas de España. En
estos temas, el Gobierno demuestra una cobardía inusual. Sorprende que no se
haya reinstaurado el 155, por necesidad. Al menos, en este tema, Rajoy supo
estar a la altura, aunque se aplicara mal por imposición socialista.
Vista
la situación que vive España en este momento, no me cabe más que aconsejar
cuanto recomendaba García Lorca: "Mira a la derecha y a la izquierda del
tiempo y que tu corazón aprenda a estar tranquilo".
Jesús
Salamanca Alonso