. Plinio
el Viejo, Historia
natural.
CARONTE.- Que estemos muertos y en
el reino de las tinieblas no supone que seamos tontos y fáciles de
engañar. Así que dame el óbolo porque, de todas formas, vas a
cruzar el Aqueronte. Pero puedes hacerlo con las espaldas tundidas o
libre de marcas.
POLIBIO.- Y a mí me gustaría saber
para qué quieres mi óbolo si en el reino de los muertos ni hay
tabernas ni lenocinios ni circos ni termas ni baños. Vamos, si es
que estoy bien informado ¿O es que te dejan salir al mundo de los
vivos de vez en cuando? ¿Con esa pinta? Asustarás a la más
aguerrida de las amazonas.
CARONTE.- Lo que hago yo con mi vida
a ti no te importa lo más mínimo. Y más en las actuales
circunstancias. Tú cumple con la tradición por última vez, o vas a
ir de aquí al Hades sufriendo un duro castigo. Luego pensaremos
otro. Y otro.
POLIBIO.- No me asustas: yo he
realizado acciones que me acercan mucho a los dioses. Por no decirte
que algunas me han hecho igual a ellos. De hecho en mi polis ya se me
han erigido altares, y se discute ahora en el areópago si levantarme
una estatua y construirme un templo.
CARONTE.- No tengo noticias de tales
cosas. Cuando venga Hermes le preguntaré. Pero tus acciones no
debieron ser muy virtuosas ya que te aferras con tanto empeño a un
miserable ébolo, que me tienes que pagar.
POLIBIO.- Pero vamos a ver, ¿Los
dioses cuando mueren también te pagan por pasar a la otra parte?
CARONTE.- Los dioses no mueren.
POLIBIO.- No me mientas. ¿Acaso no
murió Heracles y…?
CARONTE.- Heracles fue divinizado
después de su muerte. Y pagó, como todo dios, y como vas a pagar tú
por mucho que te empeñes en lo contrario.
POLIBIO.- Pues, querido barquero, no
llevo dinero encima, así que vas a tener que dejarme volver al mundo
de los vivos, o me temo que te vas a quedar sin cobrar.
CARONTE.-
Sí, te voy a volver al mundo de los vivos pero para que ocupes el
lugar de Prometeo. Hay un águila carroñera por ahí que está
especializada en comer hígados, que, como sabes, vuelven a crecer
para que el águila se siga alimentando. Tiene un pico que es una
delicia, por cierto.
POLIBIO.- Bueno. Tampoco hay que
ponerse así. Ahora bien, me gustaría hablar con algún superior
tuyo, pues estoy seguro que estoy exento de pagar el peaje.
CARONTE.-
A nadie nunca se le ha perdonado el óbolo.
POLIBIO.- Porque nadie tenía mis
méritos.
CARONTE.-
Mientras esperamos a Hermes, que tiene que venir con un cargamento de
muertos de diversos demos, puedo escucharte, aunque sé que vas a
terminar por hartarme. Así que, comienza, di cuáles son tus méritos
para no darme mi paga.
POLIBO.- Yo he tratado de imitar a
los dioses en todo…
CARONTE.- A los dioses no les hace
falta que los imites o dejes de imitarlos. Tu vida se tenía que
haber regido por la virtud, no por lo que hacen los demás.
POLIBIO.- Si a los dioses les es
indiferente que los imite o no, con más razón les debe ser
indiferente que pague o no.
CARONTE.- No hagas como los tiranos
en las asambleas que lo mezclan todo y hablan de todo para no decir
nada, o arrimar el ascua a su sardina.
POLIBIO.-
Tienes razón, cuántas palabras vacuas dicen. Yo oí a uno defender
todo cuanto había robado porque, dijo, no lo había hecho para él o
por él sino por el bien de la patria: se esperaba la invasión de
los tracios de un momento a otro, y había que pertrecharse. Arrambló
con todo lo que había y algo más. Además, cuando intentaron
juzgarlo dijo que no fue él el autor del saqueo a la polis sino unos
éforos suyos, que ya no estaban en la polis. Él no era culpable de
nada. Y yo tampoco.
CARONTE.- Sí, conozco a esa buena
pieza. Ahora está hecho un puro esqueleto, cada vez más esqueleto
con el que, además, nadie quiere hablar.
POLIBIO.-
¡Ah! ¿En el Hades se habla? Sí, claro, ya me acuerdo: algunos han
bajado por aquí para indagar qué hay en el reino de los muertos.
CARONTE.-
No te equivoques: no te dejes llevar por las historias que cuentan
los poetas: mienten como bellacos. En el Hades sólo hablan aquellos
que, como te va a suceder a ti, no se les borra la memoria al pasar
el Aqueronte. De esta forma su memoria, nunca borrada, se transforma
en su verdadero tormento. Durante toda la eternidad y un poco más.
POLIBIO.- También se pueden
recordar las cosas buenas. Por ejemplo puedo rememorar a toda la
gente que salvé, tras aquella batalla, de morir ahogada en el ponto.
CARONTE.- Calla, canalla. Todos
sabemos que botaste una embarcación tras la batalla, y que fuiste a
por los náufragos, pero sólo dejaste subir a bordo a quienes tenían
dinero u oro para darte. Permitiste que se ahogaran muchas personas.
POLIBIO.-
Querido Caronte, la vida es selección, no como la muerte, que carga
con todo. Piensa que yo vivía en una isla pequeña, y si hubiera
dado cobijo a todos los náufragos, la isla se hubiera podido hundir.
Así que salvé a los mejores. Los mejores siempre son los que tienen
más dinero. Y no soy quién para averiguar la forma en que lo
consiguieron. Al fin y al cabo tú tampoco me dejas pasar si no te
pago… Estoy imitando a lo dioses.
CARONTE.- Yo no soy dios.
POLIBIO.- Pero eres inmortal.
CARONTE.-
Por eso no te preocupes. Tú también lo vas a ser. Y ya que te
empeñas, tus recuerdos, que no te vamos a borrar, serán tu
verdadero castigo. Ahí llega Hermes con su remesa de muertos. Él se
encargará de ti.
HERMES.- No me contéis nada: estoy
al tanto de vuestra charla.
CARONTE.- ¿Y qué vamos a hacer con
este individuo?
POLIBIO.- Yo he sugerido que me
volváis a la vida, y cuando me haga con un capitalito, vendré de
nuevo, y entonces pagaré mi peaje.
HERMES.-
Pues, mira, te voy a conceder ese deseo. Pero vas a amanecer en el
país de todos aquellos que dejaste morir en el mar. Allí, con
jueces íntegros, te harán un juicio justo, tras el cual serás
arrojado al helesponto, y eso sí, tendrán la precaución, puesto
que los avisaré yo, de ponerte un óbolo o bien bajo la lengua, o,
mejor todavía, en tus magras entrañas. Y tras eso, volverás aquí
y no te borraremos la memoria. Ya te puedes ir. Estás tardando.
CREONTE.- Mira qué contento se va.
HERMES.- Tiene dinero escondido, y
cree que va a poder sobornar a los jueces o al tirano de turno. Pero
ya me encargaré yo de que no sea así. Estos mortales nada más
aprenden cuando sufren ellos lo que han hecho sufrir a los demás.
CREONTE.- Bueno, tenemos que
marcharnos ya. En la barca no nos cabe ni uno más.
HERMES.- ¡Qué vida la nuestra
también! Ni un momento de descanso.
CREONTE.-
Sí, desde luego. Y encima este cráneo privilegiado se cree que
volver a la vida es lo mejor que le podía suceder. Hacerlo vivir
eternamente también sería un buen castigo.
HERMES.-
No me parece mala idea. Seguramente acabaría loco. Y más loco
terminaría cuando viera que no podía suicidarse. Así recapacitaría
sobre todas las perrerías que ha hecho en esta vida. Anda, que dejar
morir a aquellos guerreros en medio del mar con la excusa de que su
isla se iba a hundir…
CREONTE.- No tienen remedio.
p { margin-bottom: 0.25cm; direction: ltr; color: rgb(0, 0, 0); line-height: 120%; }p.western { font-family: "Liberation Serif", "Times New Roman", serif; font-size: 12pt; }p.cjk { font-family: "Droid Sans Fallback"; font-size: 12pt; }p.ctl { font-family: "FreeSans"; font-size: 12pt; }a:link { }