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¡Urge tirar a la basura la maldita reforma educativa! ¡Es un peligro!


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28/08/2018


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   Cuando los primeros monjes dominicos y franciscanos, principalmente, arribaron a lo que fuera La Nueva España traían un objetivo muy claro, catequizar a los indios, de pasadita, acumular algunas propiedades y riquezas y muy buena onda como eran, se entregaron a la tarea de enseñarles a hacer trabajos de artesanías en barro y telares, de esas que puedes comprar a precios de baratija en muchas banquetas de la Ciudad de México o a precios de oro en el Aeropuerto Internacional  pero de ninguna manera a compartirles instrucción académica de ningún tipo.  Se trataba de domesticarlos, hacerlos dóciles y sumisos mas no de enseñarles a pensar y razonar por sí mismos.  ¿A qué poderoso, en su sano juicio podría tener un pueblo instruido y pensante? ¡Semejante cosa es una aberración! ¡Un peligro para el sistema! Por eso, aunque poniendo otros pretextos expulsaron a los jesuitas de España y la Nueva España en el año de 1767, los muy infames estaba enseñando matemáticas, física, química, biología, a leer, comprender y a escribir. ¡Vaya! En resumen ¡A pensar! Y eso es algo que en forma alguna se puede ni debe permitir.   Semejante lastre nos sujeta desde aquellos “lejanos” ayeres y no conseguimos soltarnos de él. Siempre habrá una Elba Ester Gordillo, un Andrés Manuel López Obrador o algún otro tipejo de esos que ponga en marcha todas sus artimañas, incluso violentas como las que acostumbran la dichos Sección 22 del Sindicato Nacional de Trabajadores de Educación (SENTE) y otros tantos grupúsculos mafiosos. ¿Quién podría querer reorganizar el sistema educativo en México? La anodina comodidad alcanzada por esos “heróicos maestros” no debe ser tocada ni con el pétalo de una rosa. ¿Qué los alumnos salen siendo unos burros de primera marca que no tan la flauta ni por casualidad?  ¡Mejor aún! Eso fortalece a los liderazgos monolíticos, a la corrupción que tantos beneficios trae para esa anquilosada burocracia.   ¿Para qué reorganizar las escuelas públicas? Tan contentos que están los maestros y directivos con ese sistema de sentencias prefabricadas e irreflexivas que los niños deben aprender, literalmente hablando, como periquitos. ¿Porqué molestarse en sacudir un poco la polilla y hacer que las neuronas se ejerciten un poco? 


Lo mejor es la calma, la quietud, la ausencia de irritantes cuestionamientos. ¡Por cierto! La gran mayoría de las escuelas privadas no cantan nada mal las rancheras en ese sentido, el hecho de pagar una costosa colegiatura no siempre te garantiza una mejor instrucción académica para tus hijos ¿Si tan solo pudieras escuchar las maravillosas clases de espanglish que con frecuencia oigo durante mi desayuno o los discos de diez pesos, de esos que te venden a las afueras del Mercado de la Merced con los cuáles les enseñan a los niños te morirías de un fulminante infarto. ¿Qué objeto tiene profesionalizar a los maestros, hacerlos más instruidos y capacitados, mejores y más sensibles personas?  ¿Y luego a quiénes vas a mandar a rociarles un spray en llamas en las caretas protectoras a los granaderos? ¿Quiénes se encargarán entonces de pintarrajear y destruir monumentos históricos, edificios y casas públicos y privados? ¿Quiénes se dedicarán entonces a saquear todo tipo de comercios y establecimientos aprovechando la revuelta?

 

  ¿Para qué diablos revisar y modificar los contenidos? Nuestros héroes de cartón están bien en donde se encuentran: Cuauhtemoc (como si hubiese sido un dulce angelito antes de la llegada de los Españoles), Benito Juárez y sus múltiples traiciones a México en sus más de treinta años de gobierno, Diego Rivera con su contradictoria forma de “pensar y pintar” con la de vivir y muchos más. Lo mismo los villanos, Hernán Cortés, Maximiliano de Absburgo, y otros, la revisión ecuánime y bien documentada de los hechos resulta no solo ociosa, sino profundamente fastidiosa para nuestro “orgullo nacional”.  Y luego, para acabarla de, está el tema de la inclusión cuando de lo que se trata es de tener a un pueblo dividido, resentido y confrontado entre sí obviamente también con el propósito de manejarlo a placer. Es por eso que ¡Urge tirar la reforma educativa! Después de todo podemos tener "Universidades" como la de La Ciudad de México que generan muchos grillos acríticos pero ni un solo profesionista, y mucho menos serio y capaz, hasta la fecha.¡No faltaba más! Después de trodo se trata de acabar con el "mito" de la excelencia educativa, todo mundo tiene derecho a un título, aunque éste sea de cartón corrugado recogido en algún basurero y esté firmado por una autoridad educativa absolutamente iletrada.



Etiquetas:   Política   ·   Programa de Gobierno   ·   Sociedad Civil

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