.
De esta manera, las tres empresas relevantes en el mercado (junto con Standard
& Poor’s y Fitch) ya ubican a México en perspectiva estable, lo que quiere
decir que en un horizonte de más o menos dos años, ni una de las tres tienen
bajo la lupa modificar la calificación de riesgo-país de México. La única
diferencia es que la calificación de Moody’s es “A3”, un peldaño por arriba de
la de “BBB+” que le otorgan las otras dos. Llama la atención varios puntos de
su anuncio.
Primero
el “timing”, que es justo dos meses y medio antes de las elecciones
presidenciales, mediante un comunicado que prácticamente dice que no le temen a
una victoria de AMLO, ya que su presidencia no afectará en forma negativa las
tendencias económicas y fiscales (Aun no entiendo ese guiño a López Obrador a
menos que ya se estén haciendo a la idea de que va a ganar). Dice que la nueva
administración no cambiará la dirección de la política ni echará a bajo las
reformas estructurales aprobadas a principios de este sexenio. En otras
palabras, dice que no hay porque tenerle miedo, ya que no representa un
“peligro para México” como se dice, y con mucha insistencia, entre la cúpula en
el poder.
Segundo.
Los argumentos que utiliza para mejorar la perspectiva del país que no solo no
convencen, sino que casi apuntan en la dirección contraria de mucho del
análisis “oficial” que se ha hecho sobre el país. Dice su comunicado que una de
las razones principales por la cual puso a México en perspectiva negativa hace
un año era por la posibilidad de que Estados Unidos se saliera del TLCAN. Alega
que ya casi se ha eliminado este riesgo, al dejar de exigir 50% de contenido estadounidense
en los automóviles (Que yo sepa, Ildefonso Guajardo anda pariendo chayotes por
la multicitada firma de la renegociación del TLCAN, a pesar de que un día
Videgaray, y otro día también, el Presidente Peña Nieto dicen que ya merito…).
Moody´s también sostiene que México tiene una economía muy resistente y
diversificada, con finanzas públicas “muy sanas”, citando cifras que no
concuerdan con la información que tenemos. Aquí difiero totalmente y en ello
enfocaré tres razones:
1)
De entrada, resulta difícil hablar de una economía muy diversificada cuando más
de una tercera parte de la producción manufacturera proviene de un solo
subsector, el automotriz. Mucho del peligro que todavía permanece en las
negociaciones del TLCAN es que Estados Unidos insiste en un mayor contenido
regional y Trump busca reducir el superávit que tiene México con su país. Si
Trump insiste en este punto, el superávit se localiza justamente en un solo
subsector, que es el automotriz. Ante esto, Citibanamex sostiene que, de 104
ramas industriales estudiadas, las más vulnerables son las automotrices. Si
estas exportaciones se estancan, o peor, disminuyen, difícilmente veremos
crecimiento en las exportaciones no petroleras, que hasta ahora han permanecido
como nuestro principal motor de crecimiento. Y es por los niveles de
devaluación del peso y no por competitividad.
2)
También llama la atención que Moody’s considera que tenemos finanzas públicas muy
sanas y equilibradas, cuando la deuda pública como porcentaje del PIB ha
crecido consistentemente en los últimos ocho años. A pesar de que disminuyó el
año pasado, por primera vez en casi una década (-2%), todavía queda muy
elevada.
Pero
la situación es más complicada porque casi toda la explicación de la mejoría en
2017 proviene del “remanente” operativo del Banco de México, un ingreso no
recurrente. Es decir, inercial y paralelo a las devaluaciones del peso. Además,
se caracterizan por un gasto altamente ineficiente, sin mayor incidencia en el
crecimiento económico y que no ha logrado revertir la tendencia creciente de la
pobreza. Dice Moody’s que la inversión pública se ha contraído como resultado
de una consolidación fiscal (Falso y totalmente falso). Sin embargo, lleva ocho
años consecutivos a la baja, justo en años de un gasto corriente creciente, una
deuda pública al alza y déficits primarios.
3)
Por lo menos Moody´s reconoce nuestros puntos flacos en una debilidad
institucional, fallas en el estado de derecho y una corrupción prácticamente
fuera de control. Pero apunta a la ley de responsabilidad hacendaria como
fortaleza por su credibilidad. No reconoce que la ley fue modificada en 2008
para permitir un mayor déficit al excluir la inversión de Pemex de la
definición de balance fiscal, algo completamente absurdo, mientras que se ha
violado esta ley consistentemente al tener mayor déficit fiscal que lo
permitido en forma sistemática en los últimos ocho o nueve años. Para rematar,
sostiene que México tiene un marco macroeconómico fortalecido a pesar de haber
sufrido la inflación más elevada de los últimos 17 años y un crecimiento
exageradamente mediocre de 2%. Totalmente tendencioso.
En
suma. Mientras el gobierno federal se empeñe en “comprar estos análisis”, por
muchas giras que haga a Europa y el resto del mundo, ignorando la realidad que
se palpa en los indicadores, me temo que seguirá una espiral descendiente de
descrédito interminable. No han entendido que la mayoría de los que van a votar
por López Obrador son los que no ganaron nada con las políticas actuales, los
que se quedaron marginados, los que verdaderamente sufrieron la corrupción y la
violencia y que ahora, para bien o para mal, quieren un cambio. Es el voto
anti-establishment. Créame que se lo han ganado a pulso.
@leon_alvarez