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Entrevista a la escritora Susana Rodríguez Lezaun


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21/05/2018


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La saga del inspector David Vázquez ha convertido a Susana Rodríguez Lezaun en una escritora con fieles a sus tramas de novela negra, el formato que ha hecho aumentar su público de lectores en los últimos años.


Es natural de Pamplona y licenciada en Ciencias de la Información.

Entrevista realizada por Begoña Curiel para ELD.

–Siempre quiso contar historias. Es periodista y escritora. ¿Lo siente a medias, mezclado o por días?

Creo que tengo dos personalidades completas, distintas y complementarias. Soy periodista a tiempo completo, aunque ahora no ejerza, porque es mi vocación desde pequeña y no puedo evitar ver la vida con ojos de periodista. Y soy escritora las 24 horas del día, aunque esta profesión es más reciente, no me consideré como tal hasta que publiqué mi segunda novela, “Deudas del frío”. Entonces vi que aquello no había sido una casualidad, ni un golpe de buena suerte, sino que era capaz de escribir historias y transmitir emociones con mis palabras.

–El inspector Vázquez le ha dado ya para tres novelas. ¿Tiene mucho más futuro por delante?

De momento sé que tendrá al menos una cuarta entrega. Tengo el guion sobre la mesa y empezaré a escribir en breve. Ahora necesito descansar un poco la mente, porque escribir la tercera me ha exigido un esfuerzo mental y físico del que tengo que recuperarme un poco. Coger aire y fuerza. Pero estoy segura de que David Vázquez volverá.

–Curiosamente su inspector no cumple los cánones del policía vuelto de todo. En las entrevistas –al menos en los inicios de la creación de su personaje– asegura que es una persona normal.

Mi intención desde el principio, desde la primera página de “Sin retorno”, ha sido mostrar abiertamente la evolución de una persona normal en función de lo que le pasa en la vida. David Vázquez sufre mucho en estas novelas, y las heridas le dejarán cicatrices con las que tendrá que aprender a vivir. El lector es testigo de estos avatares, comprende y comparte su evolución y espero que entienda su comportamiento posterior. Es inevitable que la vida nos marque. Todos somos producto de nuestras experiencias.

–“Sin retorno”, “La deudas del frío” y ahora “Te veré esta noche”. Es una saga con historias independientes. ¿Cuándo escribía la primera, vio que daba para más y siguió adelante, o estaba previsto?

En mi cabeza estaban muy claras las dos primeras historias, y esbozada la tercera. De hecho, cuando publiqué “Sin retorno” tenía casi acabada “Deudas del frío”. La historia era demasiado compleja para un solo libro, habrían sido mil páginas. Al pretender que mis personajes evolucionaran ante los ojos de los lectores, tenía claro desde el principio que necesitaba al menos tres volúmenes.

–Lo tiene muy claro. Le gusta la novela negra para leer y para escribir. ¿No se ve con otro género?

Sí me veo, pero no estoy segura de hacerlo bien. Podría intentar hacer una inmersión en la narrativa, en la novela histórica, pero creo me sentiría extraña. Me temo que veo la vida en clave de novela negra y eso, a mi edad, es muy difícil de cambiar.

–Vázquez Montalbán es uno de sus admirados. Actualmente la novela negra vive un resurgimiento, aunque como en todos los boom, se cuela escasa calidad. ¿Qué autores actuales del género le gustan?

Últimamente estoy leyendo mucho y muy bueno. Me pones en un aprieto pidiéndome que nombre a algunos autores, porque seguro que me dejo alguno en el tintero. Dejando claro que esto es sólo una muestra, reconozco que he disfrutado con las novelas de Carlos Bassas, Laura Gómara, Agustín Martínez, Alicia Giménez Bartlett, Carmen Moreno, Marcelo Luján, Aro Sáinz de la Maza… Los recuerdo porque son los más recientes, pero hay muchos más, sin salir del panorama nacional, que tienen una enorme calidad literaria y unas historias fantásticas. Sólo hay que darse una vuelta por las librerías y echar un vistazo.

–¿Qué libros recomendaría que no sean del género negro o de realismo mágico?

Cualquiera de José Saramago o de Miguel Delibes (de este, “El hereje” me impactó mucho). Me gusta Camilo José Cela, y de los autores actuales me declaro admiradora y gran lectora de Almudena Grandes. También leo mucha novela extranjera, hay muchos nombres que se me vienen a la cabeza, pero prefiero quedarme con la literatura nacional.

–También le gusta el realismo mágico de autores sudamericanos. Nada que ver con lo negro. Es un gran contraste, ¿no?

No tanto. Gabriel García Márquez no escribía novela negra, pero en sus libros se narraban historias muchas veces desgarradoras que acababan en muertes muy crueles. Era un analista del género humano, y la novela negra plasma casi siempre la realidad de la sociedad en la que se desarrolla, la cara oculta de las personas. “Pedro Páramo” está plagada de muertos, y “Como agua para chocolate”, por ejemplo, es un realismo mágico bastante negro…

–¿Cómo y cuándo escribe novelas Rodríguez Lezaun? ¿Le deja huecos el periodismo? ¿Es de los autores que se evaden con facilidad cuando el tiempo y el momento no es el adecuado para la inspiración?

La verdad es que escribo cuando puedo. Ya no trabajo como periodista en activo, sino como correctora, un trabajo que me permite pasarme el día leyendo, ¡qué más puedo pedir! Dedico las tardes a escribir. Suelo comenzar por leer las últimas páginas que he escrito, o por repasar el guion que siempre hago, para ponerme en situación y poder continuar. Reconozco que cuando la cabeza no está centrada es muy difícil escribir bien, pero no me duele borrar lo que no está bien. A veces la inspiración llega sin avisar, de madrugada, en el coche, durante un paseo… Si estoy en casa, enciendo el ordenador, sea la hora que sea, y escribo sin parar, metida en mi mundo. Si no, siempre llevo un cuaderno en el bolso y en el coche, y apunto todo lo que tengo en la cabeza, esté donde esté.

–Abril y mayo son mágicos para la literatura. Son los meses de las ferias del libro, el tiempo de los libreros, las promociones literarias y todo el mercado que lo rodea, envuelve y atraviesa. ¿Cómo vive un autor ese frenesí?

La verdad es que la vida cotidiana se pone un poco patas arriba durante estos días, pero es una ruptura de la rutina muy gratificante, al menos para mí. Me gusta mucho el contacto con los lectores, tener la oportunidad de conocer de primer mano sus opiniones, lo que han sentido al leer mis novelas, lo que esperan… No lo cambiaría por nada.

–La pena es que después… parece que todo pasa. La furia por descubrir obras nuevas y viejas decae en un país donde las estadísticas de la lectura nunca parecen vivir buenos momentos. Es una crisis lectora permanente. ¿Tiene esa sensación/opinión?

Es cierto que vivimos en un país poco lector, y nadie parece tener la fórmula mágica para que eso cambie. Insisto en que se publica mucho y hay obras muy buenas, pero un libro tiene que competir con el cine, la televisión, youtube, los canales de series… Por no hablar del pirateo, una lacra que sólo parece preocupar a los autores. Se anima a los jóvenes a leer, pero la literatura tiene cada vez menos presencia en las aulas. Vivimos agobiados, siempre deprisa, y cuando tenemos tiempo libre, podemos dividir el ocio entre muchas opciones. Es complicado. No pretendo que todos los días sean como el 23 de abril, pero estaría bien que los niveles de lectura estuvieran más cerca de la media europea.

–¿Cómo ha sido y es su relación con las editoriales? ¿Se considera afortunada?

Me considero una privilegiada. Publico mis novelas en la editorial más importante de este país, apuestan por mí, me acompañan en el proceso y promocionan mi obra. No puedo pedir más. Sé que muchos buenos autores tienen dificultades para encontrar editorial y por eso me considero aún más afortunada.

–Cuéntenos…, esa primera vez que tocó con sus manos el papel de su primera novela, ¿qué le pasó por el cuerpo?

La primera novela fue una sucesión de grandes momentos que no olvidaré jamás. Recuerdo cuando el mensajero dejó la enorme caja con los primeros ejemplares en la puerta de mi casa. Corrí a por unas tijeras para abrirla, casi arranqué las cubiertas de cartón y descubrí por fin la portada que sólo había visto en fotografía. El olor a papel y tinta, el brillo de la luz sobre el título… Suena poético, pero lo recuerdo así. Como un sueño. No lloré, no soy mucho de llorar, pero me faltó poco. La emoción fue muy intensa.

–Una vez que se publica un primer libro, ¿un escritor es capaz de parar, puede dejar esta droga aunque las ventas no sean buenas o directamente no compense?

En mi caso, no hay forma de dejar de escribir. Y cada vez más. Tengo tres novelas “pergeñadas”, una ya con guion, unas 30 páginas escrita de otra y unas cuantas anotaciones de la tercera. La mente y el cuerpo me piden seguir escribiendo, sacar a la luz todo lo que hasta ahora sólo vivía en mi cabeza. Me encanta esa sensación, aunque a veces acabe dolorida después de tantas horas delante del ordenador. Sí, podría decirse que es una droga, estoy de acuerdo. Y lo que menos importa son las ventas o si alguien querrá publicar lo que estoy escribiendo.

–Hay autores que se ven obligados a optar por la autopublicación. Sean buenos o malos. Hay muchas joyas desconocidas que se pierden las editoriales y otras veces, las firmas se empeñan en ensalzar valores que no siempre cuentan con calidad. ¿Cuál es su visión de este asunto?

Es cierto que a veces buenos autores con estupendas obras se encuentran con las puertas de todas las editoriales cerradas. Unos optan por la autoedición, con una difícil distribución y promoción, y otros prefieren meter su novela en un cajón. Es una lástima. Y hay libros que son sólo producto de una buena publicidad. En este caso, reconozco que no entiendo a las editoriales. Vender una obra de dudosa calidad les perjudica, porque al lector lo engañas una vez, pero no dos. Si les das una novela mediocre porque se la has metido por los ojos y no le gusta, no volverá a ese autor y dudará de las siguientes ofertas. Sin embargo, somos una sociedad consumista que nos creemos todo lo que nos dicen, compramos a golpe de anuncio publicitario, y eso lo saben todas las empresas, también las editoriales.

–¿Qué comentario o comentarios le han hecho a lo largo del tiempo sus lectores que le hayan impactado más?

Recuerdo muchos, los lectores suelen ser muy amables, pero hay un par que me impactaron por la tragedia que implican y, sin embargo, la sonrisa con la que me lo contaron sus protagonistas. Por un lado, una lectora joven con una grave enfermedad me contó en voz baja mientras le firmaba un ejemplar que descubrió mi primera novela por casualidad, cuando acababan de darle el alta del hospital con el terrible diagnóstico. “Hasta ese día me iba a la cama llorando”, me dijo, “pero ahora me acuesto para leer tu libro. Ya no he vuelto a llorar”. Y otra me comentó que una de mis novelas le acompañó durante las ocho interminables noches de agonía de su madre. “Me metía en tu mundo y dejaba de escuchar las máquinas a las que estaba enchufada”, me comentó. Me siento muy honrada por tener unos lectores así.







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