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Reseña "Historia de una rebotada" de Ma. Ángeles Salas


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13/04/2018


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Esta novela es un dulce. Mariángeles Salas es una promesa de la literatura juvenil. Con su protagonista, Nata, nos sumerge en el mundo de una chica de dieciocho años que ve graves problemas por todas partes. Tiene algunos desde luego. Pero la autora se pone en su cabeza con naturalidad para explicarnos cómo una adolescente se siente una auténtica extraterrestre aunque no lo sea y la dimensión de esos problemas no tengan medidas infinitas. Simplemente existe. Estar en el mundo conlleva fracasos y éxitos que bailan como parejas que discuten y se reconcilian. Ahora esa realidad le resulta una faena pero se trata de la faena de vivir. Tan simple como complicado.


Tiene su grupo de amigas, una madre que ha apostado por una relación con un joven que podría ser el hermano de su hija, delira con un amor a la vista y por supuesto, almacena una montaña de dudas. Ese universo la mantiene en un permanente rebote por el que se refugia en un diario–terapia. Tiene la juventud que impide comprender que las respuestas no llegan por más que repitas las preguntas.

María Angeles Salas nos enternece recordándonos el asalto de interrogantes que hacen del adolescente un ser confuso y convencido de que la vida es un mundo inhóspito y cruel. Esa ingenuidad reporta al lector adulto un viaje al pasado con una sonrisa cómplice cargada de recuerdos. Eso es al menos lo que me ha pasado. Por ello esta historia resulta ideal para adolescentes. Es fácil que se identifique con las rayaduras mentales que tan bien describe la autora.

Nata necesita tiempo cronológico. Vivir. Pero tiene que descubrirlo sola. Equivocándose una y otra vez. Mariángeles nos relata con acierto los tropezones y caídas en picado de la chica que pudo ser usted, su vecina, una sobrina, su hija… Se mete en el barro con lenguaje sencillo y llano aunque con seguridad, encerrando en letra cursiva palabras y expresiones habituales en conversaciones de jóvenes (pilladísima, pichar cacho, empaná, bareto…). Aunque no crean, los que ya no lo somos, también nos llevamos estos términos a nuestro terreno. Por eso con la eterna rebotada de Nata he tenido la agradable sensación de reconocerme en el ser adolescente que todos llevamos dentro por mucho que las circunstancias y las convenciones sociales obliguen a enterrar lo que fuimos. Yo no he olvidado a mi adolescente. Ni quiero. Esta novela es un tratamiento antiarrugas para el alma si te dejas llevar.

Nata es ese amago de adulta a la que consolarías para que no sufra tanto, a la que dirías que nada es para siempre, que las cosas a veces pasan y que no hay que darle más vueltas. Los deseos de soltarle un discurso no son incompatibles con las ganas de echarle un broncazo (esos que hacen vomitar y poner los ojos en blanco a los chavales) porque se empecina en cagarla una y otra vez como diría Mariángeles (que levante la mano quien esté libre de pecado aunque no se acuerde de sus dieciocho años).

Mariángeles nos coloca al lado de Nata con su voz en primera persona. También lo hace con una de sus amigas (siempre hay una favorita). No obstante para la narración de determinados pasajes se sitúa en la tercera aunque es difícil alejarse de la cercanía que nos ofrece el relato.

La autora compatibiliza su lenguaje cómodo con una cuidada narrativa que hace que las páginas vuelen. A veces cuento las lecturas por sentadas. Esta, me ha durado dos. Es tan llevadera que se agota antes de que des cuenta. Las trifulcas con amigas, los viajes físicos y emocionales, el sabor amargo de las traiciones, la locura de esos primeros amores y el inevitable choque de trenes padres/hijos te acompañan por callejuelas de lectura entretenida donde el lector espera que se deshojen las margaritas. Esas que vemos en una portada colorista y evocadora, simbólica de una etapa tan maravillosa como incierta que por desgracia y por fortuna, solo se cura con la edad.

El interior del libro nos deleita también con una preciosa grafía que encabeza capítulos y arranques así como ilustraciones de un diario en miniatura. Son pequeños detalles que sin embargo ofrecen un encanto que no es fácil de ver en la edición de libros. En una obra lo primordial es el contenido. Por supuesto. Pero se agradecen tanto estas cositas… Como el hecho de que la lectura pueda ser para adultos y jóvenes. Cada ojo le brindará la mirada que considere oportuna porque los libros siempre serán distintos dependiendo de su lector. Mucho más en el caso de esta rebotada Nata que todos conocemos un poco. Como padres o como hijos. O ambos.

En todo caso Mariángeles, no dejes de escribir y publicar. Todo es empezar y ya lo has hecho. Las primeras veces son mágicas. Pero las segundas y siguientes maternidades literarias pueden ser (son) igual de emocionantes aunque tengan otros matices. Te deseo muchas Natas…





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