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Defender la imagen de España


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09/04/2018

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Últimamente está muy de moda entre cierto sector de la prensa, y algún que otro “intelectual” patrio, repetir machaconamente el mantra de que España no sabe vender ni cuidar su imagen en el extranjero. Como contraposición nos ponen el ejemplo de los hábiles golpistas catalanes que, según ellos, han sabido vender su burra hasta en la Cochinchina, y por eso tienen a todos los países rendidos a sus pies. Como en tantas ocasiones estamos ante el ejemplo de la luna y el dedo, es decir, una vulgar patraña no sé si fruto de la ignorancia, de la mala intención, o de ambas cosas a la vez.  


No es la primera vez que oigo al exdiplomático Inocencio Arias hablar de lo bien que la Generalitat atiende a los medio extranjeros, y el desprecio con el que se los trata en Moncloa. Según él, cualquier corresponsal extranjero tiene el teléfono personal del “moltonorapla” antes incluso de poner un pie en Barcelona. Y, claro está, esa es la causa de que The Times saque editoriales poniendo a parir a España, mientras que al secesionismo catalán lo tratan con guante de seda. ¡Como si The Times necesitara que le animaran para meterse con España! 

Aun así podríamos comprar el argumento del señor Arias, si no fuera por el hecho de que todos los esfuerzos que, según él, ha hecho la Generalitat con los corresponsales extranjeros durante los últimos treinta años, no han servido para que los ciudadanos de cualquier país europeo, o de los USA, supieran ni media del problema catalán. Si cualquiera de ustedes hubiera preguntado a un ciudadano inglés por el problema catalán antes de 2017, les garantizo que en un 95% de los casos le habrían confesado no tener ni idea. Fue necesaria la pelotera del 1-O y la rocambolesca huida del impresentable Puigdemont, para que el puñetero prusés se abriera un hueco entre la opinión pública europea. Y aun así no metería yo la mano en el fuego porque en los países de nuestro entorno haya más de un 10% de personas que sepan o crean saber de qué va la vaina. 

Que nadie se engañe. Si en Bélgica hay quien apoya al infame Puigdemont, no es por admiración a Cataluña, es por desprecio a España; y les da igual un golpista catalán que un terrorista vasco, si es contra España a ellos les vale. Y algo parecido podemos decir del Times o de los alemanes. Como describe a la perfección Elvira Roca Varea en su libro “Imperiofobia y leyenda negra”, la hispanofobia que destilan ingleses, belgas, holandeses o alemanes, no es moda reciente, ni fruto de las arteras maniobras de los Pujol, Mas, Puigdemont y compañía. Los nacionalismos alemán, holandés o inglés, se construyeron en gran medida contra España. Los niños ingleses, belgas, holandeses o alemanes, aprenden a despreciar a España desde la escuela. Luego, al llegar a adultos, reciben las necesarias dosis de refuerzo mediante películas, series de televisión o documentales de la BBC, donde se sigue pintando a España con la más negra de las tintas. Para ellos seguimos siendo, no ya los vecinos atrasados del sur, sino un pueblo violento, alejado de cualquier moral, e incapaz de incorporar a su vida los principios de la democracia occidental. Sé que puede sonar exagerado, pero basta escarbar un poco, incluso entre los más hispanófilos de estos países, para que salga esa pulsión profunda contra nosotros. Todavía recuerdo la Eurocopa de Inglaterra, cuando un simple enfrentamiento entre las selecciones de futbol de Inglaterra y España bastó para llenar los periódicos ingleses de titulares recordando Trafalgar, la leyenda negra, e incluso el bigote de las españolas. Y todavía hoy en los Países Bajos se sigue asustando a los niños con el Duque de Alba, y amenazándoles con llevarlos a España si se portan mal. 

Otro de los que reclama trabajar mejor la imagen exterior de España es el escritor Arturo Perez Reverte, casualmente un autor que ha contribuido de forma notable a propagar la leyenda negra española en sus escritos. Baste como ejemplo la película “Oro”, basada en un relato de Perez Reverte, y que se dedica a repetir una y otra vez los manidos clichés de la leyenda negra: españoles codiciosos, despiadados y fanáticos religiosos. Debe ser esta la forma que entiende don Arturo de contribuir a mejorar la imagen de España. 

Pero sin duda el colmo ha sido escuchar hace poco en una tertulia al director del periódico El Mundo decir que el gobierno no trata bien a los medios y que por eso España no goza de la imagen más deseable en el exterior. ¿Qué se supone que debe hacer el gobierno?, ¿sobornar a los principales periódicos para que publiquen todos a la vez el mismo editorial? ¿acaso quiere el señor Rosell reproducir el sistema de medios paniaguados que la mafia catalanazi tanto ha prodigado en las últimas décadas? eso ya está inventado, y no precisamente por los puyoles y puchdemones. La antigua URSS o la Cuba actual podrían dar lecciones de cómo lograr medios de comunicación dispuestos a propagar imagen de Estado. 

Abundando en esta línea, un editorial de El Mundo tras la decisión del juez alemán de dejar a Puigdemont en libertad bajo fianza, acusaba a España de haber hecho “poca pedagogía” en el extranjero sobre el problema catalán. Esto es una sandez como decir que los alemanes necesitan que se les explique lo que es un golpe de estado, en el caso de lo ocurrido en Cataluña, o que a los belgas sea necesario explicarles en qué consiste un asesinato, en el caso de lo ocurrido con los terroristas etarras en ese país. No es una cuestión de pedagogía, señores. En Alemania saben perfectamente lo que es un golpe de Estado, y en Bélgica lo que es un golpe de Estado y lo que es un crimen terrorista; sencillamente no les da la gana colaborar con España. Y no les da la gana porque les gusta mirarnos por encima del hombro, porque siguen sin considerarnos un Estado homologable a los suyos, porque desde pequeños les han inculcado que los buenos y los justos son ellos, y los españoles son malvados e impíos, porque ellos son los honestos y trabajadores, y nosotros unos gandules y unos corruptos. Y si a ello le añadimos que algunos Estados de los que consideramos “aliados” pueden estar interesados estratégicamente en debilitar nuestra imagen y nuestra estabilidad (véase por ejemplo el caso de Inglaterra con el asunto de Gibraltar en el horizonte), la utilidad de las pedagogías sugeridas por el señor Rosell se antoja cuando menos cuestionable. 

Un Estado no se hace respetar a través de propagandas y “pedagogías”, sino por medio de una actuación firme. Por ejemplo, si Alemania hubiera esperado una respuesta contundente, de hechos, por parte de España, les garantizo que a la ministra de justicia alemana ni se le hubiera pasado por la cabeza insultar a nuestro país y poner en solfa nuestro estado de derecho. 

Pero ya que veo tan motivados a estos señores, y por no desaprovechar este repentino caudal de “patriotismo pedagógico”, yo les animaría a trabajar dentro de nuestras fronteras. Porque el himno de España no lo pitan en el extranjero, lo pitan en nuestros campos de fútbol; porque donde se queman banderas españolas no es en Alemania o en Bélgica, sino en Cataluña o en el País Vasco. Porque donde se cuestiona a diario nuestro estado de derecho es en la Sexta, en Cuatro, en el programa de Julia Otero, en TV3, en la bancada podemita del Congreso de los Diputados, o en los autodenominados ayuntamientos del cambio.  

Si el señor Rosell quiere defender nuestro estado de derecho podría empezar por respetar el secreto de los sumarios judiciales, en lugar de servir a diario de vehículo para filtraciones interesadas. Si el señor Reverte quiere mejorar la imagen de España podría empezar por respetar nuestra historia en sus novelas. Si el señor Arias quiere mejorar nuestra imagen exterior que se aplique aquel célebre discurso de John Fitzgerald Kennedy en su toma de posesión: no te preguntes que puede hacer tu país por ti, sino qué puedes hacer tú por tu país. 

Y eso nos aplica a todos.





Etiquetas:   Medios de Comunicación   ·   Cataluña

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