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No
cabe duda que en las encuestas el segmento denominado como “indecisos” suele
ser un dolor de cabeza para todos. Para quienes van rezagados suele ser un
“rayito de esperanza” porque consideran que el 100% de ese segmento se
decantará por el candidato con más posibilidades de remontar, o por el más
rezagado, y no es así. De hecho, hay un error común en el cálculo de los indecisos
y su manera de decidir el voto es, normalmente, un reflejo de los porcentajes
de la propia encuesta.
El
otro dato que ha tomado relevancia es la tasa de rechazo a la encuesta. Este
porcentaje, en todo caso, refleja de manera indirecta la tasa de participación
de la ciudadanía en el proceso electoral mismo, y no se trata, como han querido
vendernos estos días, de ciudadanos indecisos o que estén guardando su voto
hasta el final. Se trata simplemente de los intentos de cada encuestador,
cuando acude casa por casa, al domicilio de una persona a tratar de aplicar un
cuestionario electoral o de cualquier otro tipo.
Primero,
reflexionemos acerca de los “indecisos”. Aunque parezca increíble, aún no
existe consenso en quiénes son y cómo se miden, y predomina la idea errónea de
que los indecisos son todos los entrevistados que no responden la pregunta
sobre preferencia electoral. Desde mi óptica, aquellos que no responden la
pregunta electoral son tres segmentos: Ninguno, No sabe y No contestó. Hay
encuestadoras que estos tres segmentos los agrupan en los indecisos. Desde un
punto de vista técnico, el indeciso es el que solamente declara “No sé”. Punto.
En
este sentido, cada encuestadora tiene criterios propios dónde clasificar a
quienes declaran: “no me interesa” o “no te quiero decir, el voto es secreto”. De
ahí que desde un punto de vista muy objetivo se sobreestima generalmente a los
indecisos. Por ejemplo, un potencial voto nulo sería quien responde: “ninguno”;
mientras que, un indiferente o que probablemente no esté interesado en política
y no acuda a votar sea quien responda: “No contestó”.
En
el actual proceso electoral la tasa promedio de indecisos (contemplando
erróneamente Ninguno, No sabe y No contestó) oscila entre 15 y 25% si
consideramos un promedio de todas las encuestas agregadas. De ese porcentaje, hay
que determinar el voto nulo, el indiferente y el indeciso. Es claro que ese
(pongámosle) 25% no se debe sumar masivamente a un candidato o contra un
candidato. De hecho, suele comportase paralelo a la intención de voto reportado
en la encuesta; es decir, un poco de todo.
Ahora
bien, de acuerdo a los datos arrojados por la serie de estudios de El
Financiero, demográficamente, los indecisos tienen un menor nivel de
escolaridad que el elector promedio, son de mayor edad y las mujeres superan a
los hombres en razón de casi dos a uno. Este perfil –a juzgar por los que
mantienen la esperanza en los indecisos decidan la elección- podría lucir más
priista que de cualquier otro partido, pero poco más de la mitad de ese 25% de
indecisos son apartidistas. De acuerdo a series estadísticas históricas, los
indecisos normalmente se abstienen de votar.
Segundo,
la tasa de rechazo a la encuesta. Ahora resulta que están usando este dato como
factor de incertidumbre y eso completamente erróneo y muestra un gran
desconocimiento del tema estadístico.
Por
ejemplo, la última encuesta de El Financiero reportó una tasa de rechazo a la
encuesta de 47%. Esto quiere decir que de cada diez intentos de aplicar una
encuesta política en domicilio, cinco o la mitad de las veces, los ciudadanos
no quieren contestarla. La tasa normal de rechazo a una encuesta política es de
95%, es decir, nueve de cada diez ciudadanos es común que rechacen una encuesta
política. Por tanto, lo que significa el porcentaje reportado por El Financiero,
es que 53% de los ciudadanos aceptó contestar la encuesta política y, entonces,
es altamente probable que acuda a votar el día de la elección. Como escribí en
un principio, se trata de una forma indirecta de monitorear la participación
ciudadana. Estas son buenas noticias para el proceso electoral porque lo que se
espera es una participación nutrida –inclusive- histórica si tomamos en cuenta
que es una elección presidencial.
Nunca
va a dejar de ser controvertido usar el asunto de los indecisos como forma de
autoengaño o presunción. Depende de quién va arriba o quien abajo en las
preferencias. De hecho, las encuestas mismas siempre se ponen a debate. Sin
embargo, para bien de la industria, me parece que este proceso se han cuidado
de caer en el exceso propagandístico de elecciones pasadas. Veremos si los
resultados electorales las respaldan.
La
atención y foco hay que dirigirlas a las campañas, a las estrategias y a los
intentos de cada cuarto de guerra por revertir o cambiar las tendencias. El
problema no son las encuestas, sino el proceso mediante el cual el apoyo o
rechazo por un candidato es producto de factores de descontento o desafección
con la situación actual. Una encuesta lee un mercado objetivo. Que no se les
olvide eso.
@leon_alvarez