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Lo más importante para mí es ser periodista


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06/09/2011

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¿De qué sirve tener ojos


si el corazón está ciego?

Anthony De Mello

 

@Joaquin_Pereira



"Soy periodista, por lo tanto soy feo, o gordo, o pobre, es decir “un mal partido”. Soy colombiano, o portugués, o cubano, o aquel extranjero al que odias. Soy mujer, o lesbiana, o puta, o aquello que te enseñaron desde niño que es inferior; soy negro, o “mono”, o desempleado, o analfabeta, del que siempre sospecha el negro “washiman” que escribe con horrores ortográficos. Soy el que le faltan los brazos, soy al que llaman “mongólico”, soy el que no te puede ver y al que no escuchas. Soy todo eso, cuando entrevisto, fotografío o grabo… Soy periodista."

Ésta es una idea que me gustaba creer mientras estudiaba en la Escuela de Comunicación de la Universidad Central de Venezuela:  Que me estaba formando para ser la voz de los sinvoz. Que debía convertirme en una especie de defensor de los más débiles, el que se pone en los pies del otro para entender sus problemas. Pero parece que mi tutor de tesis, Roberto Malaver, tenía razón: “Los aprendices de periodistas entran a las escuelas de formación como Superman y salen como Clark Ken”.

Retomé esta reflexión en uno de los ejercicios iniciales que hice en la escuela de fotografía de Roberto Mata, había que escoger un tema para un fotoensayo y elegí “Lo más importante para mí es ser periodista”.

Pero, qué es ser periodista. El nobel de literatura colombiano Gabriel García Márquez define el periodismo como “el mejor oficio del mundo”. Y me cuestioné si lo que estaba ejerciendo era en verdad periodismo o estaba siendo utilizado como un tonto útil, de los políticos, de los artistas, de las empresas, del poder,…

El periodista polaco Ryszard Kapuscinski fue más allá en su visión sobre el periodismo y sugirió que “para ser buen periodista hay que ser buena persona”. Y me volví a interrogar sobre si le estaba dando voz a quien no la tiene o más bien se la daba a quien no lo merece.

Estas dos inquietudes me venían acompañando desde hace tiempo y fue un encuentro fortuito lo que me hizo recordar la respuesta correcta. La misma que me motivó a dejar de ejercer una profesión económicamente prometedora, como lo es la ingeniería en computación, por una que me ofrecía menos dinero y más esfuerzo, pero me prometía sacarme de las cuatro paredes de una triste oficina para lanzarme al encuentro calido del mundo y sus historias.

Este encuentro fortuito – o más bien afortunado – ocurrió en una rueda de prensa por el lanzamiento del nuevo disco del cantautor venezolano Roque Valero. Como ya es costumbre en estos eventos la “manada” de reporteros de farándula se agolpó para cubrir la pauta y sus integrantes en su mayoría formularon las mismas tontas preguntas de siempre.

Todo seguía el ritmo habitual, de las fuentes que utilizan a los medios de comunicación para hacerse promoción ganando centímetros-columnas en la prensa o minutos en los medios radioeléctricos sin tener que pagar por ello. Hasta que un grupo intervino y formuló mejores preguntas que las hechas por los “periodistas profesionales”.

Se trataba de los reporteros de la revista Generación especial; jóvenes con discapacidad, quienes prefieren identificarse a sí mismos  con el término “con desafíos especiales”. 

Ellos me hicieron reflexionar: ¿Cómo es que los periodistas hemos desviado nuestra misión esencial que debería ser el de la búsqueda de la verdad y el de despertar a la sociedad por la cómoda reproducción de mensajes intrascendentes que se convierte en una especie de somnífero colectivo?

Esos muchachos de Generación especial tienen ese algo que siento haber extraviado. Es por eso que elaboré este ensayo de imágenes tomadas durante un día de trabajo en la redacción de su revista. Espero haber captado su secreto, su truco, su magia,… aquello que los impulsa a superar sus limitaciones para comprometerse con su pasión: comunicar.

Con el ensayo fotográfico quería encontrar el camino de vuelta a mis raíces, hallar eso que me impulsara de nuevo a creer que con mi trabajo puedo hacer una diferencia, a darle voz a los que se les niega desde las distintas esferas de poder.

Así que los invito, amigos lectores, a que mediten sobre sus propias discapacidades o desafíos. Si los protagonistas de mi fotoensayo son capaces de convencer a importantes empresas de invertir miles de bolívares en publicidad para su proyecto, qué no podemos hacer nosotros “los normales”.



Etiquetas:   Comunicación   ·   Periodismo

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