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Ciertamente, en su libro La Ciudad Ideal este
sabio musulmán ya reflexiona acerca del modelo de sociedad que, a su juicio,
debe fundamentarse en la ciencia política y en la inteligencia práctica. Parte
de un reconocimiento de que es legítima la pretensión de realizar plenamente la
perfección humana en la realidad social. Los principios racionales son para
Alfarabi los que deben regir las decisiones de los gobernantes, precisamente,
para que sea posible la felicidad común de los ciudadanos. Reitera la necesidad
de una rigurosa solidaridad social, porque todos los individuos logran su
concreta realización personal, si toda
la sociedad goza. Escribe Alfarabi: «La sociedad en que todos se ayudan para
obtener la felicidad es la Sociedad Modelo». Critica este filósofo varios tipos
de sociedades reales imperfectas que él clasificó acertadamente de acuerdo con
las categorías filosóficas del siglo X. El primer tipo se puede denominar
sociedad tecnocrática usando el lenguaje actual, o régimen social de la pura
necesidad. En esta clase de sociedad parece que lo esencial es la adquisición
de la mayor cantidad de bienes materiales, pero sin una redistribución
igualitaria. Si bien este estado social puede degenerar, y convertirse según
Alfarabi en la sociedad de la riqueza o de la opulencia en la que los medios
utilizados para atesorar bienes dejan de importar. Aunque la degradación social
y política puede alcanzar mayores niveles, en un desarrollo negativo del orden
comunitario. De este modo, se llega a la sociedad innnoble o depravada que es
equivalente al consumismo y hedonismo
actual. Las preferencias de Alfarabi son, claramente, las de la existencia de
una sociedad del honor, porque para él
es indudable, lógicamente, que el poder tiránico es el mayor de los males para
la sociedad. También plantea el riesgo del surgimiento de una sociedad
demagógica que se fundamenta en el gobierno de la masa, pero perjudicando los
intereses de los ciudadanos, porque se basa en la satisfacción de los caprichos
de cada uno, sin contemplar y respetar los derechos de todos.
El interés de este pensador es, precisamente, establecer lo deseable de
un modelo de estado social ideal aunque pueda ser calificado de utópico. Alfarabi
escribe que: «El Estado Modelo se opone desde luego al Estado ignorante, al
Estado corrompido o inmoral, al Estado versátil o alterado, al Estado
extraviado». En todo caso, el procedimiento mejor para reconducir la situación social y ciudadana
es la perseverancia en las buenas conductas, algo que se deriva directamente de
lo escrito por Alfarabi, y que es
extrapolable a la sociedad actual. Aunque no conviene olvidar que la influencia
del neoplatonismo y el misticismo
oriental están presentes en este sabio, puesto que afirma, entre otras cosas,
que el hombre se esfuerza por asemejarse a Dios. Considero que el bienestar
general es algo lograble, pero depende de la eliminación de las prácticas
políticas corruptas, y de la elaboración de sistemas normativos que impidan de
un modo efectivo que la corrupción económica y política siga existiendo.
También se echan de menos, en mi opinión, discusiones pormenorizadas de
expertos en cuestiones económicas de distintas tendencias, ya que la diversidad
y el pluralismo de ideas puede clarificar muchos aspectos que son matizables y
debatibles. Además, los dirigentes
políticos deben huir de la ignorancia y no deben conformarse con una política
de mínimos sino con una de máximos. Porque arriesgar con medidas económicas más
innovadoras y radicales dentro de unos límites, no es algo contradictorio ni
opuesto al sentido común.