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Aborto y congruencia


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14/08/2018


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La discusión sobre el aborto trascendió las fronteras argentinas, y tuvo un ingrediente especial en virtud de la oriundez del Sumo Pontífice, con lo cual fue mayor la virulencia de quienes deseaban que se aprobara la ley que establezca "aborto libre, seguro y gratuito".


Quién sabe si a estas horas todavía sigan las “largas filas de miles de católicos” argentinos, según la prensa, que aguardaban turno para renunciar a su pertenencia a la Iglesia.

Ello como expresión de la "apostasía colectiva", una respuesta a la no despenalización del aborto por parte del senado argentino, decisión muy cerrada, de 38 votos en contra y 31 a favor, que supuestamente estuvo influida por la jerarquía eclesiástica.

La propuesta era por un aborto libre, seguro y gratuito hasta la semana 14 de embarazo.

Obviamente la acción de darse de baja masivamente tiene ante todo un tono político y una intención mediática más que efectos prácticos. Como es costumbre en estos casos, la desinformación priva, pues hay quienes afirman que el Estado argentino da a la Iglesia una cierta cantidad de guita (dinero, pues) por cada bautizado. 

El propósito de los organizadores es el de exhibir a la Iglesia como “intolerante” en temas que están en la agenda del marxismo cultural, la posmodernidad y la corrección política.

Temas también sobre los que la doctrina católica tiene posturas muy sólidas, y acerca de los cuales no puede transigir. Esto lo saben bien quienes son católicos, debieran saberlo quienes dicen serlo, y están obligados a saberlo incluso sus adversarios para que ninguno se llame a engaño.

Por cierto, nuestro idioma, tan rico en matices y vasto en sinónimos, no se presta a confundir respeto, tolerancia, transigencia. De manera que, si bien la Iglesia es respetuosa con quienes disienten, no puede transigir en puntos que, como el aborto, le son tan sensibles.

La noción de la Iglesia sobre la concepción y la vida es muy clara. Y es también fundamental. Llámesele fundamentalista, si se quiere, puesto que en este caso el término se despoja de su conotación peyorativa.

Si la Iglesia, en un afán acomodaticio y convenenciero, cede en sus postulados esenciales, simplemente perderá su razón de existir.

La discusión sobre el aborto trascendió las fronteras argentinas, y tuvo un ingrediente especial en virtud de la oriundez del Sumo Pontífice, con lo cual fue mayor la virulencia de quienes deseaban que se aprobara la ley.

Ya en junio pasado el propio Francisco, dos días después de que la Cámara de Diputados de su país se pronunciara en favor del aborto (con votación de 131-123), fue contundente al calificar éste como una atrocidad cercana a las prácticas nazis, aunque sea “un homicidio con guante 

blanco”.

Dijo que en la actualidad "está de moda, o al menos es habitual", realizar exámenes en los primeros meses del embarazo para saber si el niño está sano o tiene algún problema;en este último caso la primera idea es deshacerse del bebé. Igual que los espartanos.

“Para tener la vida tranquila se mata a un inocente", afirmó el Pontífice. Un año antes, de regreso a Roma tras su visita a México, Francisco había declarado: 

"El aborto no es un mal menor: es un crimen. Es echar fuera a uno para salvar a otro. Es lo que hace la mafia. Es un crimen, es un mal absoluto”.

Consideró que el aborto “no es un problema teológico: es un problema humano, es un problema médico. Se asesina a una persona para salvar a otra (en el mejor de los casos) 

o para vivir cómodamente. Va contra el juramento hipocrático que los médicos deben hacer. Es un mal en sí mismo, pero no es un mal religioso al inicio: no, es un mal humano. 

Después, evidentemente, como es un mal humano cada asesinato es condenado".

El tema es por demás complejo e involucra muchos actores y situaciones; tiene varios ángulos para abordarlo, y puede vérsele desde el mirador de la salud pública, del ético, moral, religioso, social, cultural, periodístico, e incluso político…

Por ahora me gustaría comentarlo desde los puntos de vista religioso y ético, asumido éste desde la perspectiva de la congruencia, la coherencia.

Podríamos partir de un planteamiento lógico elemental: Si "a" es mayor que "b", y "b" es igual a "c", entonces "a" es mayor que "c". Para el efecto, traduzcamos así: a = La Iglesia y los católicos rechazan la práctica del aborto; b = Los proabortistas lo promueven; c = Los proabortistas no pueden llamarse católicos ni estar en comunión con la Iglesia.

Como indico línea arriba, el publicitado llamado a la desafiliación masiva, o apostasía colectiva, y ésta en sí misma tiene más que todo intereses propagandísticos.

En realidad los supuestos apóstatas no están apostatando, sino apostando al escándalo. 

Se apostata de lo que se cree; se reniega de una militancia, se renuncia a unos principios; se abjura de una religión.

Pero más parece que estas personas jamás fueron católicas, aunque están en su derecho de pedir su baja. 

Y son ellas mismas quienes devalúan su pretendida 

pertenencia (y aun querrían desvalorizar a la propia Iglesia) al comparar a la institución con un equipo de futbol.

Uno de los organizadores declaró a Página 12:

“Para quien no está representado por la Iglesia es un acto de desafiliación tal como si, a una edad temprana, nos hubiesen anotado en un club o en un partido político con el que no coincidimos”.

Bueno, así opinan, contra quienes consideran que la Iglesia fue fundada por Jesucristo mismo. La Iglesia no es un club ni una ONG, ratificó hace poco el Papa.

En tal sentido, para contextualizar digamos que un hincha del River jamás iría al estadio para apoyar al Boca, deseando que éste goleé a su equipo; y luego, si el River gana, se vuelque en contra, se despoje de la playera y se vuelva fanático del Boca.

Eso sí, hay que reconocer la congruencia: sienten que la Iglesia no los representa, y se marchan.

Hubo, en cambio, una senadora que se dijo católica pero adujo votar en favor del aborto por que sus electores no la habían escogido por ser católica sino por otros méritos.

Pero también pasaron lista personas que pese a declararse ateas manifestaron su oposición, por considerar que el tema del aborto no es una cuestión religiosa sino que atañe a principios éticos y derechos humanos.

Sin ánimos farisaicos podemos decir que el de los "apóstatas" argentinos es un ejemplo que debieran seguir muchos que acuden a Misa como a una pasarela, como a un acto social; ven el templo como si de un jardín para enamorados se tratara, o si fuese una extensión de la oficina desde donde se puede seguir atendiendo todos los asuntos vía teléfono celular.

Que se desafilien quienes no se sientan católicos sería un gran alivio para la Iglesia en Argentina y la de aquí y acullá. De veras.

Que se queden los que valoran, por ejemplo, las nuevas reglas para hacer la Primera Comunión; los que distinguen entre veneración y adoración,  entre sacramentos y sacramentales, entre liturgia y religiosidad, entre devoción e idolatría, entre fe y fanatismo, entre milagro y magia; los que asisten gustosos a las catequesis; los que acuden en sus graduaciones a Misa para dar gracias y no como un acto social…

Los verdaderos católicos, esos católicos que saben valorar su fe y se preocupan por ahondar en ella, van a agradecer que se marchen los que ven la doctrina católica como un bufet del que pueden elegir sólo lo que les place, y además exigen que todos se plieguen a sus gustos, como es el caso de los apóstatas argentinos y las “Católicas (¿) por el derecho a decidir”.

Si las normas católicas "no se acomodan a su estilo", tan fácil que es hacer lo que Enrique VIII cuando el Papa Clemente VII le prohibió el divorcio de Catalina de Aragón: que creen su propia Iglesia con reglas y lineamientos sobre pedido. Y todos en santa paz.



Etiquetas:   Aborto   ·   Iglesia Católica   ·   Papa Francisco   ·   Congreso   ·   Argentina   ·   Feminismo

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Guillermo Wagner, teologia Excelente editorial Francisco.




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