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Dólar alto y tasa baja


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13/05/2018


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Un país que solo puede ingresar divisas vendiendo agroindustria, commodities, algunas manufacturas industriales, ensamblando automotores con la mitad de componentes importados y recibiendo turismo, necesita básicamente tener: dólar alto y tasas bajas. 




Dólar alto para estimular al máximo cualquier actividad exportable (que todos quieran exportar algo) y tasa baja para que haya acceso al crédito, con ese crédito a la inversión y producción de materias, productos o bienes, tanto exportables como de consumo interno.

Es una simplificación reducir todo a solo dos variables, hay ciento de factores técnicos económicos además, pero sirve para explicar justamente lo básico.

Qué las importaciones y el turismo al exterior (gastar dólares afuera los argentinos o empresas que operan aquí) sea continuamente por encima de las exportaciones y recibir turismo internacional (que los extranjeros nos paguen dólares) solo es sostenible con deuda externa en dólares, para poder pagar.

Esa ecuación es la que se debe invertir, para que los tenedores de bonos argentinos (los ciudadanos de otros países que nos prestan) no terminen financiando la compra de bienes importados y los viajes al exterior de los argentinos.

A la vez si se pudiera invertir esa ecuación, cuanto más alto sea el nivel de exportaciones, más dólares van a ingresar,  y en un sistema de flotación libre, puede tender a caer su valor. Para eso está el Banco Central y cuando esto pasa por exceso de dólares comerciales, puede emitir cada vez más pesos para compensar la depreciación de la divisa. A su vez esos pesos inyectarlos en la banca para otorgar más crédito y conseguir así más inversión, mayor actividad y unida a esta, una cada vez mayor recaudación. 

Esto sería un circulo virtuoso que bajaría el déficit fiscal y a la vez el déficit comercial y de cuenta corriente externa (el estado recaudaría más de lo que gasta, e ingresaríamos más dólares de los que pagamos en el exterior) En suma, sería la solución a todos los problemas.

Con un modelo así, en lugar de buscar bajar el gasto del estado para reducir el déficit fiscal, se buscaría una mayor actividad de la economía real, tanto la de exportación como la de consumo interno, para recaudar más y de ese modo bajar el déficit. 

Dólar y tasa terminan siendo siempre las dos únicas variables, a las que apela cada gobierno a través de su Banco Central (con todas las que se podrían aplicar desde el Ejecutivo), para calentar o enfriar la economía, sin intentar nunca, realmente hacer crecer la actividad. Es más, si el crecimiento de la actividad les puede significar más calentamiento de la inflación, suben la tasa y usan al dólar como ancla, por temor a una escalada inflacionaria y hasta de una  hiperinflación.

El Banco Central de Sturzenegger fue más allá. 

En apariencia divorciado del Ejecutivo (hasta el 28 de diciembre de 2017 demostraron que no) de la salida inicial del Cepo de CFK con una devaluación de 44% (insuficiente para un retraso que se percibía mayor y quedó expectativa de suba del dólar) en teoría iban a dejar flotar al dólar libremente, pero no fue así. A tal punto no lo fue, que llegaron  a colocar una tasa de 38% a las Lebac, le quitaron el cepo al dólar, pero a la vez le pusieron un cepo al peso con esa tasa. 

Y ese cepo con las Lebac,  es el que hoy no pueden levantar, no al menos sin una crisis financiera de envergadura.

Es real que con un cepo al dólar como el de CFK, no iba a haber un flujo de salida de dólares, aunque igualmente salían y la fuga superó los 80 MM en su mandato, pero a la vez tampoco iba a haber ingreso de dólares. Era indispensable levantar la barrera, porque de donde no es fácil salir tampoco nadie quiere entrar. Ahora para levantar esa barrera (para que salgan dólares y a la vez entren dólares) había que tener algo para sacar primero y reservas casi no había. De este modo el levantamiento del cepo funcionó para que entren dólares, ya que no había nada para que salga y la tasa alta, para que se cambien a pesos y en principio no quieran salir. Sin embargo con el tiempo, hecha la ganancia de la alta tasa en pesos y ante cualquier síntoma de desconfianza, sea por razones internas o externas, esos dólares que no eran genuinos (no eran comerciales y de exportaciones) que solo venían a aprovechar la alta tasa de interés, se podían ir. 

Y se están yendo...

El modelo financiero mismo que impuso el gobierno, estancó la actividad con un dólar anclado (como ancla de inflación y que de paso no funcionó) y con altas tasas de interés (que tampoco funcionaron). La actividad productiva, comercial y exportadora, que era la única que le podía permitir ingresar dólares genuinos, practicamente nunca arrancó. El poco crecimiento que mostró, si bien parecía alentador, fue más de montos (por inflación) que de unidades (volumen). 

El cepo al peso de Sturzenegger-Macri (con la tasa) funcionó en la economía real, casi igual que el cepo al dólar de Marcó del Pont-Cristina (con la restricción de divisas)

Hoy nos enfrentamos a la encerrona, que para levantar este nuevo cepo esta vez al peso, se puede perder en el intercambio si por el escenario de volatilidad demandan divisas, buena parte de los dólares acumulados. Lo que hace grave la situación, porque si no se podría decir, empecemos de nuevo como hicimos en 2015, es que hay compromisos de deuda e importaciones de energía muy próximos, que nos demandan gran cantidad de dólares. Y lo más grave sin duda, es que eso dólares que ingresaron para aprovechar la tasa y cambiaron a pesos, hoy para responder al capital de las Lebac más intereses, se van a llevar un promedio de 30% más de dólares. 

Es que fueron dólares alquilados y caros, no eran del Central, no eran dólares comerciales, no eran del país, solo los dejaron prestados por la alta tasa. Muy mal negocio el que hizo el Central.

Si Sturzenegger- Macri luego de levantar el cepo al dólar de CFK, hubieran dejado flotar la divisa en un nivel alto, uno que no sea fácil de alcanzar por los precios (pass through) y tampoco por los salarios (para bajar costo laboral),  hubieran despegado un poco, la economía doméstica del dólar. También se hubiera ganado la competitividad, que hoy no es opción ganar bajando impuestos y costos,  por el déficit. Y además no se hubiera necesitado una tasa alta, eso hubiera desalentado el trade curry (bicicleta financiera)  y en cambio hubiera hecho explotar la actividad de la economía real.

A esto muchos le pueden llamar "ajuste por megadevaluación", una salida que históricamente el peronismo (con su poder político) implementa para corregir desajustes, licuar déficit y bajar los costos internos, y lo es. Pero ¿en un país altamente dolarizado, donde habitualmente se usa el dólar de ancla inflacionaria y se pierde competitividad y donde además siempre hay déficit, hay otro modo de corregir?

El otro modo es el supuesto gradualismo, que cada implementación en la historia fracasó. Pero lo peor no es que haya fracasado, aún con toda la pobreza que se generó en cada fracaso. Lo peor es que nunca se evalúa sus costos mientras se lo implementa. 

¿Alguien puede decir que es más costosa una megadevaluación, del 100% aproximado a diciembre de 2015 como se pudo hacer, que el gradualismo elegido por el gobierno, contando la impresionante tasa de pesos que se pagó y la caída en recaudación por estancar la economía real?

Solo en interés de Lebac el BCRA estos dos años lleva pagando más de 800 MM de pesos. Eso sin contar los intereses de la colocación de bonos en dólares en el mercado internacional. Y la recaudación que no se obtuvo, un número incierto, que quizá hubiera achicado buena parte del déficit fiscal y si hablamos de exportaciones, del déficit de cuenta corriente externo (los dólares que le faltan cada año a nuestra economía)

Hoy el dinero virtual que fabricó el propio Banco Central, las Lebac que también fueron un modo desbordante de emisión,  pone en jaque a las Reservas.

El gobierno ampliando el error original, en lugar de buscar una salida coherente y consensuada con todo el arco político, recurre a un crédito del FMI por un monto no confirmado aún, pero que sea cual sea no va a terminar cubriendo la demanda de dólares que podría tener, más los compromisos de deuda y las importaciones, de aquí a 2019.

Quizá no lo reconozca, pero todo el endeudamiento externo e interno, en dólares y en pesos y las variables que implementó, no sirvieron para bajar la inflación, no hicieron crecer la actividad más allá de la de supervivencia empresaria y comercial,  y no hicieron otra cosa que postergar la crisis.

Este crédito con el FMI va en el mismo sentido. Sigue postergando la crisis y tan solo sirve para ganar tiempo.

El problema es de liquidez y no de solvencia dicen los funcionarios, pero no aclaran que eso aplica más al sector privado que al Estado. El sector privado, la economía real, la producción y el trabajo, son los que están estancados, con alta capacidad ociosa y listos para arrancar; en cuanto el sector financiero y las variables que impone el Estado, ofrezcan un escenario favorable a la actividad o al menos algún número estable en el tiempo.

El sector financiero, por las reglas de juego que le impone ( o le regala) el Estado, tiene paralizado al sector productivo y comercial, que a diferencia del 2001 está intacto y listo para arrancar.

Solo del gobierno depende tomar las decisiones correctas, priorizar una vez la producción y el trabajo,  por sobre la renta financiera y la especulación.

Una solución rápida aunque cuestionable, puede ser aunque sea de modo temporal, dar un bono dolarizado y con intereses a los tenedores de Lebac, que sea transable por compra de bienes durables o inmuebles, pero no monetizables por un plazo.

Esta salida sería cuestionable en cuanto a seguridad jurídica, pero le quitaría toda la presión que hoy tiene el Central sobre las Reservas y además podría sin Lebac, bajar la tasa a un nivel razonable (a la meta de inflación del 15% por ejemplo) y que la actividad económica arranque.

A partir de esa decisión, se debería dejar flotar alto al dólar, con los montos de intereses que ya no se pagarían en Lebac se pueden subsidiar importaciones industriales, de insumos, energía y medicamentos, y que no haya presión sobre precios.

En suma se podría vivir en un país (pobre y que vive de exportar primarios) más normal.

Dólar alto y tasa baja sin duda es el mejor escenario para un país como Argentina.

Seguro no va a permitir en principio el actual consumo, ni por el tipo de consumo ni por el nivel. No va a permitir los viajes al exterior como hasta ahora, los tours de compras en otros países, la actualización tecnológica y de confort en bienes poco durables que tuvimos. Qué en un país como este  haya más de 60 millones de celulares solo por dar un ejemplo, significó para poder tener los dólares necesarios para importarlos, exportar varios millones de toneladas de soja o su equivalente a endeudamiento externo. Hoy buena parte de esos celulares, son obsoletos o están fuera de servicio, pero los dólares que tanto costaron producir exportando o que aún debemos, ya no están.

Se parece bastante a los espejitos de colores de la colonia.

Tener dólar alto puede significar menos y distinto consumo, pero con el tiempo de crecer y ser competitivos, va a significar también, que mucho de lo que importamos hoy, se produzca en el país.

Va significar sin duda menos salario en dólares, pero quizá más acorde con la región. Esto también con el tiempo, va a hacer que la economía y los costos locales, deban diferenciarse de la cotización de la divisas, para poder funcionar y seguir siendo vendibles. Desde propiedades a bienes durables, deberán adecuarse al poder adquisitivo en pesos y no en dólares.

De poco sirve tener ingresos promedio de 800 a 1000 dólares, contra menos de 400 dólares en la región, cuando aquí esos ingresos, no alcanzan para vivir.

Dólar alto y tasa baja es la fórmula para hacer crecer la economía real,  y las últimas décadas, tuvimos dólar bajo y tasa alta.

Nos viene gobernando el enemigo. 





Ilustración: Foto de un gráfico de Deuda tomada 2016-17-18 de Carlos Melconian 









 





















 



Etiquetas:   Economía   ·   Crisis Económica   ·   Mauricio Macri

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