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Pues bien y sin querer entrar en una discusión sobre el
alcance técnico y legal exacto del término,
lo cierto es que la gestión del Riesgo de Desastres debe motivar una Política
Publica de la mayor relevancia y permanencia en el tiempo, pues los Peligros y
los Riesgos asociados no tienden a desaparecer sino a incrementarse y ello es
resultado no solo del cambio climático por factores exógenos y endógenos, sino
también por efecto del crecimiento de la población y su necesidad de áreas de
expansión para vivienda, cultivos y crianza de animales (alimentos), trabajo, etc,
así como una sobreexplotación de los recursos naturales no renovables para
cubrir necesidades, que sin duda nos hace mas vulnerables como sociedades y nos
expone a mucho más peligros y riesgos asociados.
¿Este tipo de problemas tienen solución?
Definitivamente que si, pero no en forma aislada o
autárquica, es decir un solo país o incluso un bloque regional no puede
resolver el problema por si solo, puesto que los aspectos desencadenantes de
riesgos antes mencionados, asociados a la actividad y al mero hecho de la
existencia humana, trascienden fronteras y afectan en mayor medida a todos los
habitantes del planeta, y cuando digo todos me refiero a todas las especies
vivas que conforman este reducto llamado tierra.
Así es claramente visible que en determinados países o
regiones se vive mejor que en otros, pero la pregunta es ¿hasta cuándo? y bajo qué
premisas. Yo me aventuraría a decir que la exigencia de medidas cada vez más
restrictivas para evitar influencias “no deseadas”, lo cual obedece al criterio
propio y subjetivo de cada sociedad o de la clase dirigente, nos llevaran a
escenarios mundiales donde haya “literalmente” sociedades amuralladas para
protegerse y si no veamos la propuesta del muro fronterizo entre USA y México,
o amurallamientos en diversas fronteras, donde un país concibe al fronterizo
como amenazante y así poco a poco vamos haciendo realidad lo que la industria
del cine nos mostró a través de algunas películas dantescas sobre un futuro
nada prometedor. Esta forma de protegernos también la aplicamos hacia nuestra
realidad interna y no es novedad que muchas ciudades, entre ellas Lima, donde vivo,
se hayan convertido en ciudades “enrejadas” para “protegernos” de los peligros
que nuestra propia sociedad genera y que no hemos podido resolver.
Pues bien, y aquí es donde quería llegar, las políticas
publicas en temas tan acuciantes como la salud, los riesgos de desastres, el
control racional de la natalidad, la corrupción, las amenazas cibernéticas etc.
deberían tener elementos comunes o una línea base de donde partir, para que los
estados que realmente son conscientes de las amenazas que se ciernen sobre la
humanidad y los riesgos derivados, sean capaces de entender y actuar, por lo
menos con criterios básicos homogéneos, pues de no ser así e interpretar la
realidad a nuestra manera, hará que los muros se alcen cada vez más
obstaculizando las iniciativas serias
que buscan “aún” hacer de nuestro planeta un mejor lugar para vivir para todos.
En cuanto a la Gestión del Riesgo de Desastres y tema de este
artículo, existen corrientes e iniciativas globales, como el denominado Marco
de Acción de Hyogo, reemplazado por el de Sendai, que van en ese sentido,
buscando que a nivel global se implementen políticas donde la Gestión del
Riesgo sea un componente que busque sociedades mas resilientes y donde se
compartan las experiencias siendo los aspectos mas resaltantes los que se mencionan
a continuación.
El Marco de Acción de Hyogo fue concebido para el periodo
2005-2015 y tuvo como objetivos centrales el aumento de la resiliencia de las
naciones y las comunidades ante los desastres. Este Marco se concibió para dar un mayor impulso a
la labor mundial en relación con el Marco Internacional de Acción del Decenio
Internacional para la Reducción de los Desastres Naturales de 1989 y la
Estrategia de Yokohama para un Mundo Más Seguro.
El Marco de Acción de Sendai para la Reducción del Riesgo de
Desastres 2015-2030, que reemplaza al de Hyogo, se adoptó en la tercera
Conferencia Mundial de las Naciones Unidas celebrada en Sendai (Japón) el 18 de
marzo de 2015. Este es el resultado de una serie de consultas entre las partes
interesadas que se iniciaron en marzo de 2012 y de las negociaciones
intergubernamentales que tuvieron lugar entre julio de 2014 y marzo de 2015,
con el apoyo de la Oficina de las Naciones Unidas para la Reducción del Riesgo
de Desastres, a petición de la Asamblea General de las Naciones Unidas.
El Marco de Sendai se basa en elementos que garantizan la
continuidad del trabajo hecho por los Estados y otras partes interesadas en
relación con el Marco de Acción de Hyogo, y presenta una serie de innovaciones,
siendo los cambios más importantes los referidos al marcado énfasis puesto en
la gestión del riesgo de desastres, la definición de siete objetivos mundiales,
la reducción del riesgo de desastres como resultado esperado, un objetivo
centrado en evitar que se produzcan nuevos riesgos, la reducción del riesgo
existente y reforzar la resiliencia, así como un conjunto de principios
rectores, incluida la responsabilidad primordial de los Estados de prevenir y
reducir el riesgo de desastres, y la participación de toda la sociedad y todas
las instituciones del Estado. Además, el alcance de la reducción del riesgo de
desastres se ha ampliado considerablemente para centrarse tanto en las amenazas
naturales como de origen humano, así como en las amenazas y los riesgos
ambientales, tecnológicos y biológicos conexos.
Ante estas importantes iniciativas y acciones, cabe
legítimamente preguntarse si son efectivas y si la medición de sus objetivos
obedece a indicadores claramente establecidos y medibles.
Personalmente me inclino a
pensar que son esfuerzos globales en el sentido correcto, que generan
una gran expectativa por lo que buscan lograr, con objetivos razonablemente
realizables y exigibles, pero como muchas otras iniciativas de este tipo, sin
carácter vinculante, dependen del compromiso, seriedad y esfuerzo tangible que
realice cada estado por cumplir y lograr
los objetivos propuesto, siendo que hay un seguimiento constante por lograr que
esto suceda y ello obedece a que se ha comprendido, por lo menos por una parte
sustantiva de las naciones, que hay amenazas globales ante las cuales “los muros que se construyan” no
impedirán sus efectos nocivos sobre estas sociedades.
No hacer nada, siempre será una opción, hacerlo a medias
también, pero hacerlo bien por nosotros y nuestros semejantes, es la única
alternativa que tenemos para poder legar un planeta vivible a las generaciones
venideras, y ello sin duda más que una política pública debe ser una política
universal.