En Bienvenido Mister Marshall, Luis García Berlanga nos retrataba un pueblo en el que el alcalde, interpretado por el inolvidable Pepe Isbert, con la ayuda de un “emprendedor” al que ponía cara Manolo Morán, decidían convertir a todos los vecinos en figurantes, con la idea de hacer pasar Villar Del Río por un pueblo andaluz que los americanos regasen con los dólares del Plan Marshall. Y como la realidad supera a menudo a la ficción, la política española de estos días se ha convertido también en una especie de Villar del Río en el que máscaras y figurantes se llevan la palma.



