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De nuevo, Pedro Sánchez está haciendo
daño a la ciudadanía, a las inversiones y a España. Parece ser que su capacidad
de razonamiento no llega más allá de hacer daño, como no llegó más allá de
hacer el copia-pega en su tesis doctoral; copia-pega que la universidad nos ha
negado en dos ocasiones como si pretendiera hacerla desaparecer o escondiera
algo comprometedor. Nunca perdonará que tuviera que dimitir por mafioso y
mentiroso. Ha llegado con ganas de “joder a la marrana” y,
de momento, lo está consiguiendo. No hay más que mirar los hechos y a la
evolución de la Bolsa de hoy, día 25. Esa ha terminado como unos zorros y uno
de los motivos principales es la presentación de su egoísta moción de censura. Es
de suponer que se haga lo mismo en Andalucía ante los miles de millones
desaparecidos y la gran cantidad de bolsillos agradecidos.
Tal moción ya ha sido
censurada, incluso por los suyos. A
los socialistas equilibrados les ha faltado tiempo para hablar de un Sánchez
desnortado, egoísta y sin perspectivas políticas. Ya se anuncia un nuevo
batacazo del PSOE –uno más—y la responsabilidad será exclusivamente de Sánchez.
Su irresponsabilidad ya no ofrece dudas hasta el punto de estar organizándose el
partido para celebrar un cónclave con el objetivo de hacerle ver las
desventajas y la insensatez de presentar ahora una moción en el Parlamento
español.
“Las mociones de censura contra el Gobierno elevan la prima de
riesgo hasta los 100 puntos, y alejan al Ibex de los 10.000 puntos”, decía la prensa económica al final de la
mañana. La ciudadanía está que trina contra el mediocre Sánchez, incapaz de
controlar la corrupción en su partido y siempre dispuesto a poner palos en las
ruedas de la bici de los demás. Le ha faltado tiempo para ver si puede asaltar
el poder. Si en breve no llega a la presidencia del Gobierno le va a dar algo.
Cada vez se
me parece más a su antecesor, Rodríguez Zapatero, que en vez de trabajar se
dedicaba a malmeter y medrar; ya decía Voltaire que lo mejor es trabajar con
responsabilidad y sentido porque el trabajo aleja de nosotros cuatro grandes males:
el aburrimiento, el vicio, la necesidad y la necedad.
Incluso, desde
Zarzuela no se ve con buenos ojos que se juegue con el Estado, sobre todo después
de lo que ha costado poner orden tras la cerrazón del aprendiz “zapateriano” y
su “¡No es NO, qué parte no ha entendido, señor Rajoy!”. En las instituciones
españolas hace tiempo que le comparan con el “sonrisitas” pro bolivariano que
tanto daño está haciendo a la oposición venezolana y tanto beneficio para el dictador,
violador y golpista, Nicolás Maduro.
Recuerden
que Rodríguez Zapatero fue capaz de negociar con ETA, a espaldas de los
intereses de España, y esconder ‘a posteriori’ los atentados de los trenes, mientras
a Aznar le decía que colaboraría con el Gobierno. Ya vieron cómo dejó el país,
por lo que no se precisan más comentarios. Y ya ven lo que está haciendo en
Venezuela: no representa a nadie ni ha ido de parte de alguien, pero deja que
Maduro le utilice como pelota de tenis: con su sonrisa bobalicona parece que no
ha roto un plato, pero destrozó un país, lo dejó en una crisis indecente y
regada de corrupción en las comunidades donde gobernaban sus huestes.
El
bajonazo de la bolsa de hoy demuestra que “los bancos
son los mayores damnificados del nuevo escenario de incertidumbre política. Las
caídas se aceleran también en el precio del petróleo”. La incertidumbre
política es un hecho, pero un hecho provocado por cuenta del egoísta y prevaricador,
Pedro Sánchez. No olviden que es responsable de la mayor estafa bancaria que ha
existido en España.
No tardando
saldrán a la luz sus equivocadas decisiones, adoptadas mientras perteneció a la
asamblea de Caja Madrid. “La moción de censura presentada por el
PSOE y las nuevas exigencias de Ciudadanos
ponen contra las cuerdas al Gobierno de Mariano Rajoy. La incertidumbre
política en España resurge, y aviva de nuevo los recelos entre los inversores”, tal y como lo cuenta hoy un diario de
economía. A muchos españoles nos ha hecho perder cientos de euros en la Bolsa y
eso, además de reprochárselo, se lo vamos a cobrar. Doy fe.
Jesús Salamanca Alonso