. La apología del odio, lo políticamente correcto y maneras retorcidas de extinguir la libertad de expresión.
¿Quién no ha
escuchado un chiste de Carrero Blanco batiendo récords de altura? ¿O uno sobre
lo fácil que es introducir varios miles de judíos en el cenicero de un coche?
¿O uno sobre gitanos robando cobre o sobre negros recogiendo algodón? El
humor... barómetro de la libertad de expresión. Hace años, recuerdo reírme a
carcajada limpia de los primeros chistes que escuchaba sobre Irene Villa, y
tampoco era raro escuchar algún chiste un poco "subido de tono" en la
tele. Pero eso ya no ocurre.
El otro día
me encontré con una serie de monólogos del club de la comedia de Paramount. Y
me sorprendió. Estaban haciendo bromas sobre temas tabú por los que muchos
podrían ofenderse. Me sorprendió no por su contenido, sino porque no recordaba
ya un descaro así en la comedia desde hacía años. Y no sin razón, ese monólogo
tenía unos 7-8 años. Hoy en día, hacer un monólogo así, supondría la muerte
pública del cómico, mientras hordas de ofendidos profesionales verterían su
bilis a las redes pidiendo la cabeza del susodicho.
¿Qué nos ha
pasado? ¿Desde cuando tenemos la piel tan fina? ¿Cómo es posible que a estas
alturas estemos retrocediendo a una época en la que la censura era ley? ¿Habrá
sido Internet? En cualquier caso, la excusa siempre es la misma, proteger la
pureza moral del pueblo, porque así acabarán todas las injusticias y todos
seremos felices y comeremos perdices. Durante la dictadura, institucionalizada
además, la censura echaba el tijeretazo a todo aquello que el aparato censor
consideraba que corrompía la moral del espectador, que por lo visto, era
demasiado bobo e infantil para discernir la realidad de la ficción. Hoy, están
volviendo esos tiempos, pero esta vez de mano de los adalides de los oprimidos,
aquellos que se han puesto la bandera de defensores del pueblo, aquellos que
reparten carnets de oprimido y de opresor. Los estructuralistas, los
postmodernos, los ofendidos profesionales.
Quién nos
diría que lo que empezó con los tuits del concejal de Ahora Madrid, se
convertiría en la caza de brujas a raperos y tuiteros que está llevando a la
cárcel a gente solo por opinar. Quién iba a pensar que unos tuits de humor
macabro en 2011 llevarían a Gunn, creador de Guardianes de la Galaxia, a la
puta calle. Quién iba a pensar que los paladines de los oprimidos formarían
turbas virtuales para acosar a todo aquel que no compartiese su punto de vista,
a todo aquel que emita un juicio distinto al suyo, y lo que es peor, a todo
aquel que elabore una ficción humorística cuyo único objetivo es reírse de los
mismos estereotipos que está poniendo en ella.
Pero es que
los faros de luz de la empatía, esa gente que es incapaz de reírse de nada sin
ofenderse, porque todo humor es ofensivo, no quiere derrumbar la censura
institucional a la que Valtonyc o los tuiteros presos han sido condenados, más
bien al contrario, quiere imponer la suya propia por puro revanchismo.
Las excusas
para este nuevo tipo de pureza moral son de lo más variopintas, por un lado
tenemos el caso de Mark Meechan, que fue condenado por enseñar a su perro a
hacer el "saludo nazi" a modo de broma para su novia y subirlo a
internet. WashingtonpostDelito de
odio al canto, maravilloso. Por lo visto, hería las sensibilidades de la
comunidad judía y hacía apología del holocausto. O eso dijo el juez. Yo veo un
chiste, sin más. Por otro
lado, y esto es lo que me ha hecho encenderme, tenemos este caso, de ayer
mismo,al parecer: twitter
He aquí a
Rober Bodegas teniendo que disculparse por unos chistes que hizo con referencia
a los gitanos. ¿Ofensivos? Por supuesto, porque para eso está el humor, para
sacar los colores y las carcajadas, para hablar de lo que de otra forma no se
puede, para sacar los estereotipos y los clichés a la luz y reírse de ellos.
Pero no faltará el que diga que no, que no es así, que lo que pasa es que Rober
es racista/machista/homófobo/apologista del terrorismo/nazi o vete tú a saber
qué, que lo que Rober hace es justificar un discurso de odio, que eso no es
humor porque está insultando a un colectivo históricamente oprimido y bla, bla,
bla. Justo el mismo patetismo de los que quieren encarcelar a gente por hacer
chistes de Carrero Blanco. El maniqueísmo de los que solo ven aliados o
enemigos por todas partes, de los que no leen el contexto, de los que solo
quieren sentirse ofendidos para poder ser adalides de los marginados y los
oprimidos.
¿Por qué me
molesta tanto? Porque ni Rober, ni Gunn, ni Valtonyc, ni Mark han hecho daño a
nadie más que al frágil ego de los inquisidores del siglo XXI. Porque hace 10
años éramos libres de decir lo que nos saliera de ahí mismo y si a alguien no
le gustaba, que no mirara, que para algo era una parodia. Y sin embargo, nos
estamos volviendo todos locos. Discutiendo para ponerle límites a la ficción
por considerarla de "mal gusto", peleando por ver quién pertenece al
colectivo más oprimido, formando turbas virtuales de fanáticos que, cargados de
furia y odio, vapulean las redes para destruir la carrera profesional de todo
aquel que haya emitido algo que los haya ofendido. Haciendo eso no solo estamos
tirando piedras contra nuestro propio tejado, eliminando nuestra libertad, sino
que además estamos justificando la moralina de los que quieren ver presos a
tuiteros y raperos. Porque, ¿cuál es el límite del humor? Si tú quieres ponerle
límites a lo que no te gusta, otros te los impondrán a ti, ¿y qué habremos
ganado? Nada, sólo más represión.
Vienen tiempos oscuros, tiempos que en España
creíamos superados desde la muerte de Franco, pero que acechan a todo
Occidente. Tiempos en los que decir algo que no sea un discurso prefabricado y
autorizado por las estúpidas masas, se convertirá en un deporte de riesgo. Se
acercan losn tiempos del crimental, de la Policía del Pensamiento. Los
tiempos del precrimen, de Minority Report. Ha llegado el momento en que
nuestra propia fuerza nos debilita. Ha llegado el momento en que los sociópatas
han instrumentalizado la compasión. Hemos terminado de construir nuestra Torre
de Babel. Ha llegado el Fin de la Historia.