Red de publicación y opinión profesional
Política · Economía · Sociedad · Cultura · Ciencia · Tecnología ·
Últimas etiquetas:   Escritores   ·   Sociedad   ·   Noam Chomsky   ·   Filosofía   ·   Filosofía Social   ·   Libertad de Pensamiento   ·   Anarquismo   ·   Periodismo   ·   Libros   ·   Lectores



Cuatro amigos


Inicio > Ciudadanía
21/06/2018

243 Visitas



Para José Luis Olmos, Fernando Picó, Vicente Juliá, Benjamín Selvi y Martín Chulvi. Ad multos annos.


La amistad no es otra cosa que un acuerdo pleno en todas las cosas divinas y humanas en combinación con el afecto y el cariño: no sé si puede haber algo mejor que le haya sido dado al hombre por los dioses inmortales, excepción hecha de la sabiduría.

Cicerón, Sobre la amistad.





RAMÓN.- Yo ya intuí, como ha sucedido, que el viaje no nos iba a gustar lo más mínimo. Aun así tuve mis dudas. De todas formas, lo importante es que hemos pasado el día juntos, como en los viejos tiempos.

SALVA.- Tú toda la vida has hecho lo mismo: siempre te has quejado de las situaciones cuando ya no tenían remedio.

AGUSTÍN.- Tampoco hay que darle más importancia: nos hemos aburrido, no era eso lo que esperábamos, y ya está. Con no repetir, en paz.

RAMÓN.- A mí no me importa repetir o no…

SALVA.- Entonces, ¿de qué te quejas?

RAMÓN.- Yo no me quejo de nada. Me gusta estar con vosotros. Y voy donde vosotros digáis. De eso se trataba.

JOSÉ.- Hombre, pero de vez en cuando podrías dar tu opinión, o tener alguna iniciativa. Nadie se va a enfadar por ello.

SALVA.- Pues diga lo que diga este, y lo que digáis vosotros, conmigo no contéis para otro viaje de este tipo, sea barato o caro, nos den de comer o nos tengan en ayunas todo el santo día.

AGUSTÍN.- No dramaticemos. Tampoco ha sido tan horrible. Yo diría que incluso ha tenido su punto de ternura y todo.

RAMÓN.- Ahí te doy la razón. Creo que no está nada mal que el estado, o quien quiera que sea que organice estas cosas, no está nada mal, digo, que se ocupe de los mayores… Vale, a nosotros no nos ha gustado; pero ha habido gente que se lo ha pasado muy bien.

SALVA.- Sí, sobre todo a la hora de comer. O hay personas que pasan mucha hambre, y aprovechan estos viajes para atiborrarse, o intentan suicidarse comiendo, como en aquella película que estrenaron cuando éramos jóvenes y teníamos melena.

JOSÉ.- ¿A qué película te refieres? No recuerdo…

SALVA.-Se me ha olvidado el título… Pero la vimos juntos, en París. Es una película en la cual se reúnen varios amigos que deciden suicidarse comiendo sin parar.

RAMÓN.- Yo sí me acuerdo. Se titulaba La grand bouffe.

SALVA.- Este tío siempre ha tenido una memoria de tísico. Y no me dirás que en aquel viaje también viniste a disgusto.

RAMÓN.- Yo no he ido a disgusto a ningún viaje con vosotros… Ni siquiera a este.

JOSÉ.- De todas formas, y dada la edad que tenemos, creo que deberíamos ser un poco más selectivos con las salidas que organicemos.

AGUSTÍN.- Y con la forma que gastamos el dinero. No están los tiempos para ir tirándolo por ahí.

SALVA.- Tampoco nos ha salido tan caro el viaje.

RAMÓN.- Desde el momento en que no habéis disfrutado de él, sí, ha salido caro.

JOSÉ.- ¿Y por qué no lo olvidamos todo y nos dedicamos a otra cosa? Vámonos a mi casa. Os invito a una cerveza. Y si queréis organizamos una pequeña cena.

AGUSTÍN.- No me hables de comida, por favor. Olvídate. Oye, ¿seguro que quienes organizan estos viajes no lo hacen para acabar con el personal? Tanta comida para gente mayor no es sano. ¿No se querrán ahorrar las pensiones de los jubilados empapuzándolos?

SALVA.- Eso he pensado yo cuando nos han hecho subir por aquellas calles, que parecían que iban a llevarnos al cielo. A una señora, que iba delante de mí, le ha dado tal soponcio que pensaba que fenecía allí mismo.

JOSÉ.- Es que la gente tenía que cuidarse un poquito más.

RAMÓN.- Venga, no seas tan criticón. A saber la pobre mujer la vida que ha llevado.

JOSÉ.- Da lo mismo. Haya llevado la vida que haya llevado, la gente tendría que cuidarse un poquito más; y tener más iniciativa, y no esperar a viajes como este para que los sacaran de casa.

AGUSTÍN.- Eso mismo he pensado yo esta mañana nada más subir al autobús…

SALVA.- O llevamos ya mucho tiempo de amistad, o se ha producido la ósmosis, o tal vez la metástasis de pensamientos, pues eso mismo he pensado yo también. Y me he enfado conmigo y con todos vosotros, hasta con Ramón, que nunca toma ninguna iniciativa, salvo esta.

AGUSTÍN.- Sí, ya sé: nos podíamos haber ido nosotros por nuestra cuenta, como hacíamos de jóvenes, y sin necesidad de contar con nadie.

RAMÓN.- Y además, hubiéramos podido ir a dónde nos diera la gana.

JOSÉ.- ¡Esto si que es una novedad! ¿Y a dónde te da la gana ir a ti?

RAMÓN. Pues aunque no os lo parezca, tengo mis ideas. Y proyectos.

SALVA.- Esto hay que celebrarlo. En cincuenta años de amistad, y por primera vez, Ramón va a exponer sus apetencias. Dame otra cerveza, por favor.

JOSÉ.- Ahí va. ¿Queréis algo de picar?

AGUSTÍN.- Olvídate, aun tengo las morcillas y las longanizas en la garganta.

RAMÓN.- Luego salimos a caminar y se te rebaja todo. Pero antes, escuchadme, por favor.

JOSÉ.- Somos todo oídos.

RAMÓN.- Contestadme a una pregunta antes. ¿Qué hacéis a lo largo de todo el día? Lo pregunto porque siempre me dijeron que el día que me jubilara, me aburriría como una ostra.

AGUSTÍN.- Eso siempre lo dice gente falta de imaginación. Yo no me aburro jamás en la vida. Ojalá me hubiera jubilado a los dieciocho años.

SALVA.- Hombre, a mí hay veces que las mañanas se me hacen un poco largas. Y las noches…

RAMÓN.- A mí por las noches me pasa lo mismo...

AGUSTÍN.- No empecemos ya. Vale. Dejemos tristezas y melancolías de lado. Hay cosas, y lo sabéis, que no tienen solución. Dejadlo estar, por favor.

JOSÉ.- De acuerdo. Sed amables y permitid a Ramón que exponga lo que quiere exponer. Adelante, chaval.

RAMÓN.- Que conste que yo no me aburro. Y lo que hago es una propuesta. Bajo de casa, como sabéis, tengo una asociación de vecinos. Algunas veces he ido por allí a echar un vistazo. Y siempre me ha dado pena ver a gente de nuestra edad encerrada allí toda la santa tarde, jugando a las cartas, o al dominó o a cualquier necedad de esas…

SALVA.- No sé si fue don Miguel de Unamuno quien dijo que cuando la gente no tiene nada que intercambiar, intercambia las cartas, las de una baraja. Porque si fueran de las otras…

AGUSTÍN.- Bueno, ¿y qué se te ocurrió? Sorpréndenos.

RAMÓN.- Una cosa que me dio un poco de reparo proponérosla. Pero esta mañana, cuando he visto que el viaje os causaba más disgusto que otra cosa, me he sentido un tanto culpable, y me he aferrado a esa idea.

AGUSTÍN.- ¿Y cuál es esa idea?

RAMÓN.- Yo tampoco me aburro. Que conste en acta. Pero también es cierto que, muy a menudo, os añoro. A veces no voy a buscaros por miedo a molestaros…

SALVA.- Este Ramón siempre tan mirado. Venga, sigue.

RAMÓN.- Sigo. Últimamente me acuerdo muy a menudo de los viajes que hicimos cuando éramos jóvenes… Y me he preguntado, con cierta frecuencia, si no sería factible hacer alguna excursión o escapada como aquellas.

JOSÉ.-Ten en cuenta que ya no somos jóvenes. Aquello de subir y bajar montañas, si puedes, evítalo.

AGUSTÍN.- Y lo de pasar toda una mañana en un museo, también. A estas edades hay que ser muy selectivo.

RAMÓN.- Todo eso, y más, lo he tenido en cuenta. Se trata de lo siguiente: os propongo que nos dediquemos todas las mañanas, en cualquiera de nuestras casas, a estudiar latín…

AGUSTÍN.- ¡Acabáramos! A estas alturas. ¿Y qué tiene que ver eso con los viajes y con el aburrimiento? Hombre, con el alzheimer sí, desde luego. Igual aprendernos las declinaciones y los verbos irregulares nos libran de él.

RAMÓN.- Si me dejas terminar, te lo explico. Ya te pareces a los contertulios de cualquier televisión, siempre interrumpiendo.

AGUSTÍN.- Perdona. Adelante.

RAMÓN.- Estudiamos latín durante todas las mañanas. Y este verano, todavía faltan unos seis meses para ello, nos vamos, por nuestra cuenta y riesgo, de viaje a Pompeya y Herculano.

JOSÉ.- ¿Y cómo nos vamos? La pensión que me ha quedado a mí no es para tirar cohetes.

SALVA.- Podemos pedir una hipoteca…

JOSÉ.- Sí, te la van a dar para hacer un viaje… Y luego, si no puedes pagar, le devuelves el pasaje al banco.

RAMÓN.- Yo había pensado hacer lo que hicimos una vez de jóvenes: compramos un coche de segunda mano entre todos. Y nos vamos con el coche. Lo llenamos de latas de conserva y de pan, y vamos pasando…

AGUSTÍN.- ¿Y por qué tenemos que comprar un coche? Podemos coger la furgoneta de mi hijo.

SALVA.- A ver si se cabrea y tenemos un drama familiar.

AGUSTÍN.- Qué coño se va a cabrear. La furgoneta se la compré yo, y por unos días que no la utilice no le va a pasar nada. Nos vamos con su furgoneta. No hay más que hablar. Si se hace el viaje. Y si vamos a estudiar latín. Anda, Ramoncín de mis entretelas, qué ocurrencias tienes. Eres único.

RAMÓN.- ¿Entonces empezamos a estudiar latín mañana mismo?

JOSÉ.- Hombre, habrá que comprar libros, diccionarios…

RAMÓN.- Ya está todo comprado.

SALVA.- ¡No me digas! Eres genial, tío. Así que lo tenías todo planeado.

RAMÓN.- Más o menos. La cosa no termina ahí. Sé que el latín es complicado. Pero tengo viejos ex compañeros de instituto que nos pueden ayudar… Después de visitar Pompeya y Herculano, vamos a continuar estudiando; pero vamos a combinar el latín con el griego. Y al verano siguiente, es decir de aquí un año, si seguimos vivos, nos vamos a Grecia. Con el mismo coche.

AGUSTÍN.- Sí, a ti, con esa cabeza tan brillante que tienes, te vendría muy bien pasar por el Peloponeso.

SALVA.- Hombre, tú tampoco te puedes quejar.

JOSÉ.- ¿Y qué manía te ha dado a ti ahora, a la vejez, con la cultura clásica?

RAMÓN.- Si os lo explico, igual Agustín se enfada conmigo.

JOSÉ.- No le hagas caso. Estamos en mi casa. Te doy la palabra, y no tienes restricciones de ningún tipo. Toma, otra cerveza.

RAMÓN.- Me gustan los nombres griegos. Siempre me ha hecho mucha ilusión poder ir a Tesalónica, el mar de Mármara, Dios, ¿No os gustan esas palabras? Me encantan… Salamina, Ítaca, el Helesponto, Samotracia, Delfos, Tesalónica, Tesalónica...

JOSÉ.- Muy hábil. Pero apostaría algo a que no era eso lo que ibas a decir.

RAMÓN.- No quiero molestar a nadie.

SALVA.- Muy bien. ¿Y qué os parece si empezamos a planificar el viaje? Todos tenemos el carnet de conducir, ¿no? Llegar a Roma va a ser coser y cantar.

JOSÉ. De acuerdo. Mañana a las nueve todos aquí, en mi casa. Trae los libros, y mapas. Como haremos algún receso en nuestros estudios, empezaremos a trazar rutas para tratar de contentar a todos, como siempre.

AGUSTÍN.- Entonces, ¿la cosa va en serio?

RAMÓN.-Sí. Muy en serio.

AGUSTÍN.- Pues no hay más que hablar. A Pompeya sabiendo algo de latín. Más cerveza, por favor. Hay que brindar por Ramón y sus brillantes ideas. Pero no sé, me parece que estamos un poco locos. Aunque esto es la sal de la vida. Desde luego. Y menos mal que a este chico no le ha dado por la astronomía. Menos mal.



Etiquetas:   Viajes   ·   Pensiones

Compartir
Tu nombre:

E-mail amigo:
Enviar
PDF

0 comentarios  Deja tu comentario




Los más leídos de los últimos 5 días

Comienza
a leer


Un espacio que invita a la actualidad e información
 

Publica tus artículos


Queremos ser tus consejeros y tu casa editorial

Una comunidad de expertos


Rodéate de los mejores y comienza a influir
 

Ayudamos a tu negocio


El lugar y el momento adecuado donde debes estar
Secciones
17288 publicaciones
4443 usuarios
Columnas destacadas
Los más leídos
Mapa web
Categorías
Política
Economía
Sociedad
Cultura
Ciencia
Tecnología
Conócenos
Quiénes somos
Cómo publicar en Reeditor
Contacto
Síguenos


reeditor.com © 2014  ·  Todos los derechos reservados  ·  Términos y condiciones  ·  Políticas de privacidad  ·  Diseño web sitelicon.com  ·  Únete ahora