Red de publicación y opinión profesional
Política · Economía · Sociedad · Cultura · Ciencia · Tecnología ·
Últimas etiquetas:   Escritores   ·   Lectores   ·   Periodismo   ·   Sociedad   ·   Criptomonedas   ·   Bitcoin   ·   Bienestar Social   ·   Libros   ·   Derechos Humanos   ·   Paz Social



Periódicos y periodistas


Inicio > Ciudadanía
25/05/2018

247 Visitas



Pero para rehacer la nación es preciso empezar por deshacer lo que se encuentra mal hecho. ¡Triste suerte, que hayamos de pasar un año en deshacer el error de un día! Nueva Penélope, la España no hace sino tejer y destejer. Mariano José de Larra, Artículos (Buenas noches).


Hay cosas que, no sé por qué, a ciertas personas se le quedan grabadas en el fondo del alma; y, con el paso del tiempo, las convierten casi en verdades incuestionables. Algo así me sucedió a mí una lejana mañana. Era yo un adolescente cuando un profesor, no recuerdo ni su nombre ni su rostro, en una clase nos dijo que, como futuros hombres del mañana, deberíamos preocuparnos por estar informados de todo cuanto acontece a nuestro alrededor. Dicho esto hizo un encendido elogio del periódico y del periodismo, instándonos a leer alguno todos los días. No dijo cuál, aunque poco había para elegir en aquellos años. Aquel día, por cierto, fue la primera vez que oí hablar de Mariano José de Larra.

Le hice caso a mi profesor y comencé a leer periódicos, que entonces se adquirían en los quioscos, y estaban impresos en papel. Puse mucho empeño en la lectura, en estar informado; pero la mayoría de las cosas que decían los periodistas no las entendía, y las que entendía me aburrían bastante, o no me las terminaba de creer. No dijo nada el profesor, por ejemplo, de la radio ni de la televisión. Y, sin embargo, debo a aquella que se despertara en mí un inicio de sentido crítico: todas las tardes, durante una breve temporada, en la radio entrevistaban a algunos pretendidos médicos, los cuales, ni cortos ni perezosos, alababan el aceite de girasol en contra del aceite de oliva, que era, según estos doctores, peor que el de girasol, menos recomendable. Fue mi padre, que en su vida leyó un libro, quien me abrió los ojos.

-¿Qué sabrá este -dijo una tarde oyendo al pretendido doctor- de aceites? Tú -se dirigió a mi madre- ni caso. Aceite del pueblo hecho con las olivas de los bancales de mis hermanos.

-Les hará falta el aceite de oliva para venderlo por ahí fuera -le respondió mi madre.

Dejé de leer los periódicos por aburrimiento; pero nunca he olvidado aquella conversación. Era curioso: con el nombre de los pretendidos médicos, que no eran partidarios del aceite de oliva, daban, todas las tardes, su número de colegiado. Por supuesto que no íbamos a tomarnos la molestia de comprobarlo. Era un dato inútil, pero con una clara intención.

Más tarde, en aquel período llamado la Transición, volví a leer periódicos y revistas con verdadera fruición. Hubo una enorme efervescencia de unos y de otras. Con el tiempo, sin embargo, decayeron y yo también perdí el interés por unos y por otras.

Sea como fuere, y pese a todo, siempre he tratado de estar informado, de leer periódicos; pero conforme fui creciendo en edad, y espero que también en sabiduría, me fui dando cuenta de aquello tan famoso de “tantos son los bachilleres, tantos son los pareceres”. Y así unos periódicos porque así está inscrito en la naturaleza humana, y otros por motivos espurios, inconfesables desde luego, defendían lo indefendible, o seguían atacando al inocente aceite de oliva tal vez porque habían recibido órdenes de muy arriba, y de ello, sin duda, dependía su plato de lentejas. Evidentemente, ante tanta opinión, lo mejor era leer varios periódicos, sacar la media aritmética y la geométrica, y rezar para poder ser capaz de ver las cosas con un mínimo de claridad y objetividad.

Fue posible leer varios diarios, bienaventurado sea el siglo de los ordenadores, gracias a Internet y a los periódicos digitales. Ya de buena mañana, y sin tener que ir al kiosko, aparecen todos en el ordenador, y se pueden leer todos. Es una enorme ventaja. Ahora bien, sea por esta facilidad, sea porque se ha vulgarizado la prensa, o la vida española en general, los periódicos, al menos los tradicionales, se han transformado en puros panfletos cuando no en vulgares revistas de modas o del corazón. Y así no resulta extraño que las noticias importantes, decisiones políticas, sucesos más o menos graves, apenas ocupen unas líneas en tanto que el resto del periódico se dedica a cosas de tanta enjundia como qué hacer un domingo por la tarde para no perderse por Madrid, o por donde sea; nos informan también de las virtudes de las croquetas hechas con harina blanca; ponen énfasis en el zasca, palabra absurda donde las haya, de fulanito a menganito en cierto programa televisivo; o, en el punto álgido de la vaciedad, demuestran que Numancia se perdió en tiempos de Viriato por culpa de un virus, que, además, trajeron los romanos, como las calzadas, el vino y el sistema educativo. A estas lindezas cabe añadir noticias y más noticias sobre fútbol y aledaños. Y todo eso sin mencionar las necedades que hace o deja de hacer esta o aquella famosa o influencer, si me perdonan el idiotismo. Y sin comentar la forma de redactar de muchos de estos periodistas, que no se sabe si utilizan el inglés vulgar o la variante dialectal del castellano, o español, de algún remoto lugar perdido.

Algo similar, en todos los aspectos, sucede con las televisiones. Y con todo. Al fin y al cabo, todas estas empresas de pretendida información están montadas para ganar dinero; y al pueblo hay que hablarle en necio, como decía Lope de Vega, que de eso sabía mucho. Y si ni aun así se venden periódicos, siempre nos quedará el llamado periodismo de investigación, con sus sensacionales noticias de última hora y su autobombo.

Ha degenerado tanto la lengua en manos de algunos periodistas con los zascas, selfies, trending topic, fichar, balconing, look, influencer, y demás sandeces, que no podemos por menos de analizar lo que entienden estos por “periodismo de investigación”, y por periodismo independiente. Está claro que un periódico que reciba prebendas del estado, o de una multinacional cualquiera, jamás podrá ser independiente. Y en el otro caso creo que sería más conveniente hablar de periodismo de filtración que de investigación.

Dicen los periodistas, ante una noticia más o menos relevante, y de impacto, que deben proteger sus fuentes, y que no las van a revelar. Muy honesto. Está muy bien. Tampoco pretendo que denuncien a nadie. Pero igualmente todo lector está legitimado para preguntarse cuál es el origen de ciertas informaciones, o de ciertos artículos, que no dejan de ser muy interesados por mucho que se invoque la verdad, la libertad de expresión y todo cuanto se les ocurra. Intentar conocer las fuentes no tiene otra finalidad que comprobar hasta qué punto los periódicos no son utilizados por los políticos, corruptos, o a la sombra de la corrupción, para destrozar a sus enemigos políticos, o a quien se atreva a llevarles la contraria, o a acusarlos de cualquier tropelía. El estado siempre necesita, al menos el corrupto, aliarse con alguien que llegue a donde él no puede llegar. Antes era la religión, y ahora son los medios de comunicación, y, por supuesto, los jueces.

De todas formas es todo tan burdo, y no podía dejar de ser de otra forma en este estado tan vulgar y corrupto que estamos viviendo, que, en ocasiones, no hace falta que revelen nada. Así, por ejemplo, que el vergonzoso vídeo de un robo, necio y absurdo, salga a la luz a los cuatro años de producirse dicho robo, delata a quien lo publicó y a sus fuentes. No creo que fueran muchas las personas que tuvieran acceso a una cinta que, por ley, se debe borrar al cabo de un corto espacio de tiempo. No se borró, se donó. Con eso cabe preguntarse a quién benefició la susodicha llamémosle información, y así queda todo aclarado. Ahora bien, que se intente hacer pasar esta vergüenza por periodismo de investigación o es una burla soez, o demuestra el grado de inteligencia de quien lo dice, o ambas cosas.

Por supuesto el medio de comunicación también se retrata por las noticias que selecciona, la relevancia que les da, y la importancia que puedan tener, o se les quiera dar. Hemos visto a periódicos guardar un silencio digno de una tumba, o de un cementerio, ante flagrantes casos de corrupción y de nepotismo. No han visto nada; pero nos han informado, inmediatamente, de con quién se paseaba, o se besaba, esta o aquella señora de la oposición, y si estaba preñada o no. Lo de no ver, no oír y no hablar no va con las vidas de algunas personas. Con ellas la veda está permanentemente levantada.

Y ahora nos amanecemos, cuando el país se está derrumbando porque está podrido de arriba abajo, salvo contadas excepciones, con la enorme noticia de que un señor y una señora, de la oposición, se han comprado un chalet que no está al alcance de cualquiera. Parece que lo han pagado con su dinero, o lo van a pagar con una envidiable hipoteca. La compra no es producto de ninguna venta fraudulenta ni de ninguna mordida. Al menos nadie lo ha denunciado ¿Dónde está el problema entonces? En que este señor y esta señora, al parecer, se presentaban como proletarios y están actuando como burgueses. Es decir, es un problema de hipocresía, de incoherencia. Si el periodismo de investigación va a consistir en perseguir a todos quienes se contradicen, puede comenzar por mirar el campanario de su propio pueblo. Para rematar la faena, la guinda del pastel, aparece otro supuesto periodista lanzando invitaciones para ir en “romería” al chalet en cuestión. Muy digno el llamamiento, digno de un cerebro privilegiado. Valdría más, digo yo, que fueran a cualquier iglesia o sede de algún partido podrido. Igual espiritual, o crematísticamente, les era más rentable. Máxime si rezaban el rosario en latín, y así de paso practicaban idiomas.

Gracias a la ciencia, que avanza una barbaridad, tenemos periódicos digitales que no participan ensalzando el aceite de girasol y denigrando al de oliva. Y quedan periodistas honestos que no se pliegan a estos juegos e informan de lo que deben informar. Por lo demás, sigo sin entender tanta y tanta corrupción, que haya tanto y tanto ladrón de guante áspero. ¿Tanto dinero necesitan estos arribistas corruptos? Si es cierto que estos corruptos, que han detenido y juzgado últimamente, van a a ir a prisión, creo que deberían recomendarle que leyeran a Séneca. Tendrán tiempo para hacerlo. Les recomiendo la carta XX de las Epístolas morales a Lucilio. Un fragmento reza así: “Nadie es rico por nacimiento; todo el que viene al mundo recibe la orden de contentarse con leche y pañales. Con semejantes principios, luego los reinos no nos bastan”1.

Quizás por eso mismo toda sociedad necesite de la filosofía y del periodismo, de alguien que vigile, y no se duerma con los dulces cantos de una riqueza tan enorme como absurda, o no se pliegue ante un plato de lentejas. Y digan lo que digan doctores, falsos o comprados, el aceite de oliva siempre será mucho mejor que el de girasol. Esperemos que no se repita tan absurda situación, que Penélope deje de tejar el sudario de una vez; y no tengamos que repetir un día sí y otro también la famosa cantinela de Cicerón: “¿Entre que gente estamos?”2 ¿Entre qué gente estamos? Para echar a correr. Por esto, y otras cosas, es bueno que haya periódicos libres que denuncien todo lo denunciable, y personas que los lean. Recomiendo lo que me recomendaron. Vale.





1Nemo nascitur dives; quisquis exit in lucem iussus est lacte et panno esse contentus: ab his initiis nos regna non capiunt.

2Ubinam gentium sumus?



Etiquetas:   Objetividad

Compartir
Tu nombre:

E-mail amigo:
Enviar
PDF

0 comentarios  Deja tu comentario




Los más leídos de los últimos 5 días

Comienza
a leer


Un espacio que invita a la actualidad e información
 

Publica tus artículos


Queremos ser tus consejeros y tu casa editorial

Una comunidad de expertos


Rodéate de los mejores y comienza a influir
 

Ayudamos a tu negocio


El lugar y el momento adecuado donde debes estar
Secciones
17272 publicaciones
4442 usuarios
Columnas destacadas
Los más leídos
Mapa web
Categorías
Política
Economía
Sociedad
Cultura
Ciencia
Tecnología
Conócenos
Quiénes somos
Cómo publicar en Reeditor
Contacto
Síguenos


reeditor.com © 2014  ·  Todos los derechos reservados  ·  Términos y condiciones  ·  Políticas de privacidad  ·  Diseño web sitelicon.com  ·  Únete ahora