. Después de saludarnos y
bromear un poco, por fin nos dispusimos a disfrutar de unas vaporosas tazas de
café y uno que otro delicioso pan, nos preparábamos para conversar como
frecuentemente lo hacíamos y alguien pregunto: ¿quién será el próximo presidente
de México? y esa sola cuestión derivo en muchas preguntas a las que les fuimos
construyendo respuesta que hoy confrontamos con la realidad.
Nos preguntábamos con cara de
duda y de tensión ¿qué pasaría con los resultados de la elección?, ¿habría
respeto a lo que el pueblo pediría?, ¿habría mayoría del congreso para poder reformar las reformas?, ¿el efecto AMLO
repercutiría en el resto de los comicios? Muchas dudas que sólo podrían resolverse
el día de la elección.
Los resultados numéricos que nos
dan la legalidad y los discursivos que nos brindan legitimidad, permiten,
confrontar nuestras aproximaciones con la realidad vivida a partir del 1° de
julio, cuando hablábamos de lo que pasaría con los resultados de las
elecciones, decíamos que era un poco complicado que el partido en el poder
dejara que la elección se desarrollara en ambientes sanos y democráticos, que
seguramente habría inversiones de dinero para convencer a la gente de votar por su
propuesta, que además las necesidades de
la gente y en cierto momento la falta de sentido común podrían dificultar la
contundencia de los resultados de la elección a favor de AMLO. Cabe destacar
que dábamos por hecho que ganaría.
La realidad al respecto es que
efectivamente el PRI cometió grandes errores que iniciaron con la elección del
candidato quien ni siquiera era visto con buenos
ojos por la militancia, al verse disminuidos hicieron la coalición: Todos
por México con el PVM y Nueva Alianza quienes tampoco tenían gran simpatía
con José Antonio Meade, lo cual hizo que algunas personas optaran por abandonar
y dar apoyo a la coalición hoy ganadora, la campaña presidencial comenzó y mucha gente
emprendió la graciosa huida buscando
nuevas perspectivas o sea su inclusión a otros partidos políticos o coaliciones,
una mayoría importante ellos comenzó a trabajar para MORENA.
En el PAN sucedió lo mismo tras
la ruptura entre Ricardo Anaya y Margarita Zavala, quienes no pudieron resolver
sus diferencias y decidieron continuar sus caminos políticos separados, al
sentir la debilidad el partido blanquiazul busco cobijo en MC al lado del PRD
haciendo la coalición: Por México al frente, misma que no fue bien aceptada por
algunos militantes que se manifestaron a favor de la izquierda, de este modo quedando
distribuidos entre todas las fuerzas políticas participantes, sin embargo al
ver que los otros candidatos nos figuraban o ya habían salido de la contienda,
optaron por dar el contundente voto de castigo al elitismo y el dedazo. El resultado: voto a favor de la
coalición encabezada por MORENA quien obtuvo más del 50% de las preferencias con
lo que ganó holgadamente, dichos votos, emanaron tanto de la militancia cautiva,
como de los disidentes de otros partidos políticos, de los intelectuales que
luchan siempre con la utopía de un país más justo, por los jóvenes que se dicen
revolucionarios y muchos otros que esta vez decidieron salir a votar para quitar
el poder al partido que volvió a gobernar en contra de México.
Para sorpresa de muchos, poco más
de las 8 de la noche del 1° de julio, comenzaron a fluir los resultados en el
sitio web del Instituto Nacional Electoral y con ello los discursos de los contendientes
aceptando con un dejo de resignación que la coalición: Juntos haremos historia aventajaba en los resultados, Meade y Anaya
aceptaron la amplia ventaja en los resultados preliminares y felicitaron al candidato,
lo cual dejo un claro mensaje de que no habría problema en el reconocimiento de
quien sería el próximo presidente de los Estados Unidos Mexicanos. El propio presidente
Peña Nieto, acepto ante la nación en cadena nacional y sin resultados aún definitivos
que AMLO se perfilaba como sucesor presidencial. Esta idea contestaba a la
segunda pregunta planteada al inicio del texto ya que no hubo mayores problemas
para aceptar lo que la mayoría decidió, por lo menos es lo que dejaron ver los
discursos legitimadores de empresarios, políticos y de la sociedad civil.
La aplastante mayoría en el
Congreso de la Unión era un hecho inédito, muchos mexicanos habían acudido a
votar no sólo por el candidato a presidente de la república, sino que también habían
marcado las boletas de manera unánime para MORENA, por ello al momento de sacar
de las urnas los votos para diputados y senadores, la contundencia de los números
era asombrosa y muy proporcional a lo que ocurría con Andrés Manuel López
Obrador. Los opositores se asustaron porque quedaba más que claro que el pueblo
había votado por un cambio radical y ante eso, no había salida, simplemente había
que aceptar, al tiempo de reconocer que las reformas
del sexenio por terminar, podrían ser reformadas.
No queda lugar a dudas que el
efecto de AMLO fue crucial para lo que ocurrió con los ayuntamientos, congresos
locales y gubernaturas en donde el país se puso muy moreno y logró hacer ganar a muchos candidatos que en otro tiempo y
en otras condiciones, jamás lo habrían logrado. Los mapas que aparecían en la página del INE, lucían
de color guinda en cualquier consulta que se hiciera, los memes en las redes
sociales eran continuos tanto de burla, como de apoyo, los simpatizantes de MORENA
y su coalición se daban por triunfadores, los simpatizantes de los otros
partidos, permanecían callados, las imágenes de AMLO en caricatura, en fotomontaje
o reales empezaron a llenar los muros y los más cercanos al centro del país
acudieron a la reunión convocada para escuchar el primer discurso del líder.
López Obrador estaba asociado con un partido político, una coalición, la utopía
de un país, la rebeldía de los oprimidos y para muchos la única salida a lo
vivido en los últimos años del siglo XX y los primeros del XXI.
No quiero terminar este texto sin
referirme a una de las autoras intelectuales del nuevo discurso y de los modos
más mediadores de hacer política que es Tatiana Clouthier quien con su inteligencia
desdibujo una campaña más propositiva y menos defensiva, ella figuro mucho para
atraer a simpatizantes de la coalición, fue puente para que muchos panistas
voltearan a ver que había otra opción en el contexto político, que había un
proyecto de nación inclusivo y diferente a los que ya se nos había acostumbrado.
Ella digirió la campaña y sabia perfectamente los alcances del discurso para un
país dolido y con ganas de cambiar.
Ahora viene el tiempo postelectoral
en el que se podrán juzgar los discursos y las acciones que hoy tan solo se
plantean, ya habrá lugar para más discusiones con mis amigos para poder hacer
nuevas preguntas y reconocer si el nuevo gobierno y el acompañamiento del
pueblo, pueden lograr el país que todos soñamos.