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"Hazlo tú mismo", una filosofía en decadencia.


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13/07/2018


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Todo, desde los conceptos sociales o artísticos más simples hasta los idearios políticos, tiene una expresión extrema y destructiva. El ejemplo más evidente lo encontramos en el capitalismo. En esencia, es vendido como un sistema justo en el que cualquier persona puede escalar socialmente si se esfuerza y emprende sus propios proyectos. 




En la práctica, nos presenta esa cara extrema de la que hemos hablado: el neoliberalismo, en el cual los gigantes empresariales, al tener carta blanca para gestionarse a sí mismos en el mercado sin regulación de facto del estado, engullen a las medianas y pequeñas empresas, a los negocios familiares a los proyectos de personas que no han nacido adineradas ni con una herencia que les permita impulsarse en un coto de caza sin escrúpulos.Las personas que más sufren estas consecuencias son aquellas que intentan hacerse un hueco en el mundo creando su propio arte o elaborando sus propios productos. 

El do it yourself, o el «hazlo tú mismo», siempre ha sido el modelo creativo de gente que quería ser dueña de sí misma, cambiar el mundo, ser artística y socialmente reconocida sin por ello tener que bailar el juego de la economía y de las jerarquías empresariales. 

También es la salida de personas que no pueden solicitar ayuda económica, quizá gente que hace lo que puede solicitando créditos rápidos con ASNEF o buscando mecenas.

¿Dónde quedan, por tanto, los fabricantes autónomos de juguetes o los relojeros tradicionales, si existe Amazon o si las grandes superficies ofrecen al consumidor todo aquello que necesitan? Lo artesanal queda denostado, olvidado, enterrado bajo oleadas de industria mecanizada. 

La tradición debería conservarse, y si es necesario pedir un préstamo personal o recurrir a la solidaridad de personas que necesitan ver creaciones puras y fuera de lo común, se hace. Hay que proteger las creaciones individuales y los sellos personalizados. 

El do it yourself tiene que convertirse en un estilo de vida atractivo para las nuevas generaciones, y no en un recuerdo de colectivos marginales. Es decir, el capital debe regularse. Porque el pequeño empresario y la figura del artesano merecen sobrevivir.





Etiquetas:   Emprendimiento   ·   Política   ·   Consumismo   ·   Neoliberalismo   ·   consumidor

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