De políticos... ¿honorables?

Desempeñar un cargo público debe resultar ser un honor para cualquier ciudadano que tenga una mínima sensación de pertenencia a un grupo, a la colectividad, a una sociedad. Mucho más todavía si además se tienen inquietudes, y no digamos vocación, de servicio público. La llamada clase política de este país sigue dando muestras de las carencias que en valores y principios democráticos inherentes o presupuestos a caulquier cargo público tiene.

 

. Mucho más todavía si además se tienen inquietudes, y no digamos vocación, de servicio público. La llamada clase política de este país sigue dando muestras de las carencias que en valores y principios democráticos inherentes o presupuestos a caulquier cargo público tiene.
Y lo anterior debería preocuparnos. Los ciudadanos no deberíamos admitir que actitudes y manifestaciones como las que estamos viendo, leyendo y oyendo en los medios de comunicación estos días, a colación de la sentencia del Supremo -que obliga a la Generalidad de Cataluña a imponer el castellano como lengua vehicular en la escuela- proferidas por determinados políticos, representantes de instituciones democráticas, pasen por nuestros oídos de forma inócua sin que nada nos 'chirríe'.

Más allá del análisis que en términos técnico-jurídicos merezca la sentencia, lo que resulta inaceptable e indignante en un supuesto Estado de Derecho, es que algunos de estos nuestros representantes hayan anunciado y llamado a los docentes a una especie de insumisión para que la sentencia del alto tribunal y, en consecuencia la ley, no sean acatada la primera, y cumplida la segunda.

Habría que recordarles a estos políticos que en su día juraron cumplir y hacer cumplir la Constitución, lo que implícitamente conlleva acatar las reglas y el funcionamiento democrático del país, así como el respeto a sus instituciones.

La honorabilidad es la condición de lo que es digno de honor y respeto. Ante las actitudes de estos políticos, me pregunto si reúnen tal atributo y si son dignos de ostentar un cargo democrático o de representar a una institución de un sistema al que no respetan.

Estamos en tiempos de cambio. De la noche a la mañana hemos (han) modificado la Constitución. Podría ser el momento de impulsar los cambios legales necesarios para que cargos públicos nombrados como tales en virtud del sistema democrático no puedan perpetrar tales puñaladas traicioneras y quedar impunes.

Actitudes tan deleales merecerían la inhabilitación para el desempeño de cualquier cargo público.

UNETE



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