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El circo de Sánchez y sus figurantes


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03/08/2018

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En Bienvenido Mister Marshall, Luis García Berlanga nos retrataba un pueblo en el que el alcalde, interpretado por el inolvidable Pepe Isbert, con la ayuda de un “emprendedor” al que ponía cara Manolo Morán, decidían convertir a todos los vecinos en figurantes, con la idea de hacer pasar Villar Del Río por un pueblo andaluz que los americanos regasen con los dólares del Plan Marshall. Y como la realidad supera a menudo a la ficción, la política española de estos días se ha convertido también en una especie de Villar del Río en el que máscaras y figurantes se llevan la palma.


Conocíamos estos días que el castellanomanchego García Page llenó el hospital de Guadalajara de albañiles de pega para hacerse una foto en la que pareciera que las obras del hospital, que llevan tres años paralizadas, estaban a pleno rendimiento. Y es que en el PSOE siempre han dominado las tablas. Quizás de ahí su buena relación con el mundo titiritero que tanto les apoya.

Cuando Pedro Sánchez llegó a la Moncloa a hombros de la extrema izquierda y del separatismo xenófobo, quizás lo único que tenían claro él y sus asesores era que la presidencia debía  convertirse en una plataforma ideal de cara a las próximas elecciones. De ahí que desde el primer momento se esforzaran en hacer pasar a Sanchez hoy por un Kennedy en versión española, mañana por un Obama blanco, y siempre por un presidente de película lo más alejado posible de la cotidianidad de andar por casa de Rajoy.

A la hora de formar gabinete la estrategia fue la misma. Una vez satisfechas las cuotas de partido y devueltos los favores a los que le apoyaron en las horas difíciles, se hizo acopio de una serie de ministros figurantes para dar el tocomocho a distintos sectores, y en el fondo a todos los españoles.

Se tiró de Borrell, que había estado activo en las manifestaciones de Barcelona contra el catalanazismo de Puigdemont y Torra, para contentar a los que defendemos la unidad de España, y se puso a la nazionalista Meritxell Batet, defensora del referéndum de autodeterminación de Cataluña, para todo lo contrario.

Se nombró a un ministro gay que venía del mundo del artisteo, para contentar al lobby LGTBI, y de paso al club de la ceja, y ficharon a Marlaska para dar imagen de firmeza ante el terrorismo y su entorno. Se nombró a una ministra aplicadita en economía para dar el pego y no asustar a los de Bruselas. Y en el colmo de los colmos, se tiró de un ministro astronauta para ponerle al gabinete una guinda científico-técnica.

Pero en el fondo todos son figurantes, y la realidad detrás de la máscara no se corresponde con la imagen que con ellos se pretende dar.

El primero en enseñar el cartón fue Maxim Huerta, al descubrirse su fraude fiscal. Al ministro astronauta le bastó su primera intervención en público para hacer el ridículo poniendo a la educación privada por encima de la pública, y confesando que él llevaba a sus hijos a un cole privado para que aprendieran idiomas.

Borrell da la cara al público defendiendo al embajador Morenés por contestar a Torra, y cuatro días después le entrega su cabeza en bandeja al catalanazismo. Hoy defiende a Llarena, y mañana autoriza la reapertura de las embajadas catalanas desde las que se insulta a España y a los españoles.

Y no hubieran bastado siete efigies de la ministra Calvino para tranquilizar a Moscovici de no ser porque podemitas y separatistas decidieron dar la espalda al gobierno en su intento de aprobar un nuevo techo de gasto que incumplía abiertamente el objetivo de déficit.

Pero para papelón sin duda el de Marlaska, que venía con la careta de juez íntegro y firme ante el terrorismo, y que en poco más de un mes ya tiene en su haber el acercamiento de los presos catalanazis, el abandono a su suerte de las fuerzas de seguridad en la frontera de Ceuta, y la destitución del jefe de la UCO después de dejar a su unidad sin fondos.

En definitiva un gabinete de atrezzo en el que lo único que no es de pega es la vicepresidenta Calvo (o Calva, que uno no sabe si lo de la igualdad de género llega también a los apellidos). Esa sí que no engaña a nadie, esa sí que es justo lo que parece.



Etiquetas:   Política   ·   Partidos Políticos

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