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Doce años de sembrar el odio y resentimiento social ya fructificaron.


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27/08/2018

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Lo que yo nunca le perdoné al viejo y al “nuevo” PRI (Partido Revolucionario Institucional), es una gravísima falta que va mucho más allá de todo el cúmulo de descomunales latrocinios que, prácticamente todos sus personajes y personeros se dedicaron a hacer durante sus primeros sesenta y nueve años de existencia y posteriormente en el sexenio del patético y mediocre aún presidente Lic. Enrique Peña Nieto y es el hecho de haber trasminado su corrupción, descaro, ambición, falta de valores y principios a la sociedad mexicana prácticamente por parejo. 


Erróneamente pensé que ningún partido o personaje político podría infligir un daño mayor a México, lamentablemente me equivoqué y de a feo porque el daño que el señor Andrés Manuel López Obrador y sus secuaces se han dedicado a propinarnos es mucho mayor aún y es el de haberse dedicado, durante los últimos doce años, día tras día, hora tras hora y minuto tras minuto a sembrar el odio, el rencor, la envidia y la avidez por el robo descarado y violento. Un ejemplo de esto último lo tenemos con la invasión de propiedades, el día de hoy pude ver como un grupo de personas de un “despachillo jurídico” se dedicaba a ofrecer “asesoría gratuita” a los inquilinos de las vecindades para arrancarles a los propietarios sus legítimos bienes y todo esto a plena luz del día, con micrófono en mano, volanteros, y todo el asunto, en la Alameda de Santa María la Ribera, mas mi alarma no habría de parar ahí, no cuando menos por el día de hoy. Resulta que hace un par de horas recibí un mensaje en mi celular publicado en Facebook en que miembros del partido Morena externaban su deseo de que “alguien asesine de manera lo más violenta posible al periodista Pablo Hirirart y a toda su familia por dedicarse a criticar día tras día al presidente electo”. Es decir, por atreverse a ejercer libremente su derecho a disentir con el presidente electo, a criticarlo por sus dichos, actos y omisiones. No hace pocos días la señora Tatiana Clouthier (quién habría de decirlo, hija del famoso "Maquío", que tanto luchó contra un régimen político monolítico y corrupto) se había aventado la puntada de decir que deberíamos bajarle dos rayitas a nuestras críticas contra el señor López porque "A dios no se le critica". ¡Ufff!  Sobra decir que en el mismo espacio respondí que naturalmente no le bajo naditita a mis críticas, sino que pondré más énfasis en sus faltas. Pero regresando al asunto de la ominosa publicación   Naturalmente de inmediato la reporté como como incitación pública al odio y a cometer crímenes y tal “deseo” no tardó en desaparecer más de treinta segundos.  No obstante considero el hecho como algo de la mayor y extrema gravedad a lo cuál no podemos, ni debemos sustraernos cometiendo el infame error de permanecer indiferentes.  Esperando al cada vez más atestado y maltratado chocabús he recibido más de una vez un escupitajo justo junto a mi zapato que algún ilustre desconocido me “obsequia” para demostrarme su desprecio y profundo odio social y personal.  Lo mismo, sentado a la barra de una fonda, mientras degustaba mis alimentos, un mesero se fue a sentar junto a mi, dándome la espalda, para comentarle a otro comensal cuán gordos le caen “los riquillos” y “güerejos.  Este tipo de historias no es nueva, ya lo vivieron en Alemania a mediados del siglo pasado con los terroríficos y a todas luces reprobables y condenables resultados que todos conocemos, en la Italia del dictador Benito Mussolini, en la España franquista y en muchos otros puntos del orbe. Ahora mismo lo están padeciendo Venezuela y Honduras, no cometamos el gravísimo, imperdonable e injustificable error de querer fingir que no está pasando nada. Tenemos la obligación moral y ciudadana de denunciar todos y cada uno de estos hechos, publicaciones de cualquier tipo, incluidas las llamadas “redes sociales”.  El objetivo es muy claro y evidente, lucrar política y económicamente con las insatisfacciones y frustraciones del pueblo, hacerse del poder y de incalculables riquezas económicas. No debemos dejar pasar ni una sola por alto aunque a primera vista nos pudiera parecer como inofensiva y como gritos al aire de algún desquiciado.  Nada más alejado de la realidad que esta última presunción, ejemplos en la historia nos sobran, solo es cuestión de abrir los sentidos, hacerles caso y gritar, tan fuerte como podamos, lo que esta pasando. A cualquier fanático desquiciado podría ocurrírsele atender a tan "heróico y patriótico"  llamado. Ya lo dijo la cancioncita aquella que entonaba la señora María Victoria enfundada en un sugestivo vestido negro bien entallada a lo que fuera su escultural figura "Cuidadito, cuidadito... cuiiiiiidadito..." 



Etiquetas:   Manipulación Mediática

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