. Solo
con oírles hablar un par de minutos uno se daba cuenta enseguida de que no
tenían ni la menor idea del tema, aspecto que –sin embargo- no les disuadía de
exponer su ignorancia públicamente. El resumen de sus palabras y el de los
cientos de sms que iban apareciendo en pantalla de otros tantos espectadores era
el siguiente: ya que muchos trabajadores están sufriendo la crisis, los
maestros y profesores –que deben ser una raza aparte- también deberían joderse
y trabajar más horas. El por qué y el para qué de aumentar ese número de horas
era intrascendente en el debate, ya que lo importante era que los profesores
trabajasen ocho horas diarias y tuviesen un solo mes de vacaciones, como si las
exigencias psicológicas de ser docente fuesen las mismas que las de colocar un
ladrillo tras otro o pintar la pared de una casa, con todos mis respetos. Lo
curioso, sin embargo, es que muchos de esos “magníficos” trabajadores que ahora
exigen que los profesores trabajen más horas sin saber para qué no abrían la
boca cuando hace años veían como engordaban sus sueldos gracias al boom
económico. Sin embargo, los docentes –a los que apenas se les aumentó el sueldo
en aquellos años de vacas gordas- ven como mes a mes se les saca de su nómina
una cierta cantidad de dinero para, entre otras cosas, ayudar a todos esos
“grandes” trabajadores que no supieron gestionar sus sueldos y vivieron por
encima de sus posibilidades comprándose una segunda residencia en la orilla de
la playa por eso de creerse de la jet set.
Según parece, una de las medidas que
está sobre la mesa en algunas comunidades autónomas no es la de aumentar el
horario de los alumnos, sino la de aumentar las horas que los docentes dan
clase directa a sus alumnos, reduciendo así el horario que dedican a realizar
labores de tutoría o preparación de clases. Con esta medida las
administraciones no buscan mejorar la calidad de enseñanza, sino ahorrarse una
buena cantidad de dinero a costa de un sector tan importante como es la
educación, ya que al aumentar la docencia directa de todos los profesores
podrán realizar un ajuste de plantilla ahorrándose el sueldo de miles de interinos
que se irán a la calle, claro que eso a los contertulios y a nuestros
ciudadanos poco les importa, porque los profesores parados no sufren ni padecen.
Los intereses económicos son tales que en algunas comunidades autónomas los
profesores están siendo obligados a hacerse cargo de los alumnos del transporte
escolar tanto a la salida como a la entrada del colegio, así como de cambiar
pañales en Educación Infantil, con lo que las administraciones también pueden
despedir a miles de cuidadores y auxiliares y ahorrarse ese dinero para seguir pagándose
su coche oficial o sus facturas de móvil.
La educación en nuestro país –al igual
que la inteligencia- está en caída libre. Y aunque se aumentasen las horas de
docencia a cien horas más a la semana no existiría ni la más mínima mejoría,
porque el problema no son las horas, sino nuestra sociedad; una sociedad en la
que hasta los restaurantes tienen que comenzar a prohibir la entrada de niños
en sus salones para que sus clientes puedan comer tranquilamente. Aunque a lo
mejor, según esa inteligencia colectiva, la culpa no es de los padres, sino de
los camareros, que deberían trabajar más horas. Qué fácil resulta en nuestro
país pedir sacrificios y responsabilidades siempre a los demás.