Iberé Camargo… genéticamente accesible

“Si se ignora al hombre, la arquitectura es innecesaria.”


.”
Álvaro Siza (1933-actualidad) Arquitecto portugués.

 

Factores genéticos del acto proyectual

 

El código genético es el conjunto de normas, por las que la información codificada en el material genético (secuencias de ADN o ARN), se traduce en proteínas en las células vivas.

Tal vez la característica más significativa del código genético es su universalidad. Esto significa que todos los seres vivos tienen los mismos nucleótidos en su ADN y son traducidos de la misma forma en proteínas. Esto nos lleva a meditar acerca de un origen común y único a todos los seres vivos1.

Todo contexto impone restricciones al pensamiento creativo, los condicionantes son la base de la creatividad en la Arquitectura; son en definitiva su fundamento y su fin2.

Pero existen condicionantes que son superiores a las que un contexto pueda imponerle a una obra arquitectónica. Aquellas que, por ejemplo, refieren a los derechos fundamentales de las personas, como el libre desenvolvimiento, la no discriminación y la igualdad de oportunidades.

El código genético es el mismo para todas las obras de arquitectura. La accesibilidad al medio físico es la proteína esencial por la cual la obra del arquitecto adquiere su fenotipo propio.

Los genes son siempre parte de la vida, nos influyen en todos sus aspectos, pero no nos determinan cuál será el argumento de esa vida o el final de la historia.

 

Siza desembarca en POA

 

La Fundación Iberê Camargo fue creada en el año 1995, un año después de la muerte del artista brasileño, cuyo objetivo era preservar y divulgar su obra. Con el fin de aproximar al público a la obra de este artista, uno de los grandes nombres del arte brasilero del siglo XX, la institución procura incentivar la reflexión sobre la producción contemporánea.

Durante 13 años, la Fundación Iberê Camargo tuvo como sede la  casa donde el artista vivía. En mayo de 2008, la institución inauguró su nueva sede, la primera edificación del arquitecto portugués Álvaro Siza en Brasil. El proyecto que recibió el León de Oro en la Bienal de Arquitectura de Venecia de 2002, se ha configurado como un referente arquitectónico no solo para la ciudad de Porto Alegre, sino para la arquitectura brasilera.

Esta obra cuenta con un área total de 8250 m², construida en un terreno cedido en 1996 por el Gobierno del Estado de Río Grande del Sur, en las orillas del Lago Guaíba. El trabajo técnico de planificación del espacio se llevó a cabo en 1999, el mismo año en que Siza fue invitado a realizar el proyecto arquitectónico, cuyas obras se iniciaron con la colocación de la piedra fundamental en junio de 2002.

Primera obra en Brasil en utilizar el hormigón blanco visto, reforzado en toda su longitud, la construcción no utiliza ticholos o elementos de cierre. Además del impacto plástico, el material ofrece una alta durabilidad y bajo mantenimiento. Desarrollado por la empresa constructora Camargo Corrêa, en colaboración con la Universidad Federal de Rio Grande do Sul, fue uno de los dos ganadores del Tercer Premio de Tecnología y Construcción, creado por el área de Infraestructura de la ONU3. 

 

La obra

 

Definida por el propio Siza como una “casi escultura” – donde luz, textura, movimiento y espacio son cuidadosamente explorados –, la edificación favorece la relación directa entre el espectador y la obra de arte, y torna el contacto con el trabajo de Iberê todavía más rico.

Esa relación directa entre el espectador y la obra se potencia al máximo con el juego y la calidad espacial lograda. Tres plantas, un atrio para recibir las obras de arte de carácter temporal, una múltiple altura central con pasajes y rampas que nos remontan al concepto de “promenade architecturale”, creando una dialéctica entre arte, naturaleza y arquitectura.

De líneas simples y esbeltas, espacios interiores amplios y diferenciados, con circulaciones verticales bien definidas y con un único servicio higiénico adaptado para todo público por planta, es un ejemplo de integración de la accesibilidad física con diseño arquitectónico más allá de las normas.

Su contraste de delicadas curvas y trazas rectas, el juego simétrico – asimétrico que se evidencia en la elección de determinados puntos de vista interiores y exteriores para apreciar la obra, demuestran la experticia de Siza para lograr una obra de arquitectura que incorporó la accesibilidad al medio físico en su código genético de una manera formidable.

 

La deuda de Iberê

 

Le Corbusier en su “Textos y Dibujos para Ronchamp” realizaba una metáfora que entre arquitectura y gastronomía que expresaba la analogía entre la mente humana y un recipiente donde se pueden verter a granel  los ingredientes (componentes de un problema), para dejarlos “flotar”, “cocinarse lentamente”, “fermentar”.

La metáfora del cocinero empleada por el propio Le Corbusier nos sugiere una manera de afrontar el encargo4. 

La ausencia de uno de esos ingredientes en el proceso de ideación de la obra arquitectónica, puede llevarnos a que el plato principal no se potencie en toda su expresión. Es como la adición de sal en las comidas. El sabor salado es uno de los cinco sabores principales y responde a la capacidad específica de las papilas gustativas ubicadas a ambos lados de la parte delantera de la lengua. La sal añadida a un alimento tiene efectos potenciadores de su sabor.

El arte es una experiencia multisensorial, donde la apreciación del mismo puede ser potenciando uno o todos los sentidos.

Quizás una de las deudas principales de esta obra de Siza es considerar a la persona no vidente como usuario o destinatario de esta obra. Donde el edificio no sea recorrido meramente por el sentido visual.

La inclusión de un plano háptico en la entrada de la edificación, la audio descripción de las obras, la incorporación de señales táctiles para la lectura de las mismas, y elementos de orientación en las salas, hubiesen sido la sal adicionada para potenciar tan magnífico “plato gourmet” como lo es la Fundación Iberê Camargo.

 

La condicionante como motivadora

 

Retomando los conceptos que el Prof. Arq. Alejandro Folga maneja en su libro “Tres Herramientas Proyectuales”, debemos replantearnos en nuestros procesos creativos a las condicionantes como aquellos preceptos generadores de ideas, en lugar de tomarlos como “frenos”, límites, barreras a la creación, a la libre imaginación.

Debemos concebir a las condicionantes como caminos a ser descubiertos por el proyectista. Caminos que siendo recorridos, ofrecen alternativas de diseño que ofrezcan otras vías de soluciones creativas.

La accesibilidad al medio físico no es una condicionante que surja del contacto con el problema específico, del encargo hacia el proyectista.

La accesibilidad al medio físico es una condicionante dentro del código genético de la Arquitectura del siglo XXI. Su fenotipo es la variable…

 

 

“Es precisamente el contacto y la apertura lo que va construyendo la cultura y la identidad de los pueblos.”

Álvaro Siza (1933-actualidad) Arquitecto portugués.

 

1 http://www.ecogenesis.com.ar/index.php?sec=articulo.php&Codigo=59

2 Folga, Alejandro. Arquitecto – Tres herramientas proyectuales. Facultad de Arquitectura. UdelaR.

3 http://www.iberecamargo.org.br/a-fundacao/fundacao-sede.aspx

4 Folga, Alejandro. Arquitecto – Tres herramientas proyectuales. Facultad de Arquitectura. UdelaR.

UNETE
Compartir
Tu nombre:

E-mail amigo:
Enviar
PDF




  • linkedin facebook twitter
  • ©reeditor.com
  • Todos los derechos reservados
  • Avisos Legales