. Un porcentaje
significativo de estos menores, tienen necesidades específicas de apoyo
educativo, que el sistema no alcanza a cubrir. Algunos tienen discapacidad
reconocida, otros tienen dificultades específicas de aprendizaje como la
dislexia o el TDAH, pero pese a ello no cuentan con apoyos ni terapias, pues se
los deniegan tanto en el sistema educativo como en el sanitario, debido a la
falta de recursos financieros, humanos y técnicos, y sobre todo, debido a los
recortes.
La
Convención sobre los Derechos de las Personas con
Discapacidad de la ONU
reconoce el derecho de estos niños a una educación inclusiva en escuelas
ordinarias. Sin embargo, en España los niños con Necesidades Educativas
Especiales (NEE) y Necesidades Específicas de Apoyo Educativo (NEAE) no siempre
pueden hacer efectivo este derecho. Los recortes en educación han mermado los
recursos materiales, financieros, técnicos y humanos para los Equipos de
Orientación Educativa y Pedagógica (EOEP) y los apoyos educativos de PT y AL,
por lo que el acceso a la evaluación y el diagnóstico se ha visto reducido, y
las horas semanales de apoyo son insuficientes para las necesidades de muchos
alumnos con NEE. Los alumnos con NEAE directamente se hallan excluidos de estos
servicios. Las asociaciones de afectados suelen denunciar situaciones
dramáticas en los que estos niños tiene que pasar por varios centros educativos
hasta dar con uno donde se impliquen en ayudarle. En muchos casos, los alumnos
con NEE terminan acudiendo a Centros de Educación Especial, y lo que debería
ser excepción se convierte en norma.
Los padres de Ares, una niña con autismo no verbal,
evidencian en su blog En el margen, la situación que
atraviesan miles de familias:
“Ares
abandonará la escuela ordinaria a final de curso, si conseguimos plaza en el
Centro de Educación Especial que queremos. Creemos en la inclusión, pero la
inclusión no cree en nosotros. Tenemos leyes garantistas con presupuestos
excluyentes, que convierten automáticamente a las leyes en excluyentes. (…) Nos
marchamos de la educación ordinaria convencidos, aunque tristes. Tristes porque
el sistema te incluye con una mano, mientras te muestra con la otra la puerta
de salida. Ares desparecerá de su entorno (…). Dejará de aprender algunas cosas
y de enseñar muchas más a los que la rodean. El sistema conseguirá que todo sea
más uniforme. Y que seamos invisibles”. (Miguel
Ángel Román, padre de Ares. En el margen. 2017).
El artículo Vulnerables al silencio (2010) de
Anabel Moriña, afirma que sin los recursos adecuados no es posible la inclusión
real de los alumnos con discapacidad. Por ello, muchas familias terminan
optando por centros de educación especial, para evitar a sus hijos el
sufrimiento de la desatención que viven en muchos centros ordinarios. La autora
reclama la necesidad de dotar a la escuela ordinaria con recursos para
posibilitar una inclusión real. Algunos testimonios de estos alumnos son los
siguientes:
“Me trataban
fatal. Los compañeros no se querían poner al lado mío nunca. P: ¿Y por qué te
lo hacían? (…) R: No sé, me verían cara de mongolita o algo… No se querían
poner al lado mío. Me miraban con mala cara. (Historia de vida de
Desiré).
“Por
ejemplo, la profesora de lenguaje que nos daba todo por escrito y todo eso… y
yo le decía que escribiera más despacio en la pizarra, y ella decía que no
podía perder tanto tiempo”. (Historia de vida de Blanca).
“P: ¿Cómo te
llevabas con los profesores? R: Fatal y bien, las dos cosas (…) Porque no me echaban
cuenta algunas veces”. (Historia de vida de Desiré).
En cuanto al papel del profesorado, esta investigación
muestra una escasa contribución a la inclusión, por su pasividad ante las
necesidades de estos alumnos, su inflexibilidad ante las adaptaciones, y su
permisividad ante los rechazos. Por su parte, otro estudio muestra que los
docentes se muestran reacios a implementar adaptaciones, y tienden a tratar al
grupo-clase como un todo, por falta de tiempo, de recursos, por las elevadas
ratios, o por creer en su fuero interno que el alumno estaría mejor atendido en
la escuela especial (Chiner, 2011).
La educación
inclusiva no consiste en limitarse a sentar al alumno con NEE en el aula
ordinaria, o introducirlos sin supervisión en el mismo patio de recreo. La
inclusión real requiere recursos, atención, adaptaciones y personal
especializado para apoyar y acompañar a estos alumnos. No es más costosa
económicamente, ya que en un sistema inclusivo se precisan menos Centros de
Educación Especial, y esos recursos pueden dirigirse al profesorado
especializado y los apoyos específicos que precisan estos alumnos. Y sobre
todo, una inclusión educativa correctamente planteada permite a estos alumnos
socializarse en un entorno real, y a los alumnos sin discapacidad les permite
conocer la realidad de las personas con discapacidad, aumentando su empatía y
sensibilidad, y promoviendo una futura sociedad más inclusiva.
Publicado originalmente en MediumCopyright Carmen Alemany Panadero