Pedro Sánchez no es rey, ni siquiera es un presidente de gobierno legítimo siendo un oportunista de una bajeza incalificable, pero un traidor poseído por el demonio de la mediocridad solo puede pasar a la Historia en función de sus actos, como así sucedía con los monarcas españoles que trascendieron en el tiempo con apodos que están íntimamente ligados a su identidad.




